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Estamos muy felices porque esta semana, gracias al Cineclubcito, inauguramos una muestra retrospectiva a la obra de la cineasta chilena Valeria Sarmiento. Una mujer que hizo del cine una trinchera de experimentación, reflexión política desde las mujeres y denuncia del machismo imperante.

Héctor Oyarzún

Se podría decir que buena parte de la obra de Valeria Sarmiento, al menos en sus ficciones, está marcada por el cahuín. Cahuín es una palabra del mapudungún que hace referencia a chismes que se esparcen sin casi tener información comprobada. La historia de Chile, y de buena parte de Latinoamérica podríamos decir, no solo se funda sobre figuras mitológicas creadas para poder formar una identidad, sino también a partir de los rumores y exageraciones. Las historias urbanas de cada región en Chile son un intercambio permanente de hechos y cahuines.

#Retrospectiva2019 contínua esta semana con:TOMO I. ¡Yo soy chileno!***AMELIA LÓPEZ O'NEILL*** (1991) de Valeria…

Gepostet von Cinéclubcito am Montag, 9. September 2019

Amelia Lopes O’neill. La historia de una mujer fiel del puerto de Valparaíso contada por un ladrón arrepentido (1991) es la primera película de Sarmiento que se exhibirá en el Tomo I de la retrospectiva «Yo soy chileno» del Cineclubcito en Bolivia. Esta cinta, no solo es la primera película de ficción rodada por Sarmiento en Chile, también es el primer largometraje de ficción de una directora en el país desde 1929.

Amelia Lopes O’neill funciona, en palabras de Vania Barraza, como un relato doble. En la superficie, su primera capa narrativa, se muestra a una mujer que ha prometido una fidelidad irracional al hombre que después se casa con su hermana, es decir, un relato melodramático convencional. En la segunda capa, aparece la acumulación de rumores y secretos que hacen que el relato se convierta en un juego permanente de simulacros. Sarmiento, sin embargo, realiza un desajuste entre las conclusiones que se puedan sacar y la engañosa naturaleza del relato melodramático. En manos de Sarmiento, el melodrama es una herramienta para jugar con la exageración y la mentira para así dar con alguna capa de realidad.

Mención aparte merece la manera en que Sarmiento retrata Valparaíso. Después del canónico registro poético realizado por Joris Ivens en A Valparaíso (1963) y de la “contrapostal” realizada por Aldo Francia en Valparaíso, mi amor (1969), la imagen de Valparaíso en el cine se podría dividir entre la imagen turística y su contraparte realizada desde los cerros alejados del área comercial de la ciudad.

La versión de Sarmiento, en cambio, está demasiado estilizada para ser parte del Valparaíso más “duro”, pero es demasiado personal y poco realista para ofrecer una visión exportable y tangible de la ciudad. Para quienes conocen la geografía de la ciudad, la película de Sarmiento se pasa cada escena combinando cerros de maneras imposibles, haciendo que la naturaleza laberíntica de la ciudad se haga más extrema gracias a la espacialidad propia que permite crear el montaje.

Secretos (2008), la última película de esta primera parte de la retrospectiva, es todavía más directa respecto a la naturaleza doble del chileno. Basada en películas italianas como Los monstruos (Dino Risi, 1963), Secretos se compone de una serie de sketches sobre personajes cercanos a la izquierda y las distintas partes de su historia que quisieran ocultar.

Si bien es la obra de naturaleza más absurda de su directora, esta misma la ha definido como una película “documental” por su formato de investigación. Todas las anécdotas de la película se basan en alguna noticia de la prensa, revelando la cantidad de rumores e imprecisiones que rodeaban distintos hechos asociados con la dictadura.

Como Diálogos de exiliados (Ruiz, 1974), la película de Sarmiento suponía un retrato sarcástico de la izquierda chilena y, en este caso, del doble estándar que supuso la “transición” a la democracia. No es de extrañar que sea una obra de la que todavía se hable poco, a pesar de que el cine posterior ha sido más duro con la Concertación de Partidos y el proceso democrático en Chile.

Por último, es difícil no pensar en cómo estas obras que exploran distintas dimensiones de la chilenidad serán recibidas en Bolivia. Las películas chilenas de Sarmiento y Ruiz no solo nos ayudan a reconocernos, sino también a comprender hacía donde podría dirigirse algo tan escurridizo como la definición identitaria.

¿Se reflejarán de la misma manera estas películas por allá? ¿Qué tanto de la indagación nacional se adapta al resto de Latinoamérica? Esperamos sus comentarios posteriores al respecto, amigas y amigos del Cineclubcito.

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