Roberto Guilhon, el coleccionista de historias y una vida entregada al cine

El 22 de septiembre en el Five Fest los cineastas Rodrigo Lizárraga y Eddy Vásquez presentarán una semblanza cinematográfica y musical de Roberto Guilhon. Además, se lanzará el primer afiche de Concupiscencia y una campaña de crowdfunding para concluir la opera prima del actor fallecido en 2019. 

*Semanas después del fallecimiento del cineasta Roberto Guilhon, conversamos con dos de sus colegas y amigos. Este perfil es resultado de esa entrevista.
**El Five Fest se transmitirá por su página de Facebook y contará con más de 12 bandas y músicxs.

Roberto Guilhon coleccionaba objetos, instantes, historias, amistades y personajes. Los guardaba siempre con afecto y dedicación. Se entregaba a ellos con minuciosidad. Cada detalle, cada forma, cada color, cada sonido, cada evocación. Durante diez años, o más, Roberto recolectaba las piezas de una película que nunca dejaba de imaginar. Cada día hallaba alrededor suyo un nuevo fragmento para esa fábula que lo habitaba y por la que vivió durante la última década de su vida.

Quienes conocieron su habitación dicen que estaba llena de “juguetitos”, pequeños artefactos de memoria con los que iba construyendo un universo cinematográfico que supo alimentar sus interpretaciones en películas como Lo más bonito y mis mejores años y Los Viejos, de Martín Boulocq, o El olor de tu ausencia de uno de sus amigos más próximos, Eddy Vásquez.

Pero estos pequeños destellos que veía en la cotidianidad y que se apresuraba en capturar con cariño y curiosidad, también servían como el germen de su propia creación, una película todavía inédita, sin estrenar, inconclusa. Por eso, su partida dejó un vacío tan profundo, casi irreparable.

Pero esta grieta en su propia historia no durará mucho más, gracias al esfuerzo de sus compañeros.

Ron, el coleccionista

Roberto Guilhon (izq.) dirige el rodaje de ‘Concupiscencia’. Foto: Equipo de Producción

En julio de 2019, la gran estantería con los detalles de una película pensada durante miles de días, soñada durante otras tantas noches, perdió la mano maestra que dirigía la coreografía de casualidades y obsesiones sobre la que se fue construyendo Concupiscencia, el largometraje que Ron, como lo llamaban sus amigos, no pudo ver en la pantalla grande.

“A veces los agarraba en la mano todo el día y se imaginaba situaciones con esas cosas, con esos objetos”, nos cuenta Salvi Fuentes, uno de sus compañeros en lo que Roberto imaginaba como una travesía cinematográfica.

“Antes de empezar a escribir el guion, cuando lo tenía solo como una idea, él iba recolectando piezas, en sus viajes, en todo lo que hacía. Elementos que él sabía que iba a usar en la película”.

Doce años antes de que siquiera haya la posibilidad de pensar en el rodaje de Concupiscencia, Roberto reunía sus fragmentos, los hacía suyos, se metía en ellos y dejaba que lo atraviesen. Hacía del cine, de su construcción, una forma de vida.

“Encontraba una piedrita, algo que nadie utilizaba o que alguien le regalaba, cualquier cosa para él tenía algún significado, de alguna u otra manera. Siempre trataba de encontrar algo, todo era para la película. Pero lo que me ha sorprendido es ver esos elementos 10 años después”, agrega Salvi emocionado.

Todavía con la ausencia de Roberto en el aire, está convencido de que Roberto vivió “todos estos años, esta última etapa, para su película”.

Roberto anotaba cada una de las situaciones que veía o vivía para alimentar su obra. A veces las palabras no alcanzaban y dibujaba con la minuciosidad de un niño que quiere capturarlo todo a través de lápices y colores.

«El color de la ropa, el color de los zapatos, las gafas, todos los elementos estaban bien pensados”, comenta el también encargado del montaje. Roberto pasó con él largas jornadas viviendo para el cine, para su opera prima.

Luego del rodaje de la película, Roberto viajó hasta Estado Unidos para trabajar la edición junto a Salvi. Durante un mes, ambos compartían una rutina de ocho horas diarias enfocadas solo en la película de Ron.

Tráiler de ‘Lo más bonito y mis mejores años’

Entremedio, surgían el humor y las inagotables anécdotas que Guilhon hilaba con ocurrencia. En estas charlas se revelaba no solo como un coleccionista de objetos e historias, sino también de personas y talentos.

“Necesitamos subir al barco y navegar”, recuerda que le escribió Roberto en un email apenas terminó la etapa del rodaje. Salvi también había sido “fichado”, como él mismo dice, muchos años antes para formar parte de lo que se convirtió en un proyecto de vida.

El cineasta Eddy Vásquez, sobre esta habilidad, recuerda que un actor coprotagónico de Concupiscencia fue reclutado por Guilhon cuando la cinta estaba prácticamente en un estado larvario. Años después, al ser contactado para participar de la filmación, su vida era otra y no había espacio para “jugar” a la actuación.

Pero “Roberto no desistió y le envió un guion que decía ‘para el único Damián’. Ese sencillo texto al principio, esos detalles que él solía tener, convencieron a su actor. Aceptó, llamó, y ha sido una sorpresa”, cuenta Vásquez, quien se ocupó de la fotografía y la producción ejecutiva de Concupiscencia.

Así, gran parte del reparto del filme está integrado por actores naturales, sin experiencia profesional. Quienes participaron del rodaje, adelantan que la mano de Roberto en la dirección actoral es «sorprendente y sobria».

Un tumor, siete años después

Roberto Guilhon (izq.) dirige el rodaje de ‘Concupiscencia’. Foto: Equipo de Producción

Eddy Vásquez fue el brazo derecho de Guilhon durante un rodaje complejo, en el que la enfermedad del actor ya se elevaba como una oscura nube amenazando el destino final de la cinta.

“Ten cuidado”, le pidió Eddy a Roberto cuando asumió el reto de remplazar a un miembro del elenco que no se había presentado para actuar. El papel era exigente y demandaba un gran desgaste físico.

Con su cuerpo y salud al límite, Guilhon se decidió por actuar y dirigir. «Eddy, he pensado bien y voy a actuar, voy a hacer ese personaje», le dijo a Vásquez de un momento a otro, con el rodaje en marcha.

“La presencia de él es muy fuerte en la pantalla. Todo empezó a funcionar y creo que (la actuación de Roberto) le ha dado más peso a la película”, comenta Eddy.

Podría decirse que no era la primera vez que Roberto hacía algo así.

Tráiler de ‘El olor de tu ausencia’

El 2013, cuando ambos trabajaron juntos en El olor de tu ausencia, Guilhon había participado activamente en la construcción y dirección de su propio personaje.

“Él siempre dirigía a sus personajes. Esa fue la única condición que me puso para estar en mi película y todo ha sido mucho mejor gracias a esa decisión”.

Pero las circunstancias, en el caso de Concupiscencia, fueron un tanto diferentes.

El cuerpo de Roberto se resentía cada tanto y las filmaciones debían postergarse hasta que se recuperara. Y siempre lo hacía. La entereza y la fuerza de voluntad del cineasta para concluir su opera prima levantan los elogios de sus amigos.

Pero esta fortaleza traspasaba el set de grabación.

Roberto Guilhon (izq.) dirige el rodaje de ‘Concupiscencia’. Foto: Equipo de Producción

Cuando le diagnosticaron un tumor en la cabeza, los médicos le aseguraban solo un par de meses de vida. Siete años y una película suya después, Roberto, pese a todo, se mantenía firme.

“Dirigir en esa situación era bastante pesado, hacer el personaje requería todavía más esfuerzo. Luego de haber terminado la película, pasado el tiempo, nos damos cuenta de lo realmente fuerte que era Roberto”.

Como tributo a esa constancia y fuerza de voluntad, Eddy Vásquez y Salvi Fuentes decidieron continuar con el proceso de postproducción de la película. El objetivo es estrenar públicamente el primer largometraje de Roberto Guilhon, reflejo de más de una década de trabajo.

Roberto Guilhon (der.) dirige el rodaje de ‘Concupiscencia’. Foto: Equipo de Producción

“Lo ideal era terminar antes, para que Roberto pueda verla, pero por temas de salud no se ha podido”, comenta Eddy, a pocos meses del fallecimiento de su amigo, aún sin poder hablar de su partida del todo.

“Nos ha dado una lección, incluso para los chicos que recién están empezando. Sí se puede una película sin tener nada”, dice Salvi y rescata la habilidad de Roberto para crear comunidad, hacer del cine cuerpo, vida y familia.

La tarea por llevar Concupiscencia hasta su estreno es compartida por otros amigos y colegas del audiovisual cochabambino.

El equipo de Ron aún sigue en pie, con su película de debut al hombro.

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