El poeta chileno Raúl Zurita | Foto: dominio público
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Estamos recopilando literatura que nos ayude a pensar y repensar nuestros vínculos desde el encierro. Cuarentena mood on.  Comenzamos con un texto del poeta chileno Raúl Zurita.

¿QUÉ ES EL PARAISO?

No es un poema,..sin duda no es Dios ni imágenes proyectadas.
Sientan los ruidos de la calle el Paraiso no es un libro ni una presentación de sueños de fe o de religión.

¿Qué es el Paraíso?
Gentes de Hiroshima: …………… ¿Qué es el Paraíso?
Trabajadores chilenos: ………….. ¿Que es el Paraíso?
Naciones de la tierra: ……………. ¿Qué es el Paraíso?

Desde los lugares de este exilio sudamericano, como uno repetido, te hablo del trabajo de asumir en los límites de nuestra vida la construcción del Paraíso.
Yo soy un hambriento, esto es, uno repetido en el hambre.
Yo sufro, esto es, uno repetido en el sufrimiento.
Yo tal vez esté condenado, esto es, uno repetido en la condena.

Yo soy un trabajador del arte y moriré, pero el trabajo del que te hablo no e una preparación para morir, escuchen el latido de sus propios corazones.

Yo trabajo en la obra del Paraíso, pero como uno más en el recorrido de su propia vida, lo que no es trabajar con el cuerpo o con el cerebro únicamente. Trabajar con la vida que uno es significa la proposición de un recorrido de experiencia para el arte, porque nada del arte o de esa forma de arte que es la religión ha estado por la elaboración concreta de vida, sino siempre han sido operaciones proyectadas sobre la muerte.

Y trabajar con la vida que uno es tampoco significa su clausura en imágenes y conceptos como en Platón, escucha; es trabajar con la corrección sistemática de la propia experiencia asumida como un borrador de la experiencia que será, de la vida que alguna vez será. Es un proyecto de construcción de un nuevo contenido y de una nueva forma social de experiencia.

Así, cuando en estos páramos sudamericanos alguien es privado del sustento o es inducido a la muerte por terror o inanición estamos haciendo vida, te digo, dolorosamente, pero estamos preparando un modo distinto de trabajo o que es hacer de la corrección de la práctica en la vida una práctica de arte para la vida.

Entonces el trabajo en la obra del Paraíso no es sólo un trabajo sino mira, no es sólo un trabajo de arte sino de corrección del dolor de la propia experiencia. Yo persisto en ello, pero no como un escritor o un artista, te digo, no como eso solamente, sino más bien como un obrero de la experiencia; como un obrero que penosamente trata de ir corrigiendo los borradore de su propio camino en la experiencia. Como uno cualquiera que en su práctica individual quisiera, de manera perentória, impugnar el individualismo y las ganancias lícitas de los individualistas.

El individualismo es la plusvalía que el terror frente a la muerte le saca al terror frente a la vida per me si va tra la perduta gente. Tan muerte como la escultura de La Pietá.

El individualismo sólo proyecta ficción, es vida produciendo ficción. Te hablo de esto que a la inversa es producir, desde las grandes ficciones colectivas: desde la utopía, toda esa superposición oculta de proyectos que es nuestro propio camino en la experiencia. Vida produciendo ficción es finalmente lo que tu conoces como Historia del Arte o bajo la forma de los Grandes Textos literarios de arte. Ficción produciendo vida esa es una práctica nueva, no para el arte en el arte sino para el arte en la vida, te digo, es una actividad productora de un nuevo sentido de belleza en la vida.

Entendamos entonces nuestra propia actividad productora como una práctica para el Paraíso.
Como una práctica que asumida desde el dolor de la propia experiencia, transforme la experiencia del dolor en la construcción colectiva de un nuevo significado.

Porque tal como las obras individuales de arte son, en el arte, modos psicológicos de exterminio de la actividad productora en la ficción; la soledad, el terror, el hambre, son -en estos pobres poblados- modos físicos de exterminio de la actividad productora en la experiencia.

Entonces asumir en los límites de nuestra vida la construcción del Paraíso, significa asumir conscientemente el trabajo real del dolor, escúchame: significa asumir los contenidos concretos del dolor como una forma de corrección de la experiencia e base a un proyecto socialmente significativo de vida humana.

Entender que es la vida de todos, es entonces dar por concluidas las peores formas de la antiguedad para hacer de cada práctica de arte como un trabajo más, de cada trabajo como una obra de arte, una aplicación activa, propagandística, de nuestras opciones colectivas. Te digo, es confirmar en nuestros caminos todos los posibls de estampar una nueva marca sobre estos lugares sudamericanos. Esa marca es lo que la antiguedad olvidó de la belleza y nosotros, estos cabezas negras, afirmamos nuestro derecho a un trabajo en la belleza. Esa es finalmente la teoría del sueño del Paraíso.

¿Qué es entonces el Paraíso?

El cielo es el lugar que hemos ido llenando siempre con las carencias de la vida. Como tantos, despojado, el año 1975 inicié mi propio trabajo entendido como una práctica para el Paraíso, no para el cielo vacío. El inicio de su camino se abre con el acto de haber marcado mi cara porque todavía no era posible marcar el cielo con el hecho corregido de nuestras vidas, pero en el documento de esa quemada se relaciona este acto autodoloroso con la noche estrellada. Yo sé (y mis amigos también) que cuando podamos rediseñar nuestros trabajos y por ende romper con cualquier obligación al servilismo físico o mental, todos -muertos y vivos- podremos por fin, con el producto de nuestra práctica aquí -no con nuestro desvarío, revertir nuestras carencias y por ende corregir el cielo. Ese es el camino de mi vida, como uno más repetido, el Infierno, el Purgatorio y el Paradiso del Mein Kampf de Raúl Zurita, y este título es apenas una pequeña, ínfima metáfora del inferno. Allí también se menciona el amor, aunque creo que es mejor no insistir en esa palabra, a lo menos por ahora.

Pero la nueva marca en el cielo, no en la cara, ese será el Paraíso.

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