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 “Es un acto político, es decirle a la Iglesia que no queremos que se metan en nuestras decisiones, en nuestros cuerpos, y es decirle al Estado que la Iglesia no habla en nuestro nombre, que legislen por fuera de las creencias y las presiones de la Iglesia”.

Apostatar significa desligarse institucionalmente de la Iglesia Católica Apostólica Romana. Es la segunda jornada de Apostasías Colectivas. La primera fue el 8 de agosto, el día que se debatía el aborto en el Senado. Aquella vez, 2.500 personas apostataron en toda Argentina (1.200 de la ciudad de Buenos Aires). El sábado 18,de este mes, fueron muchas más porque la campaña se hizo fuerte en las redes sociales y hay varios sitios proponiendo apostasías colectivas y el uso de pañuelos “naranjas” y “negros” con el lema “Iglesia, Estado, asuntos separados”.

“La convocatoria supera todas las expectativas”, dice a Clarín Julieta Arosteguy, de la Coalición Argentina por un Estado Laico (CAEL)-. Es una reacción política frente a la votación contra el aborto del 8 de agosto. La verdad, no tengo registro de que la gente haya repudiado antes la intromisión de la Iglesia en sus vidas”.

La invitación de la Coalisión -formada por numerosas agrupaciones sociales y de derechos humanos- era a sumarse “como gesto político y público de repudio al rechazo del Proyecto de Interrupción Voluntaria del Embarazo en el Senado y a las políticas derivadas de la Doctrina Social de la Iglesia contrarias a la dignidad humana y a los tratados internacionales en materia de Derechos Humanos que hoy tienen jerarquía constitucional”.

La entrega de las apostasías comenzó a las dos de la tarde. En la primera hora, más de 200 personas entregaron sus papeles. La fila fue constante y sostenida a lo largo de la avenida Corrientes. Mucha gente joven. La mayoría, con pañuelos naranjas. Otros, como Rocío, lucían pañuelo negro: “Hubo una votación en los grupos y ganó el naranja, pero después algunos nos dimos cuenta que en el debate por el matrimonio igualitario los que se oponían usaban pañuelos naranjas, como los que se oponen al aborto usan el celeste… Los dogmas no deberían meterse en la vida de la gente ni en la legislación”.

Paz -30 años, psicóloga, Vicente López- cuenta que tiene todos los sacramentos encima: bautismo, comunión, confirmación. “Y siento que la Iglesia no me representa en nada, todos sus ideales son retrógrados, van contra la libertad, y yo quiero libertad para mí y para toda la sociedad”. A su lado, Francisco -Vicente López, 27 años, trabaja en el Ministerio de Educación-, dice: “La Iglesia no está haciendo nada de lo que pregona, como ayudar a los pobres… ver a los obispos con esos crucifijos de oro o al Vaticano es tremendo, y ni hablar de los curas pedófilos que son juzgados por esa justicia divina que tienen que no es justicia”.

“Es una institución nefasta, hipócrita. No estoy de acuerdo con su pensamiento, ni su lineamiento ni su adoctrinamiento”, asegura Paula, 32 años, administrativa, de Barracas. Florencia también de 32, es tatuadora y vive en Recoleta: “El cura que me bautizó en Dolores es un pedófilo, el que me confirmó lo descubrieron en Salta vendiendo bebés. El cura que bautizó a mi mejor amiga fue (el represor, preso, Christian) Von Wernich…”.

“Yo hacía mucho que no me sentía identificado con la Iglesia, pero hacer la apostasía solo es complicado, así colectivamente es mucho mejor”, explica Darío, 34 años, docente en la provincia. Verónica -comerciante de Vicente López, 41 años- está con sus tres hijos: “A ellos no los bauticé… yo quiero salir de la Iglesia, no quiero que reciba dinero en mi nombre, no estoy de acuerdo con todos los derechos que tiene”. Fernando Rey (48) se destaca en la fila por su traje y corbata de abogado: “La Iglesia no me representa en lo más mínimo y lo del aborto fue el detonante. Que le paguemos el sueldo a los obispos en inconcebible. La Iglesia tiene un poder muy fuerte, no sólo simbólico”.

La Iglesia Católica salió a aclarar que no existe trámite que permita anular la condición de católico dada en el bautismo. La doctrina remarca que el bautismo “establece una alianza irrevocable” y que el ritual “imprime en el cristiano un sello espiritual indeleble”.

Fernando Lozada, de la Coalición, había explicado a Clarín que apostatar colectivamente “es un acto político, es decirle a la Iglesia que no queremos que se metan en nuestras decisiones, en nuestros cuerpos, y es decirle al Estado que la Iglesia no habla en nuestro nombre, que legislen por fuera de las creencias y las presiones de la Iglesia”.

Las apostasías de todo el país serán entregadas el viernes 25 en la Conferencia Episcopal Argentina (CEA).

Vía Clarín

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