Afiche promocional del Warmi Power Fest. | Foto: Difusión
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El rock boliviano apesta a conservadurismo, clasismo y machismo. ¡A quebrar sus viejas estructuras! Una reflexión sobre las reacciones al Warmi Power Fest.

Dina Huallpa

Hoy en La Paz se realiza el Warmi Power Fest. Aunque deberíamos estar celebrando que al fin se haya armado un festival de rock hecho por mujeres, lastimosamente, tenemos que ponernos en la trinchera antes de salir a moshear. Porque el terreno está así, porque el medio es ese, porque “los dueños” de la fiesta siguen siendo “ellos”.

Históricamente el rock, más aún algunas de sus vertientes como el punk, han sido la vanguardia de disidencias, disconformidades y denuncias. De sus riffs, guturales, acordes y líricas se han desprendido gritos disruptivos respectos a lenguajes y códigos impuestos desde el poder, reclamos generacionales que buscaban romper con las viejas y pesadas estructuras que desde siempre oprimen a los de abajo, ya sean jóvenes, pobres, migrantes o, en este caso, mujeres.

Por esto mismo es que no tendríamos que dejar pasar por alto la actitud reaccionaria con la que muchos músicos y asiduos de la movida enfrentan los gestos transgresores de las compañeras músicas, que buscan reunirse alrededor de nuevos circuitos, más frescos, más rebeldes, menos rosckeros. No seamos ingenuas, no es un hecho aislado, es un mal síntoma de un cuerpo, el del rock boliviano, que desde hace tiempo huele a viejo y podrido.

Hedores que evidencian un estancamiento que, claramente, no se limita al campo político, discursivo o actitudinal, quizás, para muchos, detalles accesorios, sino que se expande también a nivel de propuestas estéticas. Decenas de bandas de salchichas repiten viejas y desgastadas fórmulas de hace más de 20 o 30 años, con las mentalidades conservadoras de hace 50. ¿Les suena familiar? Ajá, podríamos estar hablando de un liceo militar o un partido de ultraderecha, pero, penosamente, nos referimos al mundillo del rock boliviano.

El hecho de que algunos, muchos, en realidad, hagan escarnio de un festival organizado por mujeres y para mujeres, revela una faceta de la que pocas veces se habla, pero que se hace patente en cada tocada, en cada evento, en cada ensayo: el machismo en los rockeritos de pacotilla.

¿Cuántas veces nos hemos topado con estos especímenes que menosprecian nuestro trabajo, que nos quieren cerca siempre y cuando cumplamos el fetiche de la groupie perdida, que aprovechan el micropoder que les otorga el escenario para engañar y violentar, que reaccionan con agresividad ante cualquier atisbo de crítica o reivindicación?

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Espacios como el Warmi Power deben multiplicarse para que toda esta tropa patriarcal y decadente vaya enterándose que hay una movida musical realmente alternativa, que se gesta desde el esfuerzo diario, desde el compromiso profesional con la música, desde la lucha política y la resistencia, desde la transgresión no complaciente; no desde esas ansias enfermizas de fiesta y famitas que anhelan como dioses enanos y autómatas.

Las bandas de chicas deben seguir de pie, nunca de rodillas, pateando puertas y abriéndose camino, para que los festivales dejen de ser convenciones de machitos seniles y machitos adolescentes, y finalmente haya una distribución más justa y equitativa en la promoción y difusión.

Porque no es como dice José Palazzo, director del Cosquín Rock, otro tan venido a menos, que “no hay suficiente talento entre las mujeres”. Lo que sucede es que prefieren jugarla fácil y cómoda, y llamar a sus amigotes de siempre.

Gepostet von Grito Mundo Bolivia am Sonntag, 19. Mai 2019

Incluso en eventos que se precian de ser inclusivos, el feminismo y las problemáticas de género no pasan del backstage, de la salita para tomarse fotos fancy; nunca en la grilla, nunca en el escenario, nunca tomando el micrófono, nunca haciendo remecer las estructuras en serio.

Por eso es importante que todas sumemos fuerzas y asistamos al Warmi Power, no por solidaridad ni activismo, sino porque hay compañeras que están haciendo música que vale la pena escuchar y a las que les cierran puertas por “no ser reconocidas”, por hacer “punk de cocina”, por usar lenguaje inclusivo, por atreverse a estar por encima de los prejuicios de género y asumir un rol para el que supuestamente no están hechas.

Quiero agradecer a todas las personas y medios que nos dieron espacio para promociinar el Warmi Power 👊🏽 un evento que…

Gepostet von Juka Carmen Plika am Freitag, 7. Juni 2019

¡Vamos a ver a las Plika, las Warmi Putas Anarkofeminista, las Agadá, las Sabática! Esta noche, desde las 21:00, en el Rockrodillos Club en “LP”.

Comunícate con Dina: huallpamariachi@gmail.com

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One thought on “Rock boliviano, ese búnker reaccionario del machismo”

  1. Super bien que se hagan estas cosas, supongo. Lo único malo (aunque recalco que no sé si es lo único) es que es una “lucha” que se hace con mucha generalización y denigración. Hay hombres estúpidos, no hay duda de ellos. Pero también hay mujeres estúpidas. Lo mismo se puede decir en cuando la inteligencia. El menosprecio a la mujer es evidente, no quiero reducir este problema, pero lo triste de esto es que ahora también entra en juego la sobrevaloración por la moda de una lucha. Hay bandas y mujeres a las que se les da fama, se las alaba y tienen un montón de público solo por el hecho de ser mujeres y no porque realmente sean buenas. Hay bandas compuestas por mujeres (bolivianas) que son del asco, pero la mayoría dice que son geniales, porque “wow, son mujeres”. Sinceramente, hacer eso me parece más machista y patriarcal que cualquier otra cosa. Hay que tener cuidado con seguir cayendo en eso.

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