La pandemia acorrala a Pando y pruebas demoran hasta 15 días

Los estados brasileños que rodean Pando suman más de 10 mil casos confirmados de COVID-19. Solo en Río Branco, a escasos 200 kilómetros de Cobija, hay 4237. Sin embargo, los test para lxs pandinxs no aparecen y sus resultados demoran hasta 15 días.

Rolando Aparicio V.

A solo tres horas de Cobija, a menos de 100 kilómetros de otras poblaciones de Pando, se encuentra la ciudad de Rio Branco, Brasil, donde hasta el 2 de junio reportaban 4237 casos confirmados de la COVID-19. En todo el estado de Acre, con quien Pando comparte casi 400 kilómetros de frontera, se registraron 6465 casos positivos del nuevo coronavirus, mientras que en Rondonia, el otro estado brasileño limítrofe con Pando, existen 5477 casos positivos.

La provincia peruana Madre de Dios limita con Pando al oeste y tiene más de medio millar de positivos al nuevo coronavirus. Perú se acerca a las 5 mil personas fallecidas por la enfermedad, superando incluso a China y convirtiéndose en el tercer país de Latinoamérica con más muertes.

A pesar de compartir vecindario con los dos países con los peores indicadores epidemiológicos respecto a la pandemia en Sudamérica, además de ser uno de los puntos de mayor contrabando en el país, en Pando se han realizado 160 pruebas, aproximadamente, desde el inicio de la cuarentena . Algo así como dos por día, en promedio.

Según los informes del Servicio Departamental de Salud (SEDES) de Pando, los últimos resultados de pruebas para la COVID-19 llegaron el 29 de mayo. Desde entonces, en cinco días, las únicas cifras que se actualizaron son las de casos sospechosos, que pasaron de nueve a 37.

Hasta la fecha, el saldo de Pando es de 146 pruebas negativas, 14 positivas, un deceso y 11 recuperadxs.

El 30 de abril, un comunicado gubernamental decía que “el Ministerio de Salud resolvió ampliar la definición de caso sospechoso de coronavirus y aplicar los test a las personas que presenten síntomas como fiebre de 37.5 grados, tos y dificultad respiratoria, además de pérdida de olfato y gusto”. asegura el comunicado del Ministerio de Salud del 30 de abril.

Es decir, en Bolivia, para ser considerado como caso sospechoso y ser candidatx para quizá poder realizar una prueba hay que tener síntomas graves que incluyen fiebre y problemas para respirar. O sea, en Pando actualmente hay casi 40 personas con una sintomatología severa en la incertidumbre y a la espera de recibir sus resultados o hacerse un test.

El 1 de junio el gobierno anunció la entrega de algunos equipos para análisis laboratoriales para la COVID-19 y una sala de aislamiento.

Los funcionarios no aclararon que las salas se encuentran sin unidades de terapia intensiva, porque los cuatro respiradores que entregó el Gobierno están inutilizables por falta de software y baterías y que “los equipos (de laboratorio) todavía no se pueden utilizar por falta de reactivos”, como aclaró el Colegio Médico de Pando un día después.

Luego de casi tres meses de confinamiento, Cobija sigue mandando las escasas pruebas que realiza hasta Santa Cruz de la Sierra. El SEDES pandino denunció que esperan hasta 10 días para obtener los resultados, otras fuentes del sistema de salud confirman que lo más rápido que se obtuvo un resultado fue en siete días, pero que otras veces tardó hasta 15.

Mientras el Gobierno nacional puso el municipio de Cobija en riesgo medio, las autoridades municipales decidieron mantener la cuarentena estricta hasta el 15 de junio “Parece que las autoridades nacionales se olvidan que somos un punto fronterizo de alto riesgo”, reclamó Ana Paula Valenzuela, presidenta del Concejo.

En lo que va la cuarentena, según informa el periódico La Perla del Acre y otros medios pandinos, en diferentes operativos, la policía, las fuerzas armadas y la intendencia municipal, identificaron más de una docena de pasos clandestinos solo en la frontera con Brasil, epicentro de la pandemia en la región.

Aunque el director del SEDES, Kuniaki Murakami, pide que las personas encontradas con mercadería de contrabando sean procesadas y encarceladas por atentar contra la salud de la población pandina, las autoridades explican que, para ser considerado delito, el valor de la mercancía tiene que superar los 400 mil bolivianos, una cifra imposible, considerando que se trata de “contrabando hormiga” y la pena pasa por una simple “contravención aduanera”.

Cómo están de abandonadxs lxs pandinxs que ni las fuerzas represivas -lo único que movilizó con fruición el Gobierno transitorio- parecen tener entereza en el norte amazónico boliviano.

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