La directora de cine Lucrecia Martel | Foto: © Doha Film Institute.
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La directora y guionista de cine Lucrecia Martel denunció que el acceso al cine, en todos los países, está en manos de la clase media alta.

Javier Monteagudo Romero

La argentina, que destacó «el afecto y la acogida» de su filmografía en Bruselas, puso el acento sobre las dificultades de la sociedad para acceder a la industria del cine, en referencia a las similitudes entre el cine argentino y el europeo, y afirmó que «no es una disciplina que se haya abierto más a otros sectores sociales aun siendo la tecnología más barata y más accesible que antes».

La directora, conocida por el tratamiento de aspectos sociales en sus filmes, denunció «la naturalización del abuso de poder» y subrayó que «el gran problema de la humanidad es porque hay algunos que sienten que pueden actuar sobre otros».

Las referencias de Lucrecia Martel pasan desde el cine de Carlos Saura hasta los spaghetti western, y reconoce que aunque se queja «mucho» de los sistemas narrativos hegemónicos, «también es interesante que algunas cosas de la cultura que a veces uno descalifica sean los puentes que te hacen entrar en otros mundos».

Martel, cuyos personajes principales son femeninos en la mayoría de sus largometrajes, resaltó el nuevo rol de las mujeres dentro de la industria del cine, y afirmó que «hay toda una generación de mujeres que ya nació en otro mundo y no está dispuesta a aguantar nada».

«Aunque queda mucho por hacer, creo que los cambios ahora van más rápidos que los que me tocaron vivir a mí», admitió.

Igualmente, la directora argentina señaló el papel de los directores de cine como actores de cambio de dentro de la sociedad, y destacó que los cineastas no pueden «seguir celebrando unos valores que hacen feliz a tan poca gente».

«Creo que las personas que accedemos a un discurso público tenemos muchos privilegios y una responsabilidad inmensa», comentó.

«Acceder a un discurso público es una oportunidad que te da el cine, y aunque no creo que yo vaya a hacer la revolución con nada, me gusta al menos sembrar una duda en el espectador, ser crítica y observar las cosas con un poco más de agudeza, de ironía», remarcó Martel.

La directora argentina subrayó el entorno familiar a la hora de componer el perfil de sus personajes, y afirmó que las conversaciones le resultan «muy motivadoras y estimulantes».

«Siempre pienso que mis ideas parten de conversaciones de gente», declaró.

Aunque confesó que «puede haber algo atractivo» que la empuje a llevar sus historias fuera de Argentina, Martel reconoció sentirse «mucho más útil en Argentina» e «incluso» dentro de su región, Salta, en el norte del país latinoamericano.

De hecho, dijo que «hay una aspiración a triunfar en el mundo y en Hollywood» que en su opinión es «una fantasía de novato».

«A mí no me interesa hacer una carrera en el cine ni me interesa tener mucho más dinero, tengo una vida que me encanta y lo que me interesa es sentir que lo que hago aporta algo dentro de un marco cultural», subrayó la argentina.

Este argumento explica, en parte, los nueve años que separan Zama, su último largometraje, estrenado en 2017, del anterior, La mujer sin cabeza, que se lanzó en 2008.

EFE

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