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Ocho mujeres históricas del cine boliviano que debes conocer (parte I)

La actriz Benedicta Huanca durante un rodaje. Foto: Grupo Ukamau

Es el Día del Cine Boliviano y, obviah, quieres conocer los grandes aportes de las mujeres a la cinematografía nacional. Aquí comenzamos con cuatro figuras históricas que, a pesar de su protagonismo, no son reconocidas del todo.

Cuando hablamos de cine boliviano los primeros nombres que vienen a nuestra memoria son los de directores, jóvenes o viejos, que coparon históricamente todas las carteleras. Entonces surge la pregunta: en casi cien años de historia del cine en Bolivia, ¿dónde están las mujeres?

En la literatura sobre cine, entre cientos de películas recopiladas por distintos autores, las directoras no pasan de la veintena.

En el libro Historia del cine boliviano (1897-2017), entre los doscientos títulos de largometrajes, solo se lee el nombre de 12 mujeres en la dirección. Cuatro de ellas aparecen bajo la figura de «codirección», junto a colegas varones.

En el mundo digital, la plataforma Bolivia Cine ofrece un catálogo con medio centenar de títulos. Entre ellos, solo siete largometrajes (entre ficción y documental) son dirigidos por mujeres.

Claro, esta ausencia de directoras no tiene nada que ver con los autores de estos estudios ni con la plataforma de streaming nacional. El problema es el machismo estructural del rubro y las actividades artísticas en general.

Antes de continuar, si no lo viste, hace poco publicamos una selección de ilustradoras bolivianas que seguro te interesará revisar después de esta nota.

Las mujeres, por lo general, no ocupan puestos en las principales áreas creativas y de dirección en los procesos cinematográficos locales. Su participación es importante en la continuidad, la producción, el maquillaje o el vestuario.

Al menos eso es lo que sucedía durante la segunda mitad del siglo XX. En el XXI, la participación de las mujeres se ha incrementado, pero siguen existiendo “límites” invisibles, machistas y patriarcales, que aún no se rompen.

En 1989, la comunicadora y videasta Raquel Romero ya contaba que “fue muy difícil pasar a la realización que, en líneas generales, es muy machista, piramidal, vertical, militar, en la forma de organización (…) ¡Los camarógrafos querían dirigir ellos!”

Pero esa es la historia de las mujeres que tenían los medios y recursos (económicos, sociales y culturales) para incursionar en el mundo del cine. Del otro lado de la pantalla están otras protagonistas del séptimo arte en Bolivia. También olvidadas e invisibilizadas.

Según apunta la investigadora Isabel Seguí en El cine según las amas de casa mineras: agenda subalterna, performance y comunicación política, también están las mujeres que se ponen delante de las pantallas.

Es el caso de las amas de casa mineras. Por su actividad sindical pública y su formación política de base, Domitila Barrios y otras lideresas consiguen trastocar una representación victimista y subalternizada de sí mismas, para convertirse en coautoras de las películas en las que participaron.

No sucedió lo mismo con otras protagonistas del cine que fueron filmadas desde un lente urbano y paternalista, que intentó acercarse y contar las historias de lxs indígenas. Sin embargo, su presencia en la pantalla grande y su participación estelar también marcan una disrupción en las lógicas coloniales de las primeras décadas del cine boliviano.

Beatriz Palacios

A pesar de que es uno de los nombres más reconocidos del cine boliviano, la magnitud de su aporte y su figura dentro uno de los periodos históricos más importantes de nuestra cinematografía sigue sin conocerse a plenitud.

Según rescata la investigadora Adriana Montenegro, Beatriz no solo fue uno de los eslabones más importantes del Grupo Ukamau. También participó de la fundación del Movimiento del Nuevo Cine y Video Boliviano, del Consejo Superior de la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano y del Comité de Cineastas de América Latina.

Además, ejerció como representante de Bolivia ante la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños, fue fundadora y directora de la Escuela Andina de Cinematografía y, además, se desempeñó como asesora de la Federación de Mujeres Campesinas de Bolivia.

Beatriz, junto a Liliana de la Quintana y Raquel Romero codirigió La mujer minera y la organización. También compartió la dirección de Las banderas del amanecer, junto a Jorge Sanjinés.

También fue una brillante cronista. Parte de sus escritos se reúnen en la colección Los días rabiosos, editado por la desaparecida editorial Gente Común.

Montenegro escribe que Beatriz tenía al menos otros tres proyectos audiovisuales. Además del guion de un largometraje que en 2022 ganó el premio del Consejo Nacional del Cine: Tierra sin mal.

Un año después, el 2003, lastimosamente, Beatriz falleció sin poder concretar sus propias obras.

“No solamente hago cine porque es un instrumento vital en la tarea de pensarnos y repensarnos sino porque me gusta, porque me fascina la magia del cine, la posibilidad de capturar la vida fugaz, de fijar, casi siempre momentos de belleza, de emoción, de trascendencia humana o social o histórica”

Beatriz Palacios

Benedicta Huanca

Se cree que nació en Huanuni o sus alrededores. Fue protagonista de tres obras fundamentales para la historia del cine boliviano: el cortometraje Aysa, Ukamau y Yawar Mallku.

Poco se sabe de ella y no existen muchos acercamientos a su figura.

El aporte actoral de Benedicta a la obra de Jorge Sanjinés es, por lo general, invisibilizado. Es más, en una revisión a la entrada de Wikipedia sobre el cine boliviano, con referencia a las tres cintas en las que participa, solo se citan los nombres de los actores.

Isabel Seguí, también autora de Las mujeres del Grupo Ukamau: dentro y fuera de la pantalla, comenta que la búsqueda de Benedicta, “así como un rastreo de su biografía, serían factibles y de sumo interés, pues es probable que siga viva, ya que no había cumplido los veinte años cuando inició su trabajo con Ukamau”.

Sobre los papeles construidos para Benedicta en las películas de Sanjinés, Seguí argumenta que “encarna caracteres de ficción esencializados y victimizados”. Estas representaciones en la filmografía del Grupo Ukamau se trastocaron años después, también con la aparición de una mujer imprescindible en la historia boliviana.

Domitila Barrios

Para Seguí, Domitila, como lideresa de un movimiento político y social de base, “exploró las formas de combatir la invisibilidad y aprovechó cualquier oportunidad (oral, escrita, audiovisual) para alzar la voz”. Su aparición en el espectro del cine boliviano, entonces, plantea una disrupción.

El primer testimonio histórico de Domitila aparece en el documental El coraje del pueblo. En un dispositivo cinematográfico complejo —en el que la ficcionalización y lo documental no parecen tener límites— su representación en la pantalla se constituye en una creación autónoma, que de ninguna forma se puede atribuir únicamente al director de la cinta.

La aguerrida dirigenta tuvo un rol creativo clave en la consolidación de una película clave para la historia nacional. La masacre de San Juan, en torno a la que gira el filme, había sido omitida o minimizada por la prensa de la época.

En Muy Waso Podcast también recuperamos parte de la participación de Domitila en El coraje del pueblo para el mashup que hicimos en el Podcastinación 2020 sobre la violencia de Estado en América Latina, junto a Historia Chiquita de México.

En ese fragmento, Domitila reivindica la valentía de las amas de casa mineras frente a las intervenciones militares y reprocha la «cobardía» de sus compañeros varones, quienes según la dirigenta se quedaban «como momias» al ver uniformados.


Domitila también fue protagonista de otros documentales y series como La doble jornada, La mujer minera y la organización o Rebeldías. En todas sus apariciones resaltan su habilidad para tomar el control de su representación y la narrativa que se teje en torno a ella y sus compañeras.

Aunque Domitila es un referente indiscutible, es necesario resaltar que, según sus propios principios, ella encarna también una voz colectiva, comprometida con las reivindicaciones populares.

“Estas mujeres, que no poseían ni los medios de producción fílmicos ni tenían el conocimiento técnico audiovisual que les hubiera permitido hacer sus propias películas, son, sin embargo, coautoras de las películas pues, mediante la ejecución de performances de creación colectiva, depuradas tras muchos años de practicar la toma del espacio público, lograron ejercer control sobre las formas en que eran representadas”.

Isabel Seguí

Sebastiana Kespi

Es la protagonista de una de las piedras angulares de la filmografía nacional: Vuelve Sebastiana. Con solo diez años se inmortalizó frente a las cámaras de Jorge Ruíz en un documental de corte antropológico e innovador para su época.

Curiosamente, según relata el Guillermo Ruíz, hijo del cineasta, durante la filmación —en 1953— Sebastiana no era consciente de lo que representaban el rodaje y el cine como tal.

“Pensaba que me estabas sacando fotos”, le dijo a Ruíz 17 años después, cuando se vio en la proyección del documental por primera vez. Es decir, la interpretación de Sebastiana es completamente orgánica, sin ninguna mediación directa con el concepto performático del cine.

Su participación en Vuelve Sebastiana le permitió gestionar, en algunas ocasiones, ayuda y donaciones para su comunidad. Casi medio siglo después también le valió muchos galardones y reconocimientos.

Sin embargo, la calidad de vida de Sebastiana, incluso en sus últimos años, pese a la demagogia de políticos como el exvicepresidente Álvaro García Linera, no cambió mucho en más de cincuenta años.

Sebastiana murió en 2019, a los 77 años, con incontables obituarios en los principales medios del país.

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