The Crown, la paridad democrática en Bolivia y un libro para descargar

Paridad más allá de la paridad es el título de un estudio que acaba de ser presentado y publicado en Bolivia. En él se hace un repaso histórico a la participación de las mujeres en la democracia y el ejercicio del poder. Te dejamos un acercamiento a su lectura, en un crossover con la serie The Crown

Puedes descargar el libro aquí

Dos de las mujeres más poderosas de su país se conocen por primera vez. En medio de la conversación, una de ellas dice que “las mujeres, en general, no son idóneas para cargos de liderazgo”.

— ¿Por qué?— pregunta sorprendida su interlocutora.

—Se dejan arrastrar por sus emociones.

Como ratificando sus prejuicios, durante sus tres mandatos, Margaret Thatcher tuvo entre sus colaboradores de primera línea unos 140 varones y apenas tres mujeres.

En aquella charla, recreada en el episodio inaugural de la cuarta temporada de The Crown, la Dama de Hierro se presentaba frente a la Reina Isabel como primera ministra británica.

Thatcher, en ese momento, era la única mujer en asumir el cargo en más de 250 años de historia en el Reino Unido. Su carrera política había comenzado, oficialmente, 20 años antes, como integrante del parlamento.

Paridad en Bolivia

Históricamente, la participación política de las mujeres bolivianas también comienza en los órganos deliberativos: Congresos y, luego, Asambleas nacionales.

En el primer Congreso boliviano (resultado de las elecciones de 1980) hubo tan solo una mujer en 130 diputaciones y dos mujeres en 27 senaturías.

Tuvieron que pasar más de 30 años para que la balanza de representación legislativa sea equilibrada, como un reflejo de la sociedad. No fue hasta 2014 que la participación de las mujeres en las cámaras Alta y Baja alcanzó una proporción casi del 50/50 respecto a los varones.

Un panorama similar es el que se perfila en el resto de órganos deliberativos de los gobiernos subnacionales.

Como se desglosa y detalla en el libro Paridad más allá de la paridad, esta conquista de espacios parlamentarios no es casual. Detrás de este incremento sostenido de la participación política de las bolivianas existe un marco normativo en constante evolución.

Este proyecto de investigación fue desarrollado por Oxfam en Bolivia, la Coordinadora de la Mujer y el Centro de Estudios Superiores Universitarios (CESU).

MAE

En agosto de 2019, meses antes de la crisis postelectoral, entrevisté a una joven legisladora opositora. Pocos días después fue confirmada como candidata vicepresidencial.

Su percepción general sobre el ejercicio legislativo mostraba cierto desencanto.

Por un lado, decía, las legisladoras deben enfrentar constantes ataques machistas y patriarcales por parte de sus colegas varones. Según ella, estas prácticas abusivas vienen, indistintamente, desde el oficialismo y la oposición.

Por otro, las disputas partidarias y la polarización exacerbada del debate no dejaban espacio a la gestión.

Frente a ese panorama, me comentaba que su objetivo era alcanzar un puesto “MAE” (máxima autoridad ejecutiva) en cualquier nivel del Estado. Decía que desde ese lugar se podían impulsar transformaciones mucho más importantes y tangibles.

Por el momento, esta ambición de acceder a un sitial de decisión ejecutiva no pudo ser concretada.

El síndrome Thatcher

Pese a los avances en la participación política de las mujeres, el mundo parece seguir siendo el mismo de Margaret Thatcher en aquel encuentro de 1979 con la Reina Isabel.

Según cálculos de ONU Mujeres, al ritmo actual de inclusión de mujeres en las “más altas esferas de decisión”, se necesitarán al menos 130 años para alcanzar la igualdad de género en estas áreas.

El estudio Paridad más allá de la paridad confirma que el escenario boliviano es similar. Pese a la conquista de los espacios de representación política, los órganos ejecutivos, los espacios de decisión, parecen seguir siendo vetados para las mujeres.

“Este dato de permanente exclusión de las mujeres en los órganos ejecutivos, sin ninguna señal de apertura, nos desafía a pensar en una nueva generación de reformas (…) para impulsar y garantizar el acceso de las mujeres a los cargos electivos de Gobierno”.

Pero no se trata solo de los cargos “electivos”. Lo que podríamos bautizar como el síndrome Thatcher extiende sus tentáculos patriarcales por toda la estructura de los Ejecutivos.

Entre 1993 y 2021, los distintos gabinetes ministeriales estuvieron conformados principalmente por varones. Solo en dos ocasiones esta tendencia fue quebrada con un 50/50 (2010 y 2011).

Sin embargo, a partir de esa gestión la participación de mujeres en el Ejecutivo fue cayendo. Como muestra, hasta marzo de 2021, solo dos de cada diez autoridades dentro del Gobierno de Luis Arce eran mujeres.

Tabla: ‘Paridad más allá de la paridad’

Esta brecha también es visible en el mapa mundial «Mujeres en la política 2020» de la ONU. En este documento, Bolivia ocupa el tercer lugar en la cantidad de mujeres en el parlamento. En cambio, cuando se trata de mujeres en cargos ministeriales, se ubica en el lugar 64.

Nunca es igual para todas

Mientras algunas mujeres políticas bolivianas piensan en una MAE, otras deben enfrentar un camino completamente distinto.

También en agosto de 2019 conversé con una joven lideresa feminista. En un contexto previo al de la crisis, me comentaba que buscaban articular un nuevo instrumento político. Su objetivo era ingresar al terreno de la democracia electoral y conseguir cuotas legislativas para interpelar a los poderosos en sus propios términos.

Se trata de una construcción desde las bases, siguiendo el ejemplo de organizaciones políticas de otros países de la región.

Para algunas, el ejercicio de la representatividad, en términos de aspiraciones políticas, puede ser una vía agotada o superada. Sin embargo, para otras, representa una oportunidad disruptiva en la disputa del poder político.

La paridad, de alguna forma, impulsa y facilita la participación de sectores y organizaciones históricamente excluidas o desplazadas.

El fenómeno Thatcher

La asunción de Thatcher representó, para todo el mundo, no solo para su país, un hito en la participación de las mujeres en la política. Sin embargo, la lideresa conservadora nunca hizo nada por abrir el camino para otras políticas.

Incluso 40 años después, aún hay 119 países que nunca han sido presididos por mujeres.

El fenómeno Thatcher es una buena forma de repensar la paridad democrática. Ella nunca impulsó políticas para favorecer la llegada de otras mujeres a puestos de decisión. En cambio, las menospreciaba y dudaba de su capacidad para el liderazgo.

A lo largo de su carrera, Thatcher sufrió una batería inagotable de ataques e insultos clasistas y sexistas, pero nunca se desvió de una retórica patriarcal —casi antifeminista— y un programa político antipopular.

Thatcher defendía y alimentaba el sistema que la injuriaba y que la obligaba a demostrar su «valor», en términos completamente machistas.

Paridad más allá de la paridad

Es decir, la llegada de mujeres al poder, dentro un mero ejercicio de paridad, no representa una garantía de transformación, pero es un dispositivo efectivo para plantear discusiones que se suelen silenciar.

La paridad no es solo un instrumento para la participación política de la mujer o la administración de un sistema de cuotas.

Gracias a los mecanismos de paridad, en un ejercicio crítico de su funcionamiento, también se revelan las estructuras discriminatorias y patriarcales con las que se blinda el poder desde adentro.

La paridad democrática, como un efecto colateral, deja en evidencia la violencia con la que actúa la clase política boliviana, machista y patriarcal, cuando se le disputa el poder. Incluso cuando esa «disputa» representa solo una distribución equitativa de escaños.

Como en el caso de Thatcher, el estudio Paridad más allá de la paridad subraya que las mujeres políticas no solo deben hacerle frente a los desafíos de sus cargos. También enfrentan el acoso y la violencia sistemática de una machocracia latente.

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