Evo Morales durante una entrega de obras en noviembre de 2019 | Foto: ABI
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Inauguramos un espacio para darle voz a aquellas ideas y discursos que son puestos a la fuerza por fuera de los canales oficiales y hegemónicos de comunicación. Con ustedes, la primera colaboración que recibimos en la Tribuna Libre de MUY WASO.

El Cabildo de los Trabajadores

La situación actual debe ser explicada desde las contradicciones que no lograron ser resueltas por el Movimiento Al Socialismo (MAS) y que marcan un paulatino desgaste político, que está siendo capitalizado por la derecha. El MAS se ha visto enfrentado a los grupos sociales y organizaciones de clase que, al inicio de su régimen, parecían formar parte de su bloque de poder.

Su política reformista -que no nacionalizó los recursos naturales, que claudicó en una reforma agraria frente a los grandes propietarios de la tierra, con paradójicos giros en su reforma laboral-, ha reproducido viejas contradicciones entre la demanda de soberanía territorial de los pueblos indígenas y la necesidad de concentración de tierras para la burguesía del agro, entre la demanda de empleo digno por parte de los obreros y el apoyo a la acumulación de capital de la burguesía nativa y transnacional, entre la situación de pauperismo crónico de regiones del occidente y el despliegue de una política primario exportadora a favor de las transnacionales.

Esta situación se manifestó, en el plano ideológico, en la pervivencia agazapada del racismo de los k’aras, el aumento de violencia machista contra la mujer, la corrupción en diversas esferas del gobierno y el fracaso de una reforma en el sistema judicial, hundido en la corrupción. Una demostración de que este gobierno no llevó adelante una verdadera transformación cultural, ni siquiera dentro del marco ideológico burgués de la igualdad formal ante la ley.

La opresión étnica-patriarcal permea las desigualdades de clase, mostrando que su estructura ha quedado intacta. Con la salvedad de la emergencia acelerada, en estos últimos años, de una pequeña burguesía y burguesía de origen indígena o chola (“burguesía azul”), que forman parte importante del bloque de poder del MAS.

La necesidad del MAS de quedarse en el poder -a cualquier precio-, responde a la presión de su propia “criatura”. Por supuesto, no hablamos de los campesinos y los pueblos originarios en general, tampoco de las capas obreras y populares de la ciudad, sino de esta burguesía y la otra pequeña burguesía aliada al MAS, que ha excluido a los sectores populares del poder.

Hoy son ellos los que gobiernan junto a Evo, aunque permitan un grado de participación en el aparato estatal de los sectores populares. La insistencia en que Morales se quede en el poder, no es solo el deseo de un caudillo. Es también la presión de estas capas dominantes sobre él, porque constituye la bisagra entre las bases sociales y la dirección política del MAS.

Esta presión también da lugar a una paradoja. Desde su ascenso, el MAS ha reafirmado los procesos electorales burgueses como mecanismos de legitimación. Ellos mismos apostaron por la vía electoral, para dar fin al proceso insurreccional del 2003, con la consigna de que la vía legítima de expresión de la voluntad del pueblo es el voto.

Ahora, en la búsqueda de mantener al caudillo, van contra estas ideas en las que se sostuvieron. No otra cosa significa su negativa a acatar los resultados del referéndum del 21 de febrero.

Creemos que todas estas contradicciones no resueltas, en todo caso reproducidas por el régimen reformista del MAS, nos pueden ayudar a explicar la movilización actual contra los resultados de las elecciones que dan como ganador, en primera vuelta, al MAS.

La principal base social de este movimiento son las plataformas del 21F, los partidos políticos de oposición y un contingente de clase media y pequeña burguesía, que apoyaron electoralmente a los candidatos de la oposición.

Esta base movilizada para defender los intereses electorales de su candidato no emergió de la noche a la mañana, sino que viene de un largo proceso. La defensa de los resultados del referéndum del 21 de febrero y las posteriores movilizaciones de la oposición, para la defensa de sus resultados. Fueron el termómetro que mostró un cambio en el estado de ánimo de las capas medias de profesionales (una oscilación hacia posiciones de derecha) y en un grupo importante de la pequeña burguesía conservadora, que desde hace un par de años tomó iniciativa política protagonizando movilizaciones dispersas contra las medidas políticas del MAS.

Cuando la movilización de los “ciudadanos” de clase media, entró en reflujo, las plataformas del 21F, aún activas, se articularon a las alianzas electorales de derecha que promovieron las candidaturas de Mesa y de Ortiz, con consignas que exigían el respeto a los resultados del referéndum del 21 de febrero y la defensa de la democracia burguesa, sin ninguna otra agenda programática, llenando estos vacíos con prejuicios racistas y con la idea de “echar al indio del poder”.

Cabe precisar que la formación de este movimiento de oposición se dio también por un trabajo político de representantes de la burguesía tradicional en espacios del Estado (en el caso de Ortiz, como senador; en el de Mesa, como vocero de la demanda marítima), espacios desde los que denunciaban sus medidas políticas, su autoritarismo, la subordinación de los poderes del Estado al Poder Ejecutivo.

Luchaban contra la política de género en “defensa de la familia”; con un ecologismo hipócrita, denunciaban las represión a los pueblos del TIPNIS. Mediante esta política contrahegemónica, crearon un sentido en la opinión pública de que el MAS representaba un gobierno autoritario y corrupto, que atentaba a las libertades democráticas.

El desacato, por parte del MAS, a los resultados de la consulta del 21 de febrero de 2016 corroboró este carácter “autoritario” y “dictatorial” del gobierno del MAS, construido por las capas medias. Esta convicción fue reforzada con la habilitación de Evo Morales como candidato legal por parte del Tribunal Supremo Electoral y hoy se convierte en una “verdad indiscutible”, desde la certeza de que la última victoria electoral del oficialismo fue conseguida con un fraude electoral.

De ahí que salen a marchar enarbolando la consigna de que su lucha es por “la libertad contra la dictadura”, llaman a la defensa del voto, pero enarbolan esta defensa con su ideología racista: quieren que el indio se vaya a su chaco o que se vaya estudiar, con consignas como: “Evo cuidado el pueblo ha estudiado”, o “Linera cuidado el pueblo es titulado”. Estos movilizados impulsan una restitución de los valores de la ideología racista y clasista de la oligarquía tradicional boliviana. En el oriente, los movilizados
defienden su voto yendo no solo a bloquear, sino a golpear “collas”, expresión clara del racismo y regionalismo de la oligarquía cruceña.

Es necesario poner en claro que estos sectores de las capas medias y pequeña burguesía, que dicen defender “los intereses del pueblo”, no se han movilizado frente a los despidos masivos provocados por la política propatronal del MAS, no se han movilizado por la impunidad frente a la violencia contra la mujeres, no se han movilizado por los abusos de parte de los empresarios chinos sobre los obreros bolivianos, tampoco la represión a los cocaleros de los Yungas les ha importado en lo más mínimo; ni el avasallamiento de los territorios indígenas por los megaproyectos hidroeléctricos.

Sin embargo, hoy varios grupos, todavía minoritarios de la clase obrera, campesinos de los pueblos originarios y de intelectuales y partidos de “izquierda” son arrastrados por este movimiento. Quieren respeto al voto y eso significa que gobierne Mesa, porque otra opción de voto no hay. Pero lo hacen porque, en su confrontación con el gobierno, ven en este movimiento una posibilidad de sacar al MAS del poder, van a ciegas, sin visibilizar que no son la dirección, que la opción política en caso de sacar a Evo no la pondrán ellos, sino la masa reaccionaria que es la base de este movimiento “ciudadano”. Estos sectores populares no son la vanguardia son la cola.

Una prueba de ello es que las organizaciones que llevan adelante la movilización contra los resultados de las elecciones están lideradas por figuras afines a la oposición de derecha, como es el caso del Comité Cívico Pro Santa Cruz (con Luis Fernando Camacho, de la nueva camada de derechistas), el Comité Cívico Potosinista (que hace un mes pedía a todos los partidos renunciar para apoyar a Mesa), el CONADE (liderizado por el centro derechista Waldo Albarracin). En el caso de El Alto, las movilizaciones son lideradas por Soledad Chapetón (alcaldesa por UN) y Benito Fernández (que hace un mes llamaba a los partidos a unirse para apoyar a Mesa) y en el caso de Cochabamba, los partidos CC, Bolivia Dico No y las plataformas 21F acaban de formar la Coordinadora Departamental de Defensa de la Democracia (CDDD), con la intención de dirigir la movilización, para exigir la renuncia de Morales.

Ante esta situación, se trata de un exabrupto político pensar, como algunas corrientes ultraizquierdistas han hecho, que luchar por el voto ciudadano junto a esta pequeña burguesía reaccionaria, abre una vía para canalizar el descontento contra el MAS hacia una alternativa revolucionaria.

Según estas corrientes, habría que unirse a sus demandas de “respeto al voto”, para rescatarlas de su perspectiva democrático burguesa. En su espontaneísmo a ultranza, los ultraizquierdistas no consideran que la orientación política de este movimiento está definida por una vanguardia de la clase media y pequeña burguesía conservadora, a la que no le hace ningún sentido una consigna como pan, salud y educación (porque no les hace falta).

Esta línea cae en saco roto y pone en evidencia, nuevamente, la ausencia de una corriente ideológica revolucionaria, con penetración en sectores populares, resultado de un trabajo como el que ha realizado la oposición de derecha (aprovechando los espacios que otorga la democracia burguesa) durante todos estos años. Una dirección que se convierta tanto en una alternativa electoral, capaz de canalizar el descontento contra el reformismo, como en un cuerpo capaz de dirigir la lucha y la resistencia en las calles. Es decir, que pueda dar la orientación política hacia una salida revolucionaria para los explotados y oprimidos. Esa es la tarea pendiente.

Mientras tanto, la tragedia de los explotados será servir de furgón de cola o a la derecha reaccionaria o al reformismo decadente del MAS.

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6 thoughts on “Tribuna Libre: El fraude de la promesa revolucionaria del MAS”

  1. Concuerdo con varios tópicos. Pero no unicamente los sectores conservadores se expresan frente al prorroguismo del MAS. También existen corrientes progresistas que exigen el respeto a las libertades democráticas en el mismo seno de la pequeña burguesía.

  2. Interesante no concuerdo con su visión pero está bien tener otras lecturas. Sin embargo me parece que el anonimato también muestra otras cosas. ¿Si no existe autoritarismo por qué temen dar la cara?

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