Foto: Bettmann via Getty Images
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La recientemente fallecida escritora afroamericana fue una narradora fascinante. Pero, más allá de su obra en ficción, las incisivas ideas de la ganadora del Nobel de Literatura también fueron trasmitidas a través del ensayo y otros géneros. Hicimos la traducción de uno de estos materiales y los compartimos a manera de honrar su memoria.

Toni Morrison

Los regímenes autoritarios, dictatoriales, déspotas, a menudo son tontos, pero no siempre. No obstante, ninguno es tan tonto como para darles libertad a los escritores disidentes y perceptivos de publicar sus juicios o seguir sus instintos creativos. Ellos saben que lo hacen bajo su propio riesgo. No son lo suficientemente estúpidos como para abandonar el control (abierto o insidioso) sobre los medios. Sus métodos incluyen vigilancia, censura, arresto e incluso la matanza de aquellos escritores que informan y sacuden al público. Escritores inquietantes, que cuestionan, que miran de nuevo y más profundamente. Los escritores (periodistas, ensayistas, blogueros, poetas, dramaturgos) pueden perturbar la opresión social que funciona como un estado de coma en la población, un estado que los déspotas llaman paz, y detienen el sangrado de la guerra que emociona a “halcones” y especuladores. Ese es el riesgo que corren.

El nuestro es de otro tipo.

Cuán sombría, inhabitable e insufrible se vuelve la existencia cuando nos privamos de obras de arte. Es urgente proteger la vida y la obra de los escritores que se enfrentan al peligro, pero junto con esta urgencia debe anidarse la idea de que su ausencia, la asfixia de la obra de un escritor, su cruel amputación, es de igual gravedad para todos nosotros. El rescate que les brindamos es un gesto de generosidad para con nosotros mismos.

Todos conocemos naciones que se caracterizan por la fuga de escritores de sus territorios. Estos son regímenes cuyo miedo a la escritura no supervisada se justifica porque la verdad es un problema. Un problema para el belicista, el torturador, el ladrón corporativo, el pirata político, el sistema de justicia corrupto y para un público “en coma”.

Los escritores no perseguidos, no encarcelados y libres de acoso son un problema para el matón ignorante, el racista astuto y los depredadores que se alimentan de los recursos del mundo. La alarma, la inquietud que suscitan estos escritores es instructiva, porque es abierta, y vulnerable, porque si no está vigilada es amenazante. Por lo tanto, la supresión histórica de este tipo de escritores es el primer presagio de la enajenación constante de derechos y libertades que vendrá. La historia de los escritores perseguidos es tan larga como la historia de la literatura misma. Y los esfuerzos por censurarnos, matarnos de hambre, regularnos y aniquilarnos son signos claros de que algo importante está sucediendo. Las fuerzas culturales y políticas pueden barrer con todo, menos con el arte «seguro», todo menos aquello que tiene la aprobación del Estado.

Me han dicho que los humanos tenemos dos respuestas a la percepción del caos: el acto de nombrar y la violencia. Cuando el caos es simplemente lo desconocido, una nomenclatura se puede lograr sin esfuerzo: una nueva especie, estrella, fórmula, ecuación, pronóstico. Ahí están también el mapeo, la cartografía o el diseño de nombres propios para geografía, paisajes o poblaciones innominadas o despojadas de sus nombres.

Cuando el caos resiste, ya sea para reformularse o rebelarse contra el orden impuesto, la violencia es entendida como la respuesta más frecuente y racional para enfrentar lo desconocido, lo catastrófico, lo salvaje, lo desenfrenado o lo incorregible. Estas respuestas “racionales” pueden ser la censura, el encarcelamiento en campos de detención, prisiones o la muerte, solitaria o en guerra.

No obstante, hay una tercera respuesta al caos de la que no he oído hablar: la quietud. Tal quietud puede ser pasividad y estupefacción. Puede ser miedo paralizante. Pero también puede ser arte. Aquellos escritores que ejercen su oficio cerca o lejos del trono del poder en estado puro, del poder militar, del palacio imperial y de las oficinas de contabilidad, que construyen significado frente al caos, deben ser alimentados y protegidos. Y es correcto que dicha protección sea iniciada por otros escritores. Y es imperativo no solo salvar a los escritores asediados, sino salvarnos a nosotros mismos.

El pensamiento que me lleva a contemplar con temor la eliminación de otras voces, de novelas no escritas, poemas susurrados o tragados por miedo a ser escuchados por las personas equivocadas, idiomas prohibidos que se alimentan bajo tierra, preguntas de ensayistas desafiantes a la autoridad que nunca se plantean, obras de teatro no escenificadas o películas canceladas, es una pesadilla. Como si un universo entero se describiera con tinta invisible..

Ciertos tipos de trauma visitados dentro las personas son tan profundos, tan crueles, que a diferencia del dinero, de la venganza, incluso a diferencia de la justicia, los derechos o la buena voluntad de los demás, solo los escritores pueden traducir y convertir este dolor en significado, afilando la imaginación moral .

La vida y el trabajo de un escritor no son un regalo para la humanidad, son una necesidad

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