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Compartimos una reseña al libro que reúne la obra completa de la escritora orureña, editado por la Biblioteca del Bicentenario de Bolivia. Disponible en la FIL cruceña y librerías del país.

Andrés Rodríguez

Es digno de resaltar que en estos días, mientras se realiza la XX versión de la Feria del Libro de Santa Cruz, editoriales nuevas como Dum Dum, de la escritora Liliana Colanzi, y Mantis, de las autoras Magela Baudoin y Giovanna Rivero, estén presentando obras con el objetivo de recuperar a autoras que permanecieron en el olvido, además de destacar y difundir la obra de mujeres de la literatura contemporánea nacional e internacional. En tiempos en los que el machismo aún campea con mucha fuerza en la industria editorial, como la más reciente polémica en la Bienal Vargas Llosa por la escasa presencia femenina en las charlas, el jurado y los finalistas de la cita literaria que culminó la semana anterior en la ciudad de Guadalajara, México. Esta molestia se tradujo en un manifiesto Contra el machismo literario, firmado por representantes como Gabriela Wiener, Rosa Montero, Juan Villoro o Jorge Volpi, entre otros. Así también opina al respecto la periodista y escritora Berna González Harbour en un artículo publicado en el diario El País sobre este tema y que resume así: “La escasez de mujeres en cualquier convocatoria no se debe a que no existan, sino a que no se las mira y no se las ve”.

Por tal razón, hay que aplaudir la recuperación de obras de los años 30 como El occiso (Dum Dum Editora, 2019), de María Virginia Estenssoro, una escritora transgresora que manifestó a través de sus escritos su discrepancia radical hacia la opresiva, conservadora y superficial clase alta paceña. Asimismo, otra obra cumbre de la literatura boliviana que vale la pena resaltar y que también se encuentra disponible en los anaqueles de la Biblioteca del Bicentenario de Bolivia (BBB) en la feria del libro cruceña y librerías del país, es la Obra reunida de la escritora Laura Villanueva Rocabado (Oruro, 1912 – La Paz 1982), mejor conocida en los círculos literarios como Hilda Mundy. En 1936 editó su único libro Pirotecnia: Ensayo miedoso de literatura ultraísta, con su principal nombre de pluma. Igualmente, como Mundy, pero también como Madame Adrienne, Jeanette, María Daguileff, Anna Massina, entre otros, publicó en la prensa –fundamentalmente de Oruro y de La Paz– crónicas, cuentos y textos diversos.

A través de la obra editada por la BBB, no solo se recupera su único libro, sino también Impresiones de la Guerra del Chaco y textos dispersos publicados en distintos medios de comunicación, haciendo un total de 211 escritos en la presente edición. Mundy, al igual que Estenssoro con sus personajes –ambas contemporáneas–, supo plasmar a través de sus heterónimos la asfixia social del contexto que las rodeaba. A través de sus escritos, la autora orureña se rebeló contra la sociedad con una prosa teñida de cierto humor e ironía, poco común en la escritura de ficción de ese tiempo. El carácter híbrido de su prosa, no inscrito en ningún género convencional, contribuye a la prominencia de la obra de Mundy. Fue una de las pocas escritoras de vanguardias de América Latina, junto con Magda Portal (Perú) y María Luisa Bombal (Chile), según da a conocer el escritor Edmundo Paz Soldán en el prólogo de la edición chilena del libro de Mundy, editado por Los Libros De La Mujer Rota.

Pirotecnia, obra con la que inicia la compilación, ha sido recientemente elogiada por su talento vanguardista en la inusual tradición boliviana, cuyos entornos urbanos inauguran la escritura de ficción actual, parafraseando a Paz Soldán y al poeta y crítico Eduardo Mitre. En los 63 poemas que lo conforman, la escritora orureña plantea un ensayo sin espinas sobre la literatura ultraísta, llena de metáforas, neologismos, con muchas características que la acercaban al futurismo, como se refleja en muchos de sus textos.

Esta primera obra le permite a Mundy mostrar la capacidad de percibir a través del tacto de su prosa y la naturaleza experimental. De algún modo hace al lector partícipe de esos escritos, lo invita a vivirlos poética y extravagantemente. Como propuesta vanguardista, el lector se convierte en un experimento de su escritura, que resultan en planteamientos que se convierten en una sátira salvaje sobre la lotería, los escotes de las damas, los trenes, los adoquines, los teléfonos, coches, entre otros temas de la cotidianidad que capturan su atención. La escritora nos presta sus ojos para mirar con recelo a la modernidad, con humor a la cultura popular, además de abrirnos dulcemente, con afinidad, e interpelarla.

Otro gran aporte de la Obra reunida son las Impresiones de la Guerra del Chaco, textos que vieron la luz originalmente en 1989 de forma póstuma. En esta sección, hay un cambio en la escritura de la autora orureña. Se podría decir que hay un estilo de escritura de Hilda Mundy durante el conflicto bélico y posterior a él. Es ultrajada y exiliada por su atrevimiento de escribir en contra de los gobernantes de la época y militares que dirigieron la batalla por el Chaco Boreal contra Paraguay. Sus textos mutan en una especie de diario de campaña en los que escribe sobre lo que siente y piensa. Estos escritos quizá no solo representan el sentir de la escritora orureña, sino también el de una nación que nunca terminó de entender este conflicto.

Los pensamientos de Mundy se convierten en el hartazgo y la solidaridad hacia esa clase de tropa que batalló en un territorio inhóspito. Tal como lo refleja en un fragmento del texto «Hambre en las trincheras»: “Vino, chicha, Savora Deliciosa, mientras en las trincheras se diezmaban los ejércitos por inanición./ Guindado, uva pastilla, cuando morían nuestros hermanos con los ojos disecados en las órbitas, de hambre, con la lengua estropajeada de sed, como cuero de res vieja./En tanto que los comandos se ahogaban en una abundancia de Jauja encantada./Los reyes chicos, criminales de esta Patria desgraciada y gemebunda, felices en su glotonería y vicio, mientras el soldado perdido en el fango de muerte de las trincheras daba cuanto podía por la Patria: la miseria flaca de su vida”.

Esta otra visión a la versión oficial sobre la Guerra del Chaco, se constituye ahora, de igual modo que la obra de Augusto Céspedes u Óscar Cerruto, Sangre de mestizos: relatos de la Guerra del Chaco (1936) y Aluvión de fuego (1935) –respectivamente–, como un documento que otorga una mirada alternativa a la supervivencia, el extravío y el deterioro de este conflicto bélico. Asimismo el cineasta Diego Mondaca citaba a Mundy y a estos escritos disponibles en la Obra reunida como una de sus referencias para la concepción de Chaco, su primera película de ficción que se encuentra en proceso de finalización.

Si bien Villanueva Rocabado prefirió dejar su pluma después de casarse para dedicarse a la edición y difusión de la obra de su esposo, el poeta Antonio Ávila Jiménez, su voz tiene un eco a través de este libro editado por la BBB, que incluyen textos inéditos como «Amigo diablo» o «Las señoritas anafractarias», que la hace más resiliente a las situaciones adversas por las que tuvo que pasar. Como los fuegos artificiales, la escritura de Mundy es un destello brillante y un recordatorio de que necesitamos voces poderosas, como la de ella, para no olvidarnos de las luchas que debemos mantener en el presente.

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