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Hoy tenemos dudas, muchas. Hoy nos hacemos preguntas. La pandemia en Bolivia se vive en medio de la incertidumbre y se multiplica exponencialmente -como el número de contagiados- por los abusos del poder político.

Picante de Lengua

¿Por qué Luis Fernando Camacho no es procesado por romper la cuarentena en el departamento más golpeado por la pandemia? ¿Qué tipo de autorización tenía el hijo de la diputada Gina Torres para acompañar «humanitariamente» a su madre? ¿Por qué la hija de una amiga de Yerko Núñez sí puede abordar un avión para regresar a su hogar y no cientos de bolivianes varadxs en distintas regiones?

¿Cuán impune, poderoso e intocable se siente Luis Fernando Camacho para romper la cuarentena en cuanto el cuerpo le pide ir a rezar en la principal avenida de la ciudad con más casos de coronavirus en el país? ¿Cuánto poder cree tener el hijo de una legisladora vinculada íntimamente a círculos de poder en su ciudad, Tarija, y a la mismísima presidenta Jeanine  Áñez, para publicar con total desfachatez un vuelo prácticamente privado en medio de una crisis sanitaria que tiene a familias separadas, personas en grave situación de vulnerabilidad y migrantes pasando frío y hambre en la frontera?

¿Dónde está Arturo «El Peso de la Ley» Murillo? ¿Esa desmedida retórica de violencia y severidad solo cae sobre los contricantes políticos, aquellxs periodistxs que hacen preguntas incómodas, funcionarios gubernamentales de origen indígena, cocodrilos hackers?

¿Por qué se ríen en nuestras caras? ¿Cuánto cinismo puede guardar Yerko Núñez, ministro de la Presidencia, cuando entre risas explica que la madre de la exmiss Rurrenabaque beneficiada por un «vuelo humanitario» es amiga suya? ¿Lxs bolivianxs que desde hace semanas no pueden volver a sus regiones, cada cual con sus emergencias, dolores, enfermedades y carencias, deben forjar una entrañable amistad con alguna autoridad del Gobierno transitorio para beneficiarse de su solidaridad?

¿Cuán privilegiada y protegida por el poder se siente la hija de la amiga de Yerko Núñez, que no duda en exhibir el uso de salas VIP, abordajes a vuelos exclusivos, sin ruborizarse, sin culpa? ¿Cuán desconectada hay que estar de la realidad? ¿Algo así le pasa al ministro? ¿A la Presidenta?

¿Cuán poderosa se sentirá Ginna Torres, que, además de promover sobrevuelos de bendiciones en semana santa para ratificar que su credo es superior al del resto de los mortales, puede subirse a un avión para viajar «por trabajo» y en lugar de hacerlo llegar casi de cabeza a la fiestita de la hija de su mejor amiga?

¿No que los militares, según repitió con voz de mando el ministro de Defensa, habían recuperado su dignidad, que ya no atendían los caprichos del poder político? ¿O la cláusula de dignidad entre la gorilada solo aplica cuando el que manda es indix, morenx, «salvaje»?

¿No es una completa falta de dignidad y hasta sentido común que la diputada Ginna Torres evite pedir disculpas al pueblo boliviano por el uso de influencias para beneficiarse de los recursos del Estado pero sí lo haga con la mano que le dio de comer tortita y lechoncito en el cumpleaños de su adulada? ¿No que estábamos cansados de los abusos de poder? ¿Por qué miles de defensores de la «democracia», la «libertad» y el «Estado de derecho» justifican las acciones de políticos que festejan en medio de la tragedia de miles?

¿No es demasiado descaro presumir la celebración de un cumpleaños familiar cuando la crisis sanitaria en varias regiones del país no deja de sumar contagiadxs y fallecidxs? ¿No es una provocación darse abrazos sin guantes, sonreir sin barbijos, tomarse fotos sin distanciamiento social cuando millones de bolivianes evitamos las muestras de afecto físicas porque la televisión y los medios nos bombardean con mensajes que nos culpabilizan por la crisis sanitaria, por «no respetar la cuarentena», por no poder comprar tapabocas a diario, por salir a buscar el sustento diario después de días sin poder ganar un solo peso, por salvajes?

¿Por qué los sectores de oposición parecen más preocupadxs en ponerle fecha a una elección en la que se presumen ganadores antes que fiscalizar y denunciar las tropelías de un Gobierno tan nefasto como el suyo? ¿Por qué sus principales liderazgos no se pronuncian, o lo hacen mínimamente, sobre la falta de respiradores artificiales, la carencia de personal e insumos de protección, la inconsistencia de datos oficiales, la falta de transparencia en el manejo de donaciones y presupuestos? ¿O entre políticos no se pisan la cola?

La clase política boliviana, una vez más, muestra un rostro mezquino, ambicioso y abusivo. Mientras, en las calles, a pesar de todo, los reclamos y necesidades se multiplican, las voces de protesta también. Algo se incuba, ojalá las convulsiones de los próximos meses no sean capitalizadas por quienes abrazan la bota policial y militar para someternos ni por quienes le dieron la espalda al pueblo para continuar con las viejas mañas de sus predecesores.

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