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El origen presolar de los Uru Chipaya

Mijail Miranda ZapataEscrito porMijail Miranda Zapata
21/10/2023
guardado en Culturas
Tiempo de lectura: 8 mins.
Un hombre uru chipaya navegando en una balsa de totora en una fotografía antigua.

Un navegante uru chipaya sobre una balsa de totora. Foto: Alfred Metráux

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El mito de origen de los Uru Chipaya es una historia con rasgos comunes entre otras ramificaciones culturales de la nación Uru. Sin embargo, tiene aspectos distintivos, relacionados, en parte, a las condiciones geográficas en las que los Uru Chipaya se establecieron.

Todas estas narraciones tienen en común al agua como su elemento principal. Al igual que otros grupos Uru, los chipaya se denominan y reivindican como personas del agua (khaas shoni).

Aunque las hipótesis varían entre investigadoras e investigadores, la historia de los urus tiene miles de años. Los cálculos más amplios hablan de al menos cinco mil años antes de nuestra era.

Su llegada al territorio circundante al Lago Titicaca y otras formaciones lacustres se habría provocado durante largos periodos en los que estas formaciones de agua se fueron secando.

Los primeros registros “oficiales” y escritos sobre la presencia de los uru chipayas en la cuenca del Desaguadero datan del siglo XVI, en documentos encargados por Francisco de Toledo.

Estos elementos son fundamentales para entender las narrativas alrededor de los orígenes de los urus y los chipaya en específico.

La mitología de la nación Uru  

Los urus consideran a sus antepasados como unas criaturas mitad humanas, mitad peces, “como las sirenas”. Estos seres vivían en el Lago Titicaca y sus alrededores. Luego se hicieron terrestres, con dos pies, aunque sin perder contacto con las criaturas acuáticas primigenias.

De allí provienen los urus, según sus propios relatos.

A partir de ese génesis, los urus experimentaron varios procesos migratorios. Muchos de ellos, probablemente, motivados por grandes sucesos meteorológicos. Pero también por otro tipo de factores.

Tras la caída de Tiahuanaco, estas hijas e hijos del agua fueron constantemente asediados por distintos señoríos aymaras. Con el tiempo fueron desplazados hacia los totorales de los lagos Titicaca y Poopó, e incluso hacia zonas más inhóspitas.

A partir de esta migración, la nación Uru se divide entre ramificaciones, cada una en distintas regiones geográficas y con elementos culturales propios: muratos, iruitos y chipayas.

Los chipayas se establecieron en la región que ahora le corresponde a la provincia Sabaya, en el departamento de Oruro. Se ubican al norte del salar de Coipasa, en uno de los territorios más agrestes de Bolivia.

La temperatura media no supera los nueve grados y en invierno suele descender varios grados centígrados bajo cero. Durante el día el sol suele ser intempestivo. Asimismo, el suelo es árido y salitroso, por consecuencia infértil.

Sin embargo, los Uru Chipaya desarrollaron técnicas de manejo del agua y agrícolas bastante complejas. No solo aprovecharon cauces artificiales del río Lauca, sino que aprendieron a desalinizar el agua. Además, tienen habilidades muy avanzadas en la pesca, la navegación y el uso de la totora con distintos fines.

Estos conocimientos y su arraigada resistencia cultural les permitieron permanecer en su territorio durante milenios.

Foto antigua de un uru chipaya navegando y pescando.
Un uru chipaya en sus tareas de navegación y pesca. Foto: Alfred Metráux

Los chullpas y el “gran diluvio”

Los chipayas, en su cosmogonía, se consideran herederos de los primeros habitantes de la tierra.

Los chullpas, gintilis o gentiles son figuras también presentes en otras tradiciones de los Andes. Se los podría definir como una especie de protohumanidad, que habitó la tierra antes del sol y del “gran diluvio”.

En aquellos tiempos, además, los humanos eran capaces de relacionarse con los animales, al igual que las montañas que, además, podían moverse.

Los chullpas, durante este periodo presolar y prediluviano, vivían en la completa oscuridad, solo bajo la luz tenue de las estrellas y una luna omnipresente (sin sus distintas fases).

Durante el “gran diluvio”, los chullpas se refugiaron en el cerro Winchani de Coipasa. Hacia el lado noreste de esta montaña se encontraron restos de arquitectura milenaria con “restos fósiles humanos, utensilios y textiles, son muestras arqueológicas que se encuentran desplegadas por todo el espacio de la región Uru Chipaya”.

Fotografía antigua y en blanco y negro de un pueblo uru chipaya inundado. En primer plano, extensos charcos de agua. Hacia el fondo, pequeñas casas con la tradicional disposición cónica de los chipaya.
Inundación en el pueblo de Santa Ana de Chipaya. Foto: Alfred Metráux

El mito del origen de los uru chipaya

Los chullpas tenían el conocimiento —ya sea por memoria oral o por la sabiduría de “sus adivinos”— de que la luz solar, cuando aparecía, lo hacía desde el oeste. Por lo que, a manera de prevención, edificaban sus casas con una sola puerta apuntando hacia el este.

Algunos autores apuntan que el gentilicio uru proviene del toponímico uru-uro, “lugar donde brota la luz”.

Fue, precisamente, un brote de luz el que acabó con las chullpas. Al salir el sol por el este, en contra de sus previsiones, los calcinó y desapareció.

Excepto a una pareja que logró escapar hacia una laguna donde se sumergió para sobrevivir. Ya en el tiempo del sol, esta pareja vivía subacuáticamente y solo emergía a la superficie cuando éste se ocultaba.

Aquí la narración más conocida y difundida sufre una digresión colonial.

Cuando la pareja de supervivientes es descubierta, alguien llama al cura de una población cercana para contarle sobre estas extrañas criaturas. El sacerdote, entonces, bendijo a las chullpas rompiendo el “sortilegio”. Entonces los chullpas consiguieron desarrollar una vida diurna y así se convirtieron en los chipayas.

El francés Alfred Metráux fue uno de los primeros en recopilar esta historia y transmitirla por escrito, en la década de los 30 del siglo pasado. Sin embargo, lo hizo con muchos recelos respecto a su posible originalidad. Según él, este relato estaba permeado por el imaginario aymara.

Con cierta animadversión y racismo en contra de los uru chipaya, Metráux los consideraba inferiores e incapaces de desarrollar una mitología compleja.

Otras miradas sobre el mito

Más allá de los sesgos de Metráux, es interesante que aún hoy muchas construcciones de los chipayas tengan puertas orientadas hacia el este.

Asimismo, los restos arqueológicos en zonas colindantes y la producción cultural de los uru chipaya ofrece elementos llamativos sobre su propia historia.

Construcciones uru chipaya con todas las puertas apuntando hacia el este. Tienen forma cónica.
Construcciones uru chipaya con sus puertas orientadas hacia el este. Foto: Los Tiempos, 1934

Por ejemplo, la antropóloga y etnóloga Verónica Cereceda se plantea una pregunta al respecto:

“¿Se expresa en las prendas chipayas esta posición simbólica de estar entre una humanidad y otra a través de un largo proceso de tránsito, con algún tipo de mediación, para hacernos la pregunta en términos textiles?”

La interrogante surge a partir de una revisión de Cereceda a diversos elementos que distinguen la producción textil de los chipayas de las de otros pueblos andinos.

Pese a las transformaciones en el relato mítico fundacional de los chipaya, aún existe una sólida concordancia con los elementos culturales que producen y que los rodean.

Actualmente los Uru Chipaya, al igual que Muratos e Iruitos, enfrentan las graves consecuencias de la crisis climática. Gran parte de su población joven se ve obligada a migrar a Chile. Allí suelen desarrollar trabajos mal pagados y en condiciones de semiesclavitud.

“Allá los chipaya somos cotizados porque trabajamos como animales y no nos quejamos”

Sebastián Mamani

Según uno de los reportes más recientes, actualmente la población de chipayas en Bolivia no supera las 1,500 personas.

Fuentes

  • Muñoz, Evangelio; Lázaro, Germán. (2014). El pueblo uru chipaya. Un pueblo milenario en la historia y el presente. Funproeib Andes – CENU.
  • Cereceda, Verónica. (2014). «¿Una estética de la pobreza? Los textiles chipayas del sur Carangas». Au miroir de l’anthropologie historique: Mélanges offerts à Nathan Wachtel. Presses universitaires de Rennes.
  • Métraux, Alfred. (1935). La religión secreta y la mitología de los indios uro-chipaya de Carangas (Bolivia). Revista del Instituto de Etnología de la Universidad Nacional de Tucumán.
  • Métraux, Alfred. (1935). Civilización material de los indios uro-chipaya de Carangas (Bolivia). Revista del Instituto de Etnología de la Universidad Nacional de Tucumán.
  • Métraux, Alfred. (1931). Un mundo perdido. Sur: Revista Trimestral.
  • La Barre, Weston. (1946). «The uru-chipaya». Handbook of South American Indians, edited by Julian H. Steward. 
  • Sin autor. (1934). «Los Chipayas en la leyenda y mitos de un pasado milenario». Los Tiempos.
  • Salazar, Ladislao; Lázaro, German. (2021). «El agua, los mitos de origen y el rito». Expresiones. Lenguajes y Poéticas. MUSEF.
  • Balderrama, Álvaro. (2017). El pueblo uru chipaya del departamento de Oruro, Bolivia: compleja concepción del territorio en los Andes Centrales. Anales electrónicos del encuentro internacional de grupo de estudios multidisciplinarios en arquitecturas y urbanismos del sur.
  • Vaquerizo, Enrique. (2019). «La supervivencia de los últimos ‘hombres del agua'». El País.
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Mijail Miranda Zapata

Mijail Miranda Zapata

Periodista autodidacta. Fue parte de la cohorte 2022 de la Clínica de Consultores de Sembramedia. En 2023, fue seleccionado por el Product Inmersion Americas Program de la Craig Newmark Graduate School of Journalism at CUNY. Participó de otras becas de la DW Akademie, Puentes de Comunicación, Festival Gabo y Cosecha Roja.

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