Foto: Perspectiva Publicidad y Drones
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Continuamos con nuestra serie de reportes y artículos sobre la gestión gubernamental de la crisis sanitaria. Esta vez ponemos el foco sobre lo que está sucediendo en el departamento de Beni.

Muy Waso

Los relatos se tornan cada día más dramáticos. El embate de la pandemia en Beni es violento y el manto de luto . Mientras, desde el Gobierno central, las discusiones giran en torno a la corruptela en la compra de 170 equipos de AMBU, que no respiradores para Unidades de Terapia Intensiva, su obsesión paranoica con conspiraciones opositoras y rezos, muchos rezos.

Hace un mes Beni tenía solo dos personas contagiadas por el nuevo coronavirus. No, no es que el departamento de Jeanine Áñez estaba protegido por un manto divino gracias al fervor religioso de la Presidenta ni que los benianos cumplían la cuarentena con la disciplina militar (casi dictatorial) que demandaba entre amenazas Arturo Murillo.

Beni tenía solo dos casos porque la cantidad de pruebas realizadas era irrisoria para la magnitud del problema sanitario que se temía en todo el mundo: 10 test por cada 100 mil habitantes. En 44 días, desde la llegada del nuevo coronavirus al país, este departamento solo hizo 48 pruebas, prácticamente una al día, pese a ser limítrofe con regiones críticas a nivel nacional y regional (Santa Cruz y Brasil). ¿Algún otro departamento estaba, entonces, peor en cuanto a testeos? Solo Chuquisaca, que había hecho 39.

Un día después de aquel 23 de abril, Beni tenía 33 casos nuevos. Desde entonces los positivos al COVID-19 han crecido exponencialmente. en solo un mes está muy cerca de alcanzar los mil infectados (902). Para entenderlo mejor pongamos las cosas en gráficos. Abajo se puede observar como las pruebas en el segundo departamento más golpeado por el nuevo coronavirus solo comenzaron a realizarse después de que las puertas al desastre ya estaban abiertas.

En estas gráficas puede advertirse que los testeos fueron priorizados en los departamentos del eje central, una estrategia que aún se mantiene vigente, incluso pese a los malos resultados evidenciados en Beni. Otro ejemplo de esta desidia y falta de atención es Pando, que hasta el momento solo tiene 112 pruebas realizadas y donde cada día surgen denuncias de grandes carabanas de contrabando que ingresan al país por la noche y de madrugada desde Brasil, un país que esta a punto de convertirse en uno de los epicentros de la pandemia a nivel mundial. Pando, con solo 12 positivos al 22 de mayo, como sucedió antes con Oruro y Beni, es otra de las regiones que mantiene un sospechoso «control epidemiológico».

Volviendo a Beni, otros indicadores también son alarmantes y no auguran ni siquiera un escenario moderado. Mucho menos, considerando la ineficiencia del Gobierno de transición en el manejo de la crisis demostrada hasta ahora y las preocupaciones electorales que concentran la atención del Ejecutivo en estos momentos.

La tasa de positividad en Beni es de las más altas de la región (al 22 de mayo): supera con 27 puntos porcentuales a la de la provincia de Guayas, Ecuador, uno de los puntos más críticos de la pandemia en Sudamérica. Pero, ¿qué significa esto? Principalmente dos cosas. Por un lado, la OMS recomienda mantener este indicador entre el 10 y el 20%, si la cifra es muy elevada significa que la cantidad de test que se están haciendo es muy baja y que los sistemas de detección de personas infectadas y la localización de sospechosos es deficiente. Por otra parte, según advierten expertos internacionales, esto también es una señal de que el grado de penetración del virus en la población es alarmante.

Por si fuera poco, la tasa de recuperación, es decir, la cantidad de personas que luego de estar contagiadas dan negativo a las pruebas, es de menos del 1 por ciento (0,4%). De las casi mil personas infectadas en Beni, solo cuatro superaron al virus. ¿Qué pasa con los fallecidos? Aunque la comparación resulte un tanto arbitraria, en términos metodológicos, saber que la tasa de letalidad de Beni es igual a la del Brasil de Bolsonaro nos permite tener una idea de la gravedad que lo que se vive en el departamento oriental.

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