Sucre y su memoria de fuego: las luchas feministas también se heredan

Integrantes de Yuyay Ninamanta en Sucre.

María Ángela Borja y Araceli Yesenia Gómez, integrantes de la colectiva Yuyay Ninamanta revisando casos de feminicidios y violaciones sin sentencia. Foto Dayana Martínez

Yuyay Ninamanta es un joven colectivo feminista. Su nombre, su origen, hace referencia a la importancia de la memoria en las luchas y reivindicaciones de las mujeres. En poco más de un año, desde su fundación, acompañaron casos emblemáticos en la búsqueda de justicia para las mujeres chuquisaqueñas.


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El 12 de noviembre de 1996, Adela Cárdenas fue asesinada por su esposo Vidal Cruz. Su cuerpo, cercenado y después quemado, fue dispersado entre Sucre y el municipio vecino de Yotala.

El crimen movilizó, aún más, a decenas de mujeres que ya propugnaban el feminismo en la capital de Bolivia y a muchas otras que se sumaron a las protestas para exigir justicia.

María Ángela Borja, actual integrante de la colectiva feminista Yuyay Ninamanta, se remonta a esa protesta al contar que el trabajo de las activistas, con o sin agrupaciones específicas, ha estado vigente desde hace muchos años.

Ella es muy joven como para haber participado de las movilizaciones por Adela, pero la memoria y las luchas también se heredan. De hecho, eso es lo que evocan en el nombre de su colectiva.

Yuyay Ninamanta es un frase quechua que significa “la memoria de fuego”. Fue elegida por sus fundadoras para darle una resignificación a la importancia de la memoria en las luchas de las mujeres.

Es así que Yuyay Ninamanta se convierte en un espacio de conexión con las mujeres que, en el pasado, “han luchado, que han resistido, que han peleado… que han enojado y que han incomodado”, explica María Ángela.

Plantón feminista de la colectiva Yuyay Ninamanta.

Con la mirada puesta en el sistema judicial

La necesidad de proteger y respaldar a las víctimas de feminicidios y sus familiares movilizó a Yuyay Ninamanta en audiencias y actuaciones judiciales en casos «polémicos». Pero también en otros menos mediáticos para los que las contactaron.

Su trabajo empezó incluso antes de ser una colectiva. ¿Cómo se inició todo?

Un grupo de amigas se contaban que a “esta cuata, señora, mi vecina le pasa esto” y acudían a apoyarlas.

Luego de armar algunos podcasts sobre temas que les interesaban, decidieron crear un grupo feminista y así nació, a finales de 2020, Yuyay Ninamanta.

Su primera gran convocatoria fue la del 8M de 2021. Una hazaña que esperan seguir replicando este año. Pero su trabajo trasciende aún más allá de las protestas feministas. Su acompañamiento con pancartas o plantones se complementa con asesoría judicial o psicológica, según lo que se necesite de ellas.

Los feminicidios de Ligia Lora y Favia Coa

Los feminicidios de Ligia Lora y Favia Coa son dos de los casos de los que más han sacudido a Sucre en los últimos siete años. En ambos procesos, los autores de los asesinatos recibieron sentencias al finalizar el 2021 y comenzando esta gestión.

Yuyay Ninamanta respaldó a las familias de las víctimas con vigilias en las audiencias e incluso ofreciendo un seguimiento legal de parte de algunas de sus integrantes.

Ligia era una joven madre de tres hijos que fue encontrada sin vida el miércoles 4 de noviembre de 2015 por su esposo. El feminicida intentó hacer ver el caso como un suicidio. Tras varias investigaciones se supo que Ligia había muerto antes de esa fecha.

El proceso duró más de seis años, incluyendo apelaciones. Finalmente, la sentencia de 30 años de cárcel sin derecho a indulto para Juan Carlos Vélez Terán se ratificó. Esto sucedió recién en febrero de este año.

El fallo se dio horas después de que el Gobierno nacional anunciara la creación de una comisión de revisión de casos de violación y feminicidio. Una acción basada en la demanda de Mujeres Creando y bajo la presión por masivas protestas en todo el país. El 31 de enero, miles de personas salieron a las calles para exigir justicia para las víctimas de violencia machista, luego de las irregularidades destapadas con el caso del feminicida serial Richard Choque.

Durante el proceso, los padres de Ligia Lora también pidieron justicia para la memoria de su hija. Además, solicitaban tener la custodia de sus nietos. Las activistas de Yuyay Ninamanta los acompañaron continuamente para hacer seguimiento al caso.

El aliento de Yuyay Ninamanta

En el caso de Favia, la situación fue similar. El acompañamiento de la colectiva fue un aliento para la familia que solo pedía una sentencia justa para los asesinos de la joven. Favia fue atacada con saña: recibió 15 puñaladas.

Su cuerpo fue encontrado en un lote baldío el 29 de abril de 2018. El crimen ocurrió esa madrugada y los autores fueron Mirko Sanabria -en ese entonces Intendente Municipal de Sucre- y Oscar Barcaya. Ambos feminicidas fueron sentenciados a 30 años de cárcel en octubre de 2021.

Lucía Coa, la hermana de Favia, fue el rostro más visible de la familia.

“Mucho tarda la justicia, no debería ser así. Una víctima sufre acordándose en cada audiencia, yo no podía dormir porque siempre venían a insultarme. Todo nos hacían”, relata Lucía en una entrevista luego de conocerse la sentencia del caso.

La colectiva, explica María Ángela Borja, siempre estuvo en contacto con la familia para respaldarla ante los ataques de quienes defendían a los feminicidas.

El aborto y las mujeres como acusadas

Para María Ángela es importante recordar que las mujeres no solo están sujetas a situaciones de injusticia como víctimas, sino también como presuntas autoras. Como sucede en los casos de aborto.

Recuerda que un caso al que acompañaron se tipificó inicialmente como infanticidio, con el fin de aumentar la sanción a una joven mujer que estaba atravesando por una delicada situación de salud mental.

Ella podía haber accedido a una interrupción legal del embarazo, explica María Ángela, pero la falta de recursos y desconocimiento la llevaron a acudir a otras vías.

La activista remarca que no había elementos suficientes para que el caso sea infanticidio, pero se tipificó de esa manera y la llevaron a detención preventiva de forma inmediata.

Al final, se logró que se cambie el tipo penal, pero fue una situación difícil de alcanzar. La colectiva percibía que las autoridades, abogados y funcionarios de salud querían “castigarla” por lo que hizo.

“Este proceso fue súper importante porque muchas veces el activismo y esta lucha contra la violencia hacia la mujer se quedan en las víctimas. No toman en cuenta a esas mujeres que están procesadas por aborto, homicidio en defensa propia. No se toma en cuenta a las que no son víctimas».

Recientemente, las activistas trabajan también en la búsqueda de casi 50 casos de feminicidas y violadores que han sido liberados pese a tener sentencia. O que nunca recibieron una, porque sus casos han quedado en registros olvidados.

Sus acciones, también como parte de los Teléfonos de la Esperanza con Mujeres Creando de La Paz, van creciendo día a día como un fuego que en algunos años también será recordado y reivindicado.

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