La autora junto al libro con sus textos. | Foto: Muy Waso
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Comenzó a escribir con mucho entusiasmo poco después de haber encontrado unos libros de Víctor Hugo Viscarra. «Es como mi vida», nos dijo mostrándolos y confesando que también le gustaría escribir sobre ella misma. Tiempo después, así lo hizo. Así se vivió el proyecto LIBRERAS en la cárcel San Sebastián Mujeres de Cochabamba.

S.F.C.D*

Me fui a Santa Cruz con mi hermano a cuidar a mi sobrino Arnol. Mientras mi hermano trabajaba y mi cuñada vendía gelatina, yo me quedaba cuidando a mi sobrino. Mi cuñada era mala, siempre buscaba motivos para que mi hermano me pegue. Él le hacía caso, aunque a veces ella mentía. Mi hermano era torpe, me pegaba con kimsacharani.

Yo empecé a vender gelatina y con eso pagaba mis materiales y mi ropa. Como mi hermano me pegaba mucho empecé a escaparme, pero me encontraba y me pegaba de nuevo. Él era muy estricto. A veces peleaban con su mujer y me asustaba. Mi cuñada se hacía pagar su rabia conmigo.

Cuando vendía gelatina conocí a unos amigos en Los Pozos. Me hablaron y me compraron. Constantemente iba donde ellos. Me enseñaron a obtener plata fácil, me enseñaron a robar en el mercado y me parecía más sencillo que vender. Eso hasta que mi hermano me pescó, me pegó y me prohibió ir a Los Pozos.

Una de las participantes de LIBRERAS visita la biblioteca armada por el proyecto.

Volví a vender gelatinas, pero un día que no pude vender nada, le robé al dueño y me escapé. Mi hermano me encontró y me pegó. Toda dolida fui a mi colegio y después ya no pude vender nada, él me controlaba mucho y no podía tardar en volver, porque sino me pegaba.

Un día tardé mucho en salir del colegio y tuve miedo de llegar a su casa, así que me fui a la terminal y le hablé a una señora que iba a Cochabamba, era comerciante. Le propuse ir a Cochabamba con la condición de ayudarla, ella no sabía que mi papá vivía en Cochabamba y aceptó. Tenía miedo de llegar a mi quiosco y me fui a vivir con la señora.

Ella empezó a tratarme mal, no me pagaba y comenzó a golpearme. Decidí irme pero me amenazaba con la policía, decía que les iba a decir que le había robado. Me armé de valor y me fui.

Trabajé con otras personas vendiendo comida, eran muy buenos conmigo. Me compraban ropa y me alimentaban. Un día mi cuñado me encontró y le avisó a mi hermana. Vinieron a recogerme. Yo no quería regresar pero volví a mi quiosco y estudié de nuevo.

Mi hermana L. ya tenía su pareja y su hijo. Seguía estudiando. A mi papá le costó aceptar a mi hermana con su hijo. Cuando ella iba al colegio nosotros lo cuidábamos en el quiosco. A veces era muy abusiva porque nos hacía cuidarlo mucho y hasta lavar su ropa, parecíamos nosotros su mamá. Ella siempre estaba ausente. Se iba a fiestas y se salía todo el tiempo.

Era mala, siempre me odiaba. Me trataba como si fuera su esclava porque era la menor. Siempre me golpeaba o, con mentiras, hacía que mi papá me pegue. Me culpaba por la muerte de mi madre.

Mi papá me quería mucho, a veces me llevaba al estadio o al parque. A mi hermano y hermana les daba rabia.

Este texto forma parte del libro ‘Libreras. Una antología desde la cárcel de San Sebastián Mujeres’, editado por MUY WASO y La Ubre Amarga.

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