Ilustración: Marco Tóxico
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En esta revista no somos muy fanáticos de la democracia liberal, (no) representativa y en crisis. Pero, lo cierto es que subestimarla y sacarle la vista de encima puso a Donald Trump y Jair Bolsonaro en el poder, solo por poner dos ejemplos. ¿Qué riesgos enfrentamos? ¿Cuán vulnerables somos a la desinformación y cómo afecta esto a la política? Intentamos responder algunas de estas preguntas a continuación.

Mijail Miranda Zapata

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Según algunos expertos Bolivia vivió el 2014 las “primeras elecciones web de su vida democrática”. Dos años después, en el referendo constitucional de 2016, sin ser determinante del todo, el territorio digital ya se perfilaba como un campo de batalla político, descarnado, salvaje y descontrolado. La vorágine siguió creciendo y hoy, en puertas de un nuevo episodio electoral, un velo de incertidumbre se cierne sobre lo que le espera a los bolivianos el próximo 2019. ¿Pondrán estos nuevos escenarios en juego la democracia?

Fernando Mayorga, Sociólogo por la Universidad Nacional Autónoma de México, cree que el riesgo es inminente y que las peculiaridades de un espacio público cada vez más complejo, gracias a la irrupción de las redes sociales digitales, “tiene más consecuencias negativas que positivas para la democracia”.

“Ya ha habido críticas a lo que se hizo con el uso de datos en el referendo de Inglaterra, en el de Colombia y en varias elecciones. Hay que esperar más estudios que demuestren lo que ya es una sospecha evidente por los resultados”, manifiesta como ejemplo y con preocupación.

Para Mayorga, el ideal democrático del ágora griego es más difuso producto de las condiciones de anonimato, viralización y desconocimiento de audiencia que propician los entornos digitales. “Partimos siempre de una visión idílica o ideal de la democracia. Una democracia basada en la deliberación”, entendida como una recuperación de la idea del espacio público entre iguales y sin restricciones, a partir del diálogo, del intercambio comunicacional, a través de la palabra.

“Ese ideal queda bastante desportillado cuando vemos que la esfera pública, a partir de las redes sociales digitales, deja de lado la deliberación, el diálogo y lo que hace es reforzar los prejuicios, las creencias, y, por lo tanto, reduce las posibilidades de llegar a un resultado con un objetivo común”, dice Mayorga.

En los años ochenta, durante los primeros pasos de la red, se decía que “las TIC tenían la capacidad de desafiar a los monopolios de las jerarquías políticas existentes sobre los medios de comunicación, y de revitalizar la democracia basada en los ciudadanos”. Sin embargo, esta promesa parece haberse diluido llegado el siglo XXI.

Pero, ¿cómo es que un espacio del que se creía que podía ser más democrático y plural, amplificando la voz ciudadana de manera colectiva, acaba transformándose en el terreno más propicio para prácticas de lo más antidemocráticas?

Para entenderlo es necesario comprender que lo digital, por más que así parezca, no es tierra de nadie. Como internautas, estamos sujetos a ciertas normas y también gozamos de derechos digitales, una ampliación de los derechos humanos, con algunos complementos y particularidades.

Algunos de ellos son fundamentales, en los espacios virtuales, para una sana convivencia democrática. El derecho a la privacidad y la protección de datos personales, el de informar y ser informado con veracidad, el de la libertad de expresión, el de libre acceso a la información pública, entre otros. No obstante, muchos de ellos sufren un avasallamiento constante, no solo desde los aparatos de poder sociales, políticos y económicos, sino desde los mismos usuarios.

“Lo que se está mostrando en la región, y en el mundo en general, es que los periodos de elecciones están acelerando procesos de vulneración de derechos digitales y también fuera de la web”, explica Eliana Quiroz, experta en la temática y miembro de la Fundación Internet Bolivia.

Sobre las posibilidades de que esta “ciudadanía digital” sufra las consecuencias de una lucha descontrolada por la silla presidencial, Quiroz es contundente: “Por supuesto que hay un riesgo de que el proceso electoral en Bolivia lastime, ponga en riesgo y haga que los derechos digitales sean más vulnerables”.

Este reportaje fue elaborado en el marco de la beca en Formación Dual en Periodismo Crossmedia de la DW Akademie Latinoamérica y la Fundación Para el Periodismo en diciembre de 2018

Fake News, las armas Bolsonaro: ¿qué le espera a Bolivia en 2019?

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