Una Whipala ondea frente a la Puerta de Alcalá en Madrid | Foto: Manuel Vázquez/El País
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En 2018 se cumplieron 20 años del boom de la migración latinoamericana en España. A ese hay que sumarle el de otras latitudes. La parte española de la península ibérica es un territorio migrante, atravesado por diferentes culturas, aunque conservadores y extrema derecha se nieguen a verlo.

Valeria Canelas

Entiendo la importancia de las estadísticas pero siempre me cuesta mucho incluirlas en una argumentación porque siento que, bajo otros parámetros, podría usarlas para decir lo contrario a lo que quiero afirmar. Sin embargo, desde que leí los siguientes datos, no dejo de pensar en ellos y en todo lo que se puede analizar a partir de los mismos:

La edad media de la población en España es de 44 años.

Del total de la población que vive en España el 89.3 % son españoles y el 10.7% son extranjeros, la mayoría (59.5 %) no comunitarios.

Sin embargo, en la franja de edad que va de los 16 a los 44 años, que es el grupo más numeroso de población, los porcentajes son bastante distintos. El 55.3% son (somos) extranjeros y el 34.7 % españoles. Todo esto basándonos únicamente en las personas empadronadas.

Y, como sabemos, para muchas personas migrantes el empadronamiento es otro de esos infiernos burocráticos. Por lo que probablemente hay bastante gente que ni siquiera sale reflejada en estas estadísticas oficiales. Por otra parte, probablemente en estos años bastantes personas extranjeras, que también aparecen en esa franja de edad, se han sacado la nacionalidad española y eso tampoco se refleja en estos datos.

La diferencia de población extranjera que hay entre los porcentajes del total de la población frente a los de esa franja de edad sucede porque, como es sabido, la población española es una población envejecida que además tiene bajos índices de natalidad. El recambio generacional solo ha sido posible últimamente por los nacimientos en la población extranjera.

De esto se pueden sacar múltiples conclusiones:

La primera es que me parece tremendo que los extranjeros y extranjeras, que en ciertas edades constituimos más del 50%, no podamos votar en las elecciones generales.

La segunda, que aquellos que centran su discurso en despreciar y estigmatizar a las extranjeras no tienen ni la más mínima idea del país en el que están viviendo.

La tercera, que me parece muy sintomático que haya ciertos trabajos, como, por ejemplo, los del sector educativo o los de la administración pública, en los que la representación de la población extranjera sea mínima porque, entre otras cosas, la población extranjera no comunitaria no puede opositar. El caso de la educación me parece, por otra parte, muy preocupante, tomando en cuenta que en el alumnado sí que se refleja bastante bien la diversidad de la población que vive en este territorio. Por no hablar de los medios de comunicación o de la clase política, donde la representación es bastante mínima.

La cuarta, que me parece muy elocuente que dentro del sector cultural estos porcentajes tampoco se reflejen. En el caso de la literatura producida en España, me parece bastante sintomático que no se editen más libros de escritores y escritoras migrantes, ni de primera ni de segunda generación. Espero con ansias el momento en el que en la literatura editada en España se produzca algo similar a la llamada «latino literature» de Estados Unidos. La Sandra Cisneros de Usera, el Tomás Rivera de El Raval, el Juan Felipe Herrera de El Ejido, la Achy Obejas de El Puerto de Santa María, el Marcelo Hernández Castillo de San Francisco.

Finalmente, me parece evidente que estos porcentajes de población están transformando por completo la fisionomía de este país, aunque muchos, incluidas las instituciones, se esfuercen en negarlo y en estigmatizar a la población migrante.

Cuando leo todos los pactos influenciados por el discurso de Vox que se están firmando, cuando veo la exclusión sanitaria que se quiere imponer o que ya se ha impuesto en muchas comunidades, la persecución a la que se somete a la población migrante, cuando escucho comentarios racistas en la calle, en el transporte público, en los medios de comunicación… solo puedo pensar: no tienen ni idea del país en el que están viviendo, mañana seremos millones. Es más, ¡ya somos millones!

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