Fotograma del videoclip "Judas" de Lady Gaga.
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«Quejarnos es hacer algo al respecto», dice la autora. Denunciar, discutir e interpelar también son una forma de resistencia feminista. En este caso, dentro el mundo de la música «alternativa».

Lucía Carvalho

En 1994 le preguntaron a Björk qué le parecía la “era de la mujer de en la música”. Ella respondió: es una gran mentira, porque “los hombres pueden ser tontos, gordos, graciosos, inteligentes, hardcore, sensuales, filosóficos, pero a las mujeres siempre se les exige ser femeninas”. “Quisiera que las mujeres puedan tener carácter, ser ellas mismas y lo último en lo que se piense sea en que son mujeres”.

Eso en los noventa. 25 años después, me encuentro como panelista en el conversatorio “La mujer en la música”, en el marco del festival de música Pulsos, donde también participan Lucía Dalence (percusionista), Lucía Camacho (guitarrista, cantautora y productora), Carla María (cantautora) y Noni (cantautora y productora). ¿Qué hago aquí, en medio de tanto talento? Pues, además de violinista en pausa, soy feminista y melómana: mi motivación para participar fue venir a sacudir el ambiente.

Durante la charla también cité aquella entrevista a Björk, porque un cuarto de siglo después seguimos en ese supuesto “renacer de las mujeres en la música”, pero los line up de festivales, las nominaciones, las listas de ganadores, los más escuchados a nivel mundial siguen estando dominados por hombres. A nivel nacional la diferencia es todavía más notoria. Esto no se trata de una pelea niño-niña, no es una eterna guerra de sexos, sino una problemática que debe ser analizada y discutida.

Recuerdo haber participado hace cuatro años en un festival de rock cruceño con la banda en la que tocaba entonces y recuerdo el bajón que sentí al notar que, entre las más de diez alineaciones que participan, solo había dos mujeres: una bajista y yo, que soy violinista. Es decir, ninguna líder de banda.

¿Por qué tan pocas líderes de banda? ¿Por qué tan escasas bandas de mujeres? ¿Por qué tan pocas mujeres sonidistas y productoras? Capaz no nos interesa, capaz así debe ser y está bien que se mantenga así, ¿no? Puede ser que las feministas estamos arruinando todo y que no dejaremos nada bonito.

Volvamos a la cita de Björk. Los conversatorios llamados “La mujer en…” tienden a ser prejuiciosos porque como artistas no queremos tener limitaciones definidas por roles de género. Podemos ser tan agresivas, rebeldes, dulces, ácidas, amargas, sensuales, sexuales y extremadamente ambiciosas como nuestros colegas varones.

Así son las mujeres que participaron de la charla. Carla María nos contó la dificultad de no cumplir las expectativas de su familia, no seguir el rol impuesto de madre y esposa, dejarlo todo para dedicarse a la música. Noni habló de los malentendidos con novias de sus colegas varones, el prejuicio de que un hombre y una mujer no pueden trabajar juntos sin que haya “atracción sexual”. Lucía Camacho habló de experiencias desagradables al ser parte de un grupo solo de mujeres en eventos donde algunos asistentes comentan sobre su cuerpo o incluso se acercan de manera inapropiada. Lucía Dalence compartió su incomodidad al tener que cambiar su estilo de vestir y presentarse.

Una de las limitaciones más marcadas, en la que todas coincidimos en el conversatorio, fue la sexualización de nuestros cuerpos. Antes que nuestro talento y estilo, están la faldita, los taquitos, el brillo, el labial, la planchita para el pelo… la comodidad en el escenario para tocar nuestros instrumentos y movernos no parecer ser considerada.

La presión por la imagen es un común denominador en la industria de la música y recae con mayor fuerza en las mujeres, porque los roles de género imponen que debemos ser “perfectas, “hermosas” y “agradables a la vista”, algunos me dirán “es marketing, la imagen es muy importante”. Ok, pero esa “imagen” no necesariamente debe seguir los cánones ya establecidos, caducos y aburridos.

Un ejemplo de esto es Sia, que ha construido una carrera pop sin mostrar su rostro. En internet se burlan de las chicas que tocan y cantan covers o temas propios con ukelele, pero es lo más práctico y simple que podemos hacer. Porque de esa manera no dependemos de nuestra imagen, ni de otros músicos, ni de presupuestos altos, esa es una de las formas de ser dueñas de nuestro talento e imagen: simplificar al máximo nuestro show.

La cantante Billie Eilish dijo en un video promocional para Calvin Klein que utiliza ropa tres o hasta cinco veces más grande que su talla para ocultar su cuerpo porque “no pueden criticar lo que no ven”. Ella quiso enfocar las miradas y oídos en su música, para hacerlo ha tenido que esconderse debajo de ropa gigante. ¿Acaso esto les pasa a los músicos hombres?


La presión de la imagen personal recae en todas y todos, la gran diferencia es que los hombres músicos deciden si la imagen será algo primordial en su carrera. La palabra clave en esto es decisión.


Las historias de mujeres que tarde o temprano han tenido que maquillarse, operarse estéticamente y ponerse un lindo vestido para tener una carrera musical “exitosa”, son abundantes. Basta ver entrevistas de Lady Gaga en las que habla de la inseguridad que le impedía lanzarse como solista, manteniéndose como compositora, y cuenta cómo se topó muchas veces con productores que le decían que tendría que operarse la nariz. O Alicia Keys, que ha decidido usar lo mínimo de make up en público y no alisar sus rizos afro: ella pudo tomar esta decisión ahora que es una artista consagrada.

¿Soy fatalista? Solo paso todo por el filtro de ¿esto sería igual si fuera hombre? Traten de hacer este ejercicio con las anécdotas propias y de amistades, tal vez noten algunas cositas terribles.

Días antes del conversatorio, hice una dinámica en mis historias de Instagram. Le pedí a las mujeres músicas que me cuenten si han tenido experiencias de acoso en espacios musicales. Recibí 15 mensajes de chicas entre 17 y 23 años que han sido acosadas por organizadores de eventos, compañeros de banda, productores y público.

¿En qué consiste este acoso? En pedirle que se vista “provocativamente”, exigirle verse a solas con él por motivos no musicales, hacer seguimiento de con quién habla o chatea, “probarse” (eufemismo para insinuación sexual no requerida). Una de las chicas me contó que su propio padre le preguntó si se acostaba con sus colegas productores porque no la creía capaz de construir por sí sola una carrera profesional en la música.

Traslado la pregunta aquí: “amigo músico promedio y medianamente activo en Facebook que estás leyendo esto, ¿te ha pasado eso? ¿Alguna vez creyeron que todo lo que has logrado se debe a que te acostaste con una mujer?” Pregunto porque me he topado con comentarios de hombres músicos, usualmente rockeros (justamente el género con menos participación de mujeres; ¿coincidencia? No lo creo), que niegan que exista sexismo en la música. Para ellos esto es otro “invento” de las feministas.

Ustedes me dirán “pésimo que generalices, amiga, eso es lo que hacen las feminazis”. Yo les responderé: la generalización es necesaria para estudiar fenómenos como este. No se trata de que todos los hombres la tienen facilísima en la industria musical (esa sí sería una generalización inadecuada o falaz). El problema pasa por otro lado, pasa por la cantidad de cupos en festivales, premios, listas de más escuchados, maneras de promoción y condiciones para poder tener una carrera musical (las cifras son claras, pueden verlas aquí y aquí). Las historias se parecen demasiado y son sostenidas en el tiempo. O sea, las músicas de hace veinte años pasaron por lo mismo que me contaron las chicas de 17 por Instagram.

Mientras escribo esto, puedo visualizar el comentario en Facebook: “En vez de victimizarse, deberían preocuparse por practicar y ser más talentosas”. Sí, amigo, sería maravilloso que no tuviéramos que preocuparnos porque un colega nos acose, o por qué ropa vamos a usar para ser lo suficientemente atractiva, pero no tan puta, pero no tan aburrida, pero no tan, tan… Sería hermoso que no tuviéramos que estar alerta y a la defensiva porque alguien del público nos grite cosas obscenas y nos invada el espacio con intención de manosearnos mientras estamos tocando, que no se nos subestime a la hora de componer y aportar en la banda.

Sería lindo poder dedicarnos por completo a lo que nos apasiona sin miedo, olvidarnos del mundo y solo hacer música. Sería maravilloso y para que eso suceda tenemos que ser conscientes de lo que está ocurriendo a nuestro alrededor. Negarlo, minimizarlo y ridiculizar los testimonios de las “mujeres en la música” solo mantiene el status quo.


Amigo rockero, recuerda: el rock debe ser transgresor, ya viene siendo hora de que te sacudas los prejuicios.


Quejarnos es hacer algo al respecto. Componer y subir a los escenarios, a pesar de experiencias incómodas y hasta traumáticas, es hacer algo al respecto. Después del conversatorio se acercó una mamá con su hija, la niña está empezando con el violín y quiere componer porque está formando una banda con amigas, ambas agradecieron la charla. La niña me dijo que a veces siente que debería ser solo intérprete, a veces tiene miedo de componer pero ver a otras mujeres componiendo y ganando espacios, le da valor para intentarlo. Por eso la visibilidad y representación es importante, al igual que compartir nuestras experiencias.

Se agradecen iniciativas como el conversatorio de Pulsos y festivales como Grito Mundo que este año es gestionado por mujeres, con presentaciones de compositoras e instrumentistas especializadas, y que se realizará en Santa Cruz en septiembre. Esto no es discriminación inversa, sino un intento de estabilizar la balanza que hasta ahora no ha sido equilibrada.

Por otra parte, queda el compromiso de crear redes de apoyo entre mujeres del arte. Escucharnos, invitarnos, motivarnos, todo eso contribuye a generar nuevos caminos y formas de generar espacios artísticos libres de prejuicios.

Por último, invito a los escépticos (aquellos que no creen que existe el sexismo y su relación con el escaso número de mujeres en los escenarios bolivianos) a charlar con sus colegas mujeres, estar abiertos al diálogo, a participar de estos conversatorios. No se queden en la puerta, no miren de reojo. ¿Quieren acciones? Ustedes también pueden ser parte de una movida musical renovada.

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