Pérdida del hábitat: la principal amenaza contra la fauna en la Chiquitania

Vista aérea de la fragmentación y degradación de la cobertura natural del bosque seco chiquitano. Foto: FCBC

Recuperamos una entrevista realizada por una de nuestras compañeras durante los incendios forestales de 2019 en Bolivia. ¿Qué sucede con la fauna silvestre cuando llega el fuego? Un equipo de biólogas nos lo explica.

Según puede leerse en el Libro Rojo de la Fauna Silvestre de Vertebrados de Bolivia, uno de los principales riesgos a los que se enfrentan mamíferos, reptiles, anfibios, la fauna en general, es la pérdida de su hábitat.

Ya sea por el constante crecimiento de las poblaciones humanas y la voracidad con la que suelen expandirse hacia la destrucción de santuarios naturales, o el ambicioso e irrefrenable desplazamiento de la frontera agrícola —entre otros factores también asociados a las actividades humanas—, arrinconan cada vez más a los animales, obligándolos a abandonar sus hogares.

Para entender esta problemática y dejar de hablar desde la consigna. Para comenzar a discutir, pensar y ayudar de manera informada y responsable, conversamos con un grupo de tres biólogas del Museo de Historia Natural Alcide d’Orbigny y recopilamos algunos datos clave.

¿Qué especies ya se encontraban en peligro en la zona, antes de los incendios?

Es importante destacar que el Bosque Seco Chiquitano (BSC) en Bolivia era el bosque seco tropical saludable más grande del mundo. Pero, también, como varios de nuestros ecosistemas, (su fauna) es “poco conocida”. Entre comillas, porque en ningún lugar del mundo se conoce al cien por ciento todas las especies de animales y plantas existentes. Prueba de ello es que cada año se descubren nuevas especies.

Sin embargo, antes del incendio, entre los datos que podemos brindar, están los reportes de la Fundación para la Conservación del Bosque Chiquitano, que indica que, gracias a los trabajos realizados, se conoce aproximadamente el 70% de la fauna de vertebrados y menos del 5% de los invertebrados como insectos y arácnidos.

Igualmente, de acuerdo a la última evaluación del Libro Rojo… , a pesar de estar a una década de su publicación y a que las condiciones de amenaza no han mejorado, muestra que en la zona existen especies en las cuatro categorías de amenaza, que van desde Peligro Crítico hasta Casi Amenazado.

Gráfica tomada del ‘Libro Rojo… ‘

También cabe mencionar que incluso hay nuevas especies que han sido “descubiertas” en esta ecoregión este año y pueden estar en peligro de desaparecer. Es el caso de la ranita Dendropsophus rozenmani, descrita en agosto y que habita solo en El Cerrado y el BSC.

En cuanto a las aves, tenemos especies en peligro como la Anodorhynchus hyacinthinus (guacamayo azul) y la Odontophorus specius (corcovado pechirrufo), que habitaban este ecosistema.

Finalmente, en mamíferos, los más pequeños como roedores y murciélagos son los más vulnerables, ya que son aquellos de los que menor conocimiento se tiene.

Estos últimos, sumados a los anfibios, reptiles e insectos -que no pueden desplazarse grandes distancias para escapar, por un lado-, también están íntimamente relacionados con hábitats de vegetación endémica.

Estas asociaciones son importantes, porque las especies de flora y fauna tienen una distribución restringida. Estamos hablando de varias ecoregiones, no solamente el BSC, sino también el Pantanal, Chaco y Cerrado, que también han sido afectados.

Este incendio es un efecto de la ampliación de la frontera agrícola y suma una amenaza más a las que enfrentan varias especies. Hablamos de persecución, perdida de hábitat, caza ilegal y tráfico, entre otras. No olvidemos que este último problema tuvo mucha repercusión con el caso del jaguar.

Después del incendio, ¿cuáles con las especies que quedarán más afectadas, ya sea por sus características biológicas, de reproducción, migración u otras?

La pérdida de hábitat es la mayor amenaza para las especies en el mundo, Bolivia no es la excepción. La magnitud del incendio, que aún no ha podido ser controlado, afecta de una manera irreversible a nuestra biodiversidad y a todos los componentes de este ecosistema.

El fuego provocado, al no ser un mecanismo natural, hace que muchas especies estén en riesgo, porque no están adaptadas para afrontarlo.

Por ejemplo, la rana Ameerega boehmei, que es única en el mundo y solo puede ser encontrada en un BSC. Mide menos de tres centímetros, por lo que su capacidad de escapar del fuego es casi nula. Y aunque hay animales, como las aves, que por su medio de locomoción podrían escapar rápidamente, dejan atrás nidos, huevos y con esto una generación perdida en medio la las llamas.

Por lo tanto, reptiles, anfibios, pequeños mamíferos, pequeñas aves, insectos y arácnidos son los más vulnerables.

La rana Ameerega boehmei. Foto: Vamos

¿Qué sucede después con los animales? Luego de que se ha destruido su hábitat, como en el caso del BSC, ¿tienen posibilidades de readaptarse?

Este desastre afecta a todas las especies en diferente medida, ya que el bosque provee refugio, alimentación y sitios de reproducción. Las especies que sobrevivan buscarán otros lugares aledaños, solapando nichos de otras especies, en otros ecosistemas, lo que conllevará a un desequilibrio de la cadena alimenticia.

Aquí entra la importancia de la fauna que normalmente pasa desapercibida, como insectos y arácnidos, que juegan un rol importante en los ecosistemas y en la cadena trófica como polinizadores y alimento para animales de nivel superior, que en su mayoría son especialistas. Es decir, animales que se han adaptado a las características de la Chiquitanía, y ecoregiones anexas, que al no tener estas mismas condiciones de vida, no logran adaptarse en tan corto tiempo a otra región y tienden a extinguirse.

Imagen panoramica de un sector del bosque seco chiquitano en Bolivia. Foto: FCBC

En redes sociales se habla mucho de una reforestación urgente, casi inmediata. ¿En cuánto tiempo presumen que podría restablecerse, en alguna medida, el hábitat para la fauna del lugar?

Para poder responder a esta pregunta es importante que la gente entienda que lo primordial en este momento es detener el fuego, evaluar la magnitud de los daños y recién poder pensar en la restauración ecológica en las zonas afectadas.

Lo más difícil se viene en los próximas años, restaurando el hábitat, por lo que la ayuda tiene que ser constante y el asesoramiento científico es primordial.

La reforestación con especies forestales adecuadas es uno de los puntos preocupantes, debido a que tenemos un largo historial de reforestaciones con especies introducidas como el pino y el eucalipto, que dañan aún más los ecosistemas.

Entonces, para un restablecimiento de la fauna del lugar debe de haber un restablecimiento de la flora. Pero, con más de un millón de hectáreas afectadas, solamente el replantar especies nativas y llegar a una cobertura saludable tardará de 30 a 50 años. Y ese es solo el principio. Hasta que llegue ese momento, no sabemos cuántas especies lograrán sobrevivir.

Sin embargo, si realmente logramos cambios en la forma de gestión, manejo y relacionamiento con la naturaleza, lograremos que este proceso esté monitoreado y regulado. Aquí entra la importancia del trabajo de los centros de investigación que coordinadamente pueden aplicar programas efectivos de conservación exsitu para asegurar que aquellos animales que sean rescatados puedan tener un futuro viable.

Desde la ciudadanía y como medios de comunicación, ¿de qué manera podemos colaborar a resguardar a las especies afectadas por los incendios?

Hay varios niveles de colaboración. Está el de respuesta rápida, cuando la ciudadanía y los medios de comunicación colaboran para recaudar insumos para las zonas afectadas y varias personas se anotan como voluntarios para sumar esfuerzos de contención.

El segundo, son acciones a mediano plazo. Hablamos de la realización de marchas, movimientos o plataformas, que ayuden a conseguir cambios en las leyes.

Finalmente, las de largo plazo, son las más difíciles de conseguir, porque exigen un compromiso por parte de la población para hacer seguimientos a la aplicación y respeto de la nueva normativa. Esta última forma de colaboración es la que puede fortalecer mecanismos de mitigación.

En todas estas etapas influye mucho la calidad de información que la gente tenga, solo el conocimiento real de los hechos puede ayudarnos a lograr objetivos en beneficio del bien común.

Ahí es donde la responsabilidad hace eco en cada uno. Dar y compartir información confiable puede hacer la diferencia en cómo actuamos.


Personal del Museo de Historia Natural Alcide d’Orbigny que participó de esta entrevista:

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