Museos activistas: encontrarnos, confrontarnos y crear nuevos imaginarios

Exposición en el museo Altillo Beni en Santa Cruz de la Sierra con una buena cantidad de público.

La exposición Revolución Orgullo en el museo Altillo Beni. Foto: Marco Hurtado/Pesada Subversiva

El museo no es neutro, no es objetivo, no es una réplica cristalizada de la realidad. El museo responde a decisiones políticas y éticas, da visibilidad y legitimidad a sujetos e ideas. Así participa en la construcción de representaciones.  

Acompañando las voces de denuncia a los ataques de odio y violencia a la exposición Revolución Orgullo del Museo del Altillo Beni y sus organizadorxs, lo sucedido nos invita a reflexionar sobre el rol activista de los museos.

Esta propuesta expositiva es un logro inmenso para la comunidad LGBTIQ+ de Santa Cruz que la organizó y promovió. Al igual que para el museo que demostró valor en exponerla en sus salas.

La exposición da visibilidad y reconocimiento a una comunidad en situación de vulnerabilidad por causa de la marginalización. Le permite mostrarse desde sus propias miradas, voces e inquietudes.

La reacción de odio no puede sorprendernos. Las manifestaciones violentas hacia las comunidades LGBTIQ+ lamentablemente abundan en todas partes del mundo.

¿Cuál es la responsabilidad de los museos?

Es destacable que la institución, a través de la Secretaría de Culturas, haya defendido y apoye la propuesta expositiva y a sus creadores. Pero me pregunto cómo el museo tomó precauciones especiales para resguardar la seguridad física y emocional de su personal. O la de lxs activistas y artistas que organizaron la exposición.

Porque ese también es el rol de un museo, salvaguardar no solo los objetos/obras, sino, sobre todo, a sus comunidades de usuarios, creadores y trabajadores.

Inspirándose en la inmensa valentía con la que lxs artistas y activistas LGBTIQ+ transitan (y transforman) el mundo creando y defendiendo la vida con dignidad, los museos deben asumir su parte de responsabilidad en la construcción y validación de imaginarios sociales.

Detalle de la obra destruida en el ataque conservador al museo Altillo Beni. Foto: Cyberelfa

Como espacios públicos, los museos tienen un potencial enorme, tanto más que trabajan cotidianamente con herramientas creativas y de comunicación, para propiciar interacciones basadas en principios de empatía, diversidad y co-construcción del conocimiento. Su resultado no es necesariamente llegar a un consenso, sino a poder encontrarse desde las diferencias y el conflicto para al menos nombrar lo complejo y participar en la transformación de las mentalidades.

No comparto la idea del dialogo a toda costa, no con quienes niegan la vida y los derechos a las personas. No hay tolerancia con la intolerancia. Pero las mentalidades no se transforman con un eslogan o un gesto, sino a través de procesos largos, sutiles y misteriosos.

He visto en personas cercanas el cambio de sus posiciones en torno al aborto, el feminismo y las diversidades sexuales. Personalmente me sigo confrontando a mis lagunas en conocimiento y empatía, a las creencias sociales que se cristaliza en miedo. Miedo a lo desconocido o miedo a ser insensible.

Reitero que no es una invitación a los diseminadores de odio, ¡porque abajo con el patriarcado!, con los antiderechos y con los sistemas de creencia que nos ahogan en estados de sufrimiento.

Acercarnos a quienes piensan distinto

Sin embargo, los discursos de odio son peligrosos porque pueden atraer a quienes, desde la sensación de incomodidad, busquen soluciones simples (el bien o el mal), evitando explorar desde la curiosidad las distintas maneras de vivir en el mundo.

El museo debe intentar entender y acercarse también a quienes piensan distinto. A quienes se mueven desde el miedo. Proponerles aquello que les pueda acercar al otrx, contribuir a la reflexión crítica y a la transformación colectiva de mentalidades.

De otra manera, se convertirá en otro más de los lugares donde solo se encuentran quienes piensan igual o quienes ya son sensibles a una causa. Contribuyendo así a la idea de que ciertos espacios son para ciertas personas (“élites cultas”).

La sociedad es una confrontación constante de alteridades y la cultura un movimiento imparable.

¿Podremos parar de cavar la zanja que se expande para aislarnos del otrx?

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