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Trabajadoras esenciales en Bolivia: entre la crisis pandémica e injusticias históricas

La recicladora Filomena Gonzáles descansa en su recorrido por la ciudad de La Paz. Foto: Esther Mamani

Si la situación laboral de las trabajadoras bolivianas era crítica, con la pandemia las brechas de profundizan y las desigualdades crecen. Trabajos de cuidado excesivos y no remunerados, dobles y triples jornadas o condiciones de semiesclavitud para las asalariadas. Nos lo cuentan una radialista, una recicladora y trabajadoras del hogar.

Jazmín Quisbert es radialista. Perdió su empleo en los primeros meses de la llegada de la pandemia a Bolivia.

Como ella, otras 584 mil personas quedaron sin empleos, entre formales e informales, solo en mayo de 2020. Fue el mes más duro para la clase trabajadora boliviana desde la llegada de la pandemia.

Esta caída en la tasa de empleo fue más marcada para las mujeres. Incluso cuando se alcanzó niveles previos a esa crisis (en diciembre de 2020), la recuperación para ellas seguía relegada. Los sectores más afectados fueron los que suelen tener mayor participación de mujeres: servicios, educación, comunicaciones, turismo, entre otros.

Entre junio y agosto de 2020, el empleo para los varones comenzaba su escalada a niveles previos a la crisis. En el caso de las mujeres, en el mismo periodo, los indicadores seguían marcando severos descensos.

Pérdida de empleo total por género (amarillo para mujeres, azul para hombre). Gráfica: BID

“El primer mes trabajé desde casa, hacía teletrabajo junto a mis hijos y mi esposo. Estábamos asustados”, cuenta Jazmín. Eran semanas y meses de incertidumbre.

No pasó mucho hasta que el medio de comunicación en el que trabajaba anunciara recortes. Jazmín se vio obligada a dejar su trabajo.

El sector de las “informaciones y comunicaciones” fue uno de los más afectados por la pandemia. Según el Observatorio Laboral del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), hubo un desplome del 35.15% en el empleo formal para estos rubros.

Informalidad y trabajo doméstico no remunerado

Para generar ingresos, los meses que estuvo desempleada, Jazmín intentó incursionar en la venta de billeteras y barbijos. También trabajó ayudando a su mamá en un negocio de comidas.

Pero también sintió como se multiplicaban las tareas domésticas con el avance de la cuarentena rígida y otras restricciones.

La Organización Internacional del Trabajo, en su informe Panorama Laboral 2020, calculó que 13 millones de mujeres en América quedaron desempleadas debido a la pandemia.

Este informe es claro al indicar que no se trata de un problema provocado por la pandemia, sino agudizado por ella: la incorporación de las mujeres al mercado laboral es inviable cuando se nos obliga a cumplir con dobles y hasta triples jornadas, debido a los trabajos de cuidado no remunerados.

Hasta finales de 2020, según el mismo documento, la tasa de participación de las mujeres en el mercado laboral descendió un 10.4%.

Estar en casa no es lo suyo, admite Jazmín. Como muchas periodistas, está acostumbrada a dosis altas de adrenalina y al correteo de las coberturas. Recientemente consiguió un nuevo empleo, en otro medio de comunicación también radial. Volvió al ruedo de los despachos en vivo y la noticia del momento.

Claro que su esfuerzo y despliegue profesional no es remunerado como corresponde. Los medios de comunicación bolivianos también fueron tocados por la crisis económica, en especial en lo que concierne a las obreras de la información (como el caso de Jazmín).

Las asociaciones empresariales de medios lanzaron sus advertencias ya en abril de 2020. Este tipo de anuncios, por lo general alertan sobre recortes de personal y rebajas de sueldo para los eslabones más sacrificados del rubro.

Un reporte de Guardiana contó unos 520 despidos solo hasta julio del pasado año. Las mujeres periodistas, como Jazmín, fueron las más afectadas.

Trabajadoras del hogar

Nueve de cada diez trabajadoras del hogar perdieron sus trabajos durante 2020. Esos son los datos que maneja la Federación de Trabajadoras Asalariadas del Hogar de Bolivia (Fenatrahob).

Esta organización se declaró en emergencia en marzo del año pasado, cuando el Gobierno determinó cuarentena rígida.

La principales dirigentas de la Fenatrahob reunidas para una entrevista con Muy Waso. Foto: Esther Mamani

Costó algunos días reunir a las cuatro representantes de la Fenatrahob: dos de ellas viven en La Paz, dos en Santa Cruz, pero estaban en Cochabamba. Este desplazamiento tiene que ver con el trabajo de socialización que hacen para que las más de 117 mil afiliadas conozcan sus derechos.

Más aún ahora, en un contexto en el que se han vulnerado muchos de sus derechos y conquistas históricas.

Lidia Alonso es la secretaria ejecutiva de Fenatrahob. Durante la entrevista, decide leer un fragmento del contundente pronunciamiento hecho por su sector a propósito de la pandemia:

“Desde hace 18 años luchamos por un seguro de salud, un derecho reconocido según la legislación laboral del país. Desde la aparición de la pandemia y sobre todo las medidas de cuarentena, el sector de las trabajadoras (del hogar) ha visto vulnerados todos sus derechos: aumento de carga laboral, encapsulamiento obligatorio en la fuente laboral e incremento de horas de trabajo”.

Cama adentro

Marcela Quispe es otra de las representantes de Fenatrahob. Es trabajadora del hogar desde hace 47 años y denuncia que el año pasado la mayoría de sus compañeras “fueron despedidas y otras fueron obligadas a trabajar cama adentro”.

Marcela cuenta que “las que cumplían ocho horas han tenido que trabajar así (cama adentro), porque los empleadores decían que se iban a contagiar en el trayecto a sus casas y solo pensaban en sus familias, pero no que ellas estén lejos de sus hijos.”

Una de las más atareadas en la Fenatrahob, desde la llegada de la pandemia, es Juana Durán. Ella es trabajadora del hogar desde sus 15 años y actualmente se encarga de coordinar con el Ministerio de Trabajo las citaciones para que los empleadores cumplan con sus obligaciones luego de despedir a alguna de las compañeras.

“Sacábamos citación, íbamos a entregar al empleador. Otras iban donde el doctor (abogado) y de a buenitas arreglábamos. Si hasta las tres citaciones no se presentan en el Ministerio es bien difícil después encontrarles (a los empleadores)”, cuenta Juana.

El día «sagrado»

Otra de las dirigentas, María Pariqui, recuerda que el 30 de marzo de 2020, una semana después de que la expresidenta Jeanine Áñez declarará la cuarentena, muchas trabajadoras del hogar no gozaron del asueto que contempla la ley 181 de 2011 por el Día Nacional de la Trabajadora Asalariada del Hogar.

“Es un día sagrado, pero muchas estaban en las casas de empleadores a tiempo completo y trabajando más horas. Tienen que cumplir la ley del descanso”.

Según un informe de OXFAM, El 80% de las 67 millones de personas trabajadoras del hogar que hay en todo el mundo son mujeres. El 90% no accede a ningún tipo de seguridad social. Más de la mitad no tiene un límite de horas en sus jornadas laborales.

Este panorama no deja de lado la realidad boliviana. Sin embargo, la Fenatrahob lucha por los derechos de sus afiliadas a diario.

Nuestra entrevista termina con una arenga de las cuatro ejecutivas: ¡Vivan las trabajadoras del hogar!

Filomena, las recicladoras

Filomena Gonzáles está dentro de lo que se conoce como “grupos de riesgo” para la COVID-19. Tiene 75 años y es muy probable que sufra algunas enfermedades de riesgo. Pero durante la pandemia nada pudo frenarla. Nada puede hacerlo, vive al día.

Un informe elaborado por la Coordinadora de la Mujer dice que “alrededor del 70% de las mujeres en Bolivia desarrolla sus actividades productivas en el sector informal, uno de los más golpeados por la crisis sanitaria. Ante la imposibilidad de generar ingresos diarios para su subsistencia (…) miles de mujeres cada día están lidiando con la incertidumbre.

Filomena es una de esas mujeres. Y quizás sea esa incertidumbre o un hábito, pero dice que desde hace 38 años, cuando comenzó a trabajar de noche, la luz del día la impacienta.

Prefiere los horarios nocturnos, porque es cuando trabaja. “Parece que me puedo enfermar en la casa”, dice, pero reclama que la remuneración por su trabajo es muy baja. Una queja que, seguramente, acarrea desde muy joven, cuando trabajaba como palliri. Un oficio también feminizado, precarizado y sumamente peligroso para la salud.

Actualmente, Filomena vende cartón reciclado. Recibe 50 centavos por cada kilo. Ella forma parte de aproximadamente 10 mil recolectorxs que se distribuyen en todo el país.

Según un estudio de 2014, siete de cada 10 personas recicladoras en Bolivia son mujeres. El 90% de ellas cursó estudios solo hasta la primaria o no asistió a la escuela.

Dos bolivianos

Filomena durante sus largas caminatas por La Paz en busca de cartones para reciclar. Foto: Esther Mamani

Filomena recorre al menos cuatro puntos clave de la ciudad cada noche/madrugada.

El frio de la ciudad de La Paz no parece intimidar a sus inquietas manos que despedazan las cajas que rápidamente convertirá en cartones para vender. Estamos en una de las zonas comerciales más importantes de la ciudad y también una de las más inseguras.

Antes de la medianoche, Filomena logró reunir cuatro kilos de cartón. Todo este esfuerzo terminará con un pago de dos bolivianos.

El hijo de Filomena se acerca con una gaseosa para aplacar la sed y cuenta que hay pocas recicladoras en la zona. Más tarde vendrán unos “señores” y se llevarán los cartones recolectados para venderlos por mayor.

Lo hacen porque tienen una camioneta que les permite trasladar grandes volúmenes. En cambio, Filomena apenas puede cargar una bolsa en los largos trayectos que recorre todas las noches.

“Creo que me he enfermado porque una mañana me levanté mal. Mi cabeza como tambor me hacía. O sólo me habré resfriado, pero igual nomás he salido. Mis hijos tienen sus familias y yo vivo en alquiler. No quiero dejar de trabajar”, piensa Filomena, como restándole importancia a la pandemia frente a sus carencias.

Filomena tiene una mirada aguda, escoltada por surcos son pronunciados. Cada vez que Filomena dice “trabajo” alza la voz.

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