Imagen de disturbios en Ecuador durante el Estado de excepción. Foto: www.90minutos.co
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Nos enorgullece mucho poder compartir este texto. La lúcidez de una de nuestras colaboradoras favoritas perfilando con precisión la configuración política que conecta latitudes tan distantes como Santiago de Chile y Hong Kong: el sinsentido de las fronteras y su potencial emancipador contra la rearticulación de la extrema derecha entorno a la violencia nacionalista.

Valeria Canelas

La geografía de la protesta tiene como contracara la geografía de la represión. Se puede observar, en ambas facetas, gramáticas compartidas a lo largo del planeta, tanto en las formas en las que la gente sale a la calle en Quito, en Santiago, en Hong Kong, en Barcelona y en muchos otros sitios, como en los mecanismos militarizados de la violencia estatal. Estado de excepción, estado de emergencia, toques de queda.

Parece claro que nos encontramos ante una etapa en la que el monopolio de la violencia estatal está mostrando su cara más violenta y masiva. Ahora, como nunca antes, retransmitida en vivo y en directo, lo que, sin duda, genera procesos de identificación entre las distintas luchas que ponen quizás en crisis, una vez más, la forma Estado.

Y en esa crisis la politización de la población está conduciendo a un momento de desidentificación creciente con las formaciones políticas y a una desafección hacia las democracias y sus límites: ese no sentirse representando por los políticos es quizás un sentimiento cada vez más masivo e internacional. Es difícil intuir en qué desembocarán todos estos procesos.

Me gustaría pensar que la internacionalización permanente de la protesta va a fortalecer las solidaridades y, por lo mismo, a generar hasta tal punto una identificación constante de las luchas entre territorios que las fronteras, entendidas como estructura fundamental de la forma Estado actualmente en crisis, serán fuerte y masivamente cuestionadas mediante las protestas globales.

No hay que olvidar que una de las luchas compartidas y que más articulación internacional está generando es, precisamente, aquella en la que no tienen ningún sentido hablar de fronteras: la lucha ecologista contra el cambio climático que está matando al planeta en su conjunto.

Paralelamente, el concepto de soberanía va apareciendo con mayor frecuencia en los discursos de la derecha: Trump, Bolsonaro, VOX.

Mientras, la represión estatal se recrudece en todos los escenarios y nos entrega diariamente imágenes de coreografías de la violencia que se repiten: manifestantes con los brazos levantados siendo arrastrados por antidisturbios, periodistas con cascos, la indumentaria militarizada de los policías (escudos, cascos, porras, armas), tanques y furgones ocupando calles vacías e incendiadas, etc.

Es fácil pensar en las empresas de indumentaria policial y de armas ultimando sus catálogos en un escenario en el que su sector de negocio está en alza. Su mejor cliente: el Estado.

En resumen: solidaridad internacional que cuestione las fronteras estatales versus soberanías militarizadas y represivas, auspiciadas por las empresas armamentísticas y de seguridad.

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