Imagen de la marcha por el 8M de 2019 en Santa Cruz de la Sierra. | Foto: Laudy/War-MiPhoto
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Sectores conservadores se escudan bajo el eslogan de defensa de la democracia, pero asisten a marchas en contra de los derechos de las mujeres y las diversidades sexuales. Lucía Carvalho desenmascara su doble moral y reivindica el momento histórico de los feminismos bolivianos.

Lucía Cavalho

No puedo evitar darle vueltas a un comentario que veo repetirse muchas veces en discusiones de redes sociales. Y es que algunos activistas de las plataformas por el 21F afirman que las feministas distraemos de lo que según ellos es lo verdadera y únicamente importante: la democracia.

Uno de los primeros comentarios que leí sobre el feminismo como una distracción, mencionaba al multimillonario húngaro George Soros. En ese momento no sabía quién era, pero luego de googlear hasta el fondo, como la millennial que soy, encontré muchísimas teorías conspiranóicas acerca de este señor. Se dice que él financia campañas de empoderamiento femenino y tiene planes de financiar líderes feministas en América Latina.

Esto podría tratarse de posverdad o fakenews, y este texto no tratará eso, pero, suponer que la lucha feminista actual es un complejo plan de conquista mundial, por parte de un millonario que parece un villano de James Bond, es ignorar la historia.

La «piedra en el zapato de la Justicia

Entonces, ¿el feminismo nos distrae de los problemas “reales”? La primera respuesta a esa pregunta, la encuentro en la justicia boliviana, uno de los poderes más corruptos de nuestro país. Los colectivos feministas son quienes más interpelan a esta institución, día a día y no solo en redes sociales. Las compañeras feministas que ponen el cuerpo en la lucha, como Mujeres Creando, Casa de la Mujer, Colectivo Rebeldía, Una Somos Todas, colectivos de la ciudad de Salta Cruz, entre otras, van al Palacio de Justicia, a la Fiscalía y otros lugares públicos a protestar y exigir justicia para las víctimas de violencia sexual, feminicidios y otros crímenes de odio contra mujeres de todos los orígenes y orientaciones.

María Galindo, de Mujeres Creando, es una de las voces más duras que enfrenta constantemente a la justicia de nuestro país y es uno de los referentes más consolidados del feminismo en la región. Los colectivos feministas instalan, infatigablemente, el debate sobre las penas establecidas para quienes cometen crímenes contra las mujeres y, a su vez, cuestionan el sistema penal en general: no es lo mismo ser un hombre privado de libertad que una mujer.

Los infames escraches o denuncias anónimas son resultado de un sistema judicial decadente, corrupto y poco creíble. Las víctimas de violencia sexual son doblemente victimizadas cuando deciden denunciar públicamente al agresor. Muchas de ellas pierden su trabajo, amistades e incluso a su familia, por la presión social que significa el hecho mismo de romper el silencio. Además de agotar física y psicológicamente, las denuncias agotan los recursos económicos de las denunciantes. La mayoría de ellas, abandonan sus procesos legales porque no pueden seguir pagando abogados. En ese sentido, las denuncias anónimas son una forma de protesta que interpela al Estado, la sociedad y, por supuesto, al sistema judicial. Claro que es una forma incómoda de protestar y ha tenido repercusiones negativas, pero en momentos de desesperación se necesita un detonador que nos sacuda el piso, para que notemos qué es lo que no está funcionando bien.

Las falencias del sistema judicial tienen impacto en todas y todos los ciudadanos, pero es importante reconocer que algunos sectores tienen mayor desventaja y el feminismo incomoda, justamente, porque es un recuerdo permanente de estas desigualdades.

Aborto legal, nuestros cuerpos y la democracia

Mientras me deslizo por los tuits o publicaciones de Facebook, me encuentro con discusiones larguísimas sobre la despenalización y legalización del aborto. Hay quienes creen que usar los pañuelos verdes es una moda, están los que opinan que estamos copiando a las argentinas y algunos comentan que Bolivia está muy lejos de empezar a debatir la legalización del aborto.

Un buen número de estos comentarios vienen de tuiteros que en sus perfiles tienen el hashtag #21F, este detalle me llama muchísimo la atención, porque quienes exigen «democracia», al parecer, ignoran que el aborto legal y seguro es una deuda de esa democracia. La idea radical de que una mujer decida sobre su cuerpo, su sexualidad y reproducción, es una pieza primordial para vivir en democracia.

Cuando hablamos de aborto legal y seguro, enfrentamos a los sistemas educativos y de salud, al poder del Estado sobre nuestros cuerpos. La consigna es: “educación sexual integral para prevenir, anticonceptivos para no abortar y aborto legal y seguro para no morir”. El hecho de que los políticos y la prensa confundan aborto con parto inducido o cesárea, el hecho de que funcionarios públicos digan que las mujeres que abortan deberían suicidarse o que candidatos a la presidencia digan que una menor debe continuar con un embarazo producto de una violación porque es “apta para concebir”, demuestran el pésimo (o casi nulo) nivel de educación sexual y la hipocresía moral de nuestra sociedad.

Doble moral y «democracia»

Por un lado tenemos a un político que propone armar a las mujeres para que nos defendamos en casos de violencia, pero, el mismo político, dice «defender la vida». Esos mismos políticos que dicen defender la vida, se quedan callados ante las denuncias de pederastia en la iglesia católica. Gran parte de las plataformas que «defienden la democracia», también marchan en contra de los derechos de las personas con distintas orientaciones sexuales y de género. La democracia debe garantizar una vida digna para todas las personas, sin importar su identidad de género y/u orientación sexual.

En Bolivia, la ligadura de trompas es legal y se supone que las mujeres tenemos derecho a decidir cuándo hacer el procedimiento, empero algunos médicos todavía piden consentimiento del marido o pareja, incluso tratan de convencer a las mujeres para no hacerlo, como si nosotras no tuviéramos la capacidad de tomar semejante decisión sobre nuestros cuerpos. Eso, es una violación sobre nuestros derechos reproductivos, todas y todos debemos ser capaces de decidir cuándo ser padres y madres.

La lucha por el aborto legal y seguro pone en evidencia las diferencias de clase, las mujeres con mayor poder adquisitivo pueden acceder a abortos seguros, aunque clandestinos, además de contar con mayor acceso a métodos de anticoncepción y educación sexual.

El feminismo es transversal a cualquier lucha social, política y/o económica porque es un movimiento que cuestiona absolutamente todo, desde lo más íntimo y privado, hasta las cuestiones sociales más complejas. No pretendo que todos los activismos sean feministas, pero sí hacer un llamado al reconocimiento de la lucha feminista como un pilar fundamental de la democracia en distintos niveles.

Un acto de memoria

Recordemos que gran parte de los derechos que gozamos ahora: voto y educación universal, el divorcio, la planificación familiar, la integridad genital, la penalización de las violaciones sexuales, el cambio de percepción sobre las enfermedades mentales o los roles de género, ambos igual de dañinos para hombres y mujeres, han sido pensados y propuestos por feministas de distintos lugares del mundo.

Durante años, las luchas feministas en Bolivia han sido minimizadas y ridiculizadas, reduciéndonos a caricaturas, memes y tachándonos de feminazis ante cualquier reclamo y protesta, haciéndonos creer que la mejor manera de ser feministas es quedarnos en nuestro espacio, en silencio y sin incomodar. Ahora, gracias a internet, tenemos mucho más acceso a información y redes de apoyo, estamos más conectadas que nunca, por eso es que el activismo feminista está cobrando mayor fuerza, diversidad y ocupa cada día más terrenos políticos.

Quizás las plataformas interesadas en defender la democracia deban tomar nota de los movimientos feministas y aprender de sus referentes. ¡No somos distracción, estamos cuestionándolo todo!

Vía Cronistas Latinoamericanos

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