De la ficción a la memoria, un acercamiento a ‘Chaco’

Mariana Ríos Urquidi

Chaco, el más reciente estreno del cine boliviano, está proyectándose en 14 salas de siete ciudades. La experiencia cinematográfica que ofrece es invaluable, no pierdan la oportunidad de verla en pantalla grande. 

La más reciente película del director boliviano Diego Mondaca, Chaco (2020), su primer largometraje de ficción que será estrenado este mes en Bolivia, se sitúa entre las voces de la memoria, entre las narrativas de un país que la historia oficial omitió y que dan cuenta del absurdo de la guerra, del dolor y del trauma infligido en los cuerpos de quienes fueron parte del conflicto entre Bolivia y Paraguay, ocurrido el siglo pasado.

La cinta es una historia sobre el largo silencio instalado en la región del Chaco boliviano a raíz del enfrentamiento bélico que se extendió de 1932 a 1935, y que no terminó con el final de la guerra, pues la experiencia atravesó a los cuerpos de combatientes y excombatientes para toda su vida.

Chaco se instala en el lugar y el tiempo de un conflicto que, hasta la fecha, no termina de pensarse ni de contarse, y que demanda la recuperación de sus memorias a través del “murmullo sombrío y doloroso” que ha dejado, en palabras de Mondaca.

El silencio y la memoria

La película, según explicó su director en una entrevista, nace del silencio que se apoderaba de su abuelo al intentar contar su experiencia en la guerra.

Ese recuerdo biográfico se transforma en una ficción que contiene, en ella misma, el silencio de su abuelo y el de muchos otros, voces mudas que irrumpen en la realidad actual como un sonido hueco, el eco de las fracturas de un país que se imagina incompleto y no logra reconocerse en las construcciones del discurso patriótico. Un país al que le hace falta narrarse a través de otras voces y lenguas, y experimentarse a partir de las múltiples memorias.

A Bolivia le falta entretejerse en sus historias para ampliarse en sentido e identidad.


Sin embargo, resulta importante reconocer que la concepción de toda memoria histórica es compleja, pues supone una reconstrucción colectiva desde el momento presente y no así una develación inmanente, incuestionable.

La historia no es en sí misma sino a partir de las diversas experiencias de un mismo momento, por eso la ficción brinda una mirada importante en tal entramado narrativo que nos permite imaginarnos y unificarnos.

El filósofo alemán, Walter Benjamin, en su tesis VI sobre el concepto de historia escribía: “Articular históricamente lo pasado no significa ‘conocerlo como verdaderamente ha sido’. Consiste, más bien, en adueñarse de un recuerdo tal y como brilla en el instante de un peligro”.

La película

Chaco es el recuerdo de una tropa desventurada ante el peligro que supone el sinsentido de una guerra y que probablemente sea, también, el recuerdo de muchos otros combatientes, tanto bolivianos como paraguayos.

La cinta narra la historia trágica de un grupo de soldados bolivianos, en su mayoría jóvenes quechuas y aymaras, comandados por el general Hans Krueger, militar retirado del ejército alemán y convocado a Bolivia para la batalla contra los paraguayos.

En la película vemos las pericias y dificultades con las que se encuentra este grupo de soldados que deambulan sin rumbo y sin enfrentarse nunca al enemigo buscado.

El calvario sucede en los paisajes de la árida región del Chaco donde la violencia y la barbarie de la guerra se traducen en el absurdo del conflicto y en el encuentro con los cuerpos que fueron enviados y olvidados en el campo de batalla, cuerpos que perdieron sus vidas en el intento por sobrevivir a la miseria de su situación.

Hay momentos importantes en la ficción que nos presenta Mondaca, uno de ellos, es el inicio. Una escena que nos introduce al verdadero conflicto, y no se trata de la batalla ni los motivos por los que se convoca a tal deber.


Chaco inicia con el grupo de soldados avanzando hacia la cámara, hacia los espectadores, a quienes atraviesan, polvorientos y agotados. Recorren un camino árido rodeado por un paisaje agreste en el que la naturaleza no conoce de hambre, sed ni piedad. Se mueven con expresión derrotada. Avanza la tropa, caminan, pero da la sensación de que se arrastraran.

La región del Chaco se introduce en su andar y una fuerte lluvia los empapa desprevenidos. Cae agua en la región desértica y la felicidad de los soldados revela las penurias de su estadía. Sabemos lo que estos hombres echarán en falta porque la emoción que los invade es una advertencia.

Chaco narra los espacios de la “no-guerra” que fue la Guerra del Chaco, al menos una gran parte de ella. Esa confusión es la que vemos en pantalla cuando los soldados no logran encontrar tropas enemigas, sino más bien un paisaje vacío, desierto y mayor penuria.

La desolación que experimentan se traduce en las imágenes y en el gran trabajo sonoro de esta película, porque absolutamente todos los personajes de la historia de Mondaca, escucharán y padecerán el silencio del mito heroico, del deber patrio: la gloria inventada por el imaginario bélico.

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