¿Qué normas vulnera Bolivisión al entrevistar a la hija de una víctima de feminicidio?

Un cartel contra la violencia patriarcal y machista durante la marcha por el 8M de 2021 en Santa Cruz de la Sierra. Foto: Sara Venegas

La entrevista en vivo a una niña que fue testigo del feminicidio de su madre en Trinidad, al norte de Bolivia, es un ejemplo de que los medios de comunicación aún desconocen las leyes que protegen a lxs menores.

Tampoco siguen las recomendaciones básicas en la cobertura de crímenes de violencia patriarcal y machista.

Cuando el morbo manda, la ética se desvanece.

El primer feminicidio del 2022 en Bolivia ocurrió este miércoles (05.01.22). Una vez más, varias televisoras y medios digitales, decidieron espectacularizar la violencia machista y patriarcal. Decidieron omitir códigos de ética periodística y protocolos de cobertura contra la violencia de género.

El reporte policial de este crimen, transmitido por medios de comunicación locales y de alcance nacional, difunde el nombre completo de la víctima de feminicidio: la zona y la calle donde fue asesinada.

La misma ubicación en la que vive su familia y la principal testigo del crimen: su hija. Así comienza un violento proceso de revictimización mediática.

Dos minutos

Por la noche, en esa misma ubicación, el programa “Aquí en vivo” del canal Bolivisión realizó una transmisión “en directo” del velorio de la víctima de feminicidio.

“Yo también quiero hablar en este momento con la menor que presenció este hecho”, dice la periodista que luego revela el nombre y edad de la niña. Nunca precisa si usa un nombre ficticio, como amerita el caso.

Según los artículos 143 y 144 del Código Niña, Niño y Adolescente, les niñes y adolescentes tienen derecho a que se garantice “la privacidad e intimidad familiar (…) desde el Estado, la sociedad y los medios de comunicación”.

Asimismo, “los medios de comunicación están obligados a preservar su identificación, así como la de su entorno familiar, en los casos que afectare su imagen o integridad”.

Las infracciones a esta norma, según su artículo 176, van desde la prestación de servicios comunitarios o arrestos, hasta la “suspensión temporal del cargo, función, profesión u oficio”.

“Por razones obvias no vamos a mostrar el rostro, pero queremos saber qué es lo que pasó”, complementa la reportera.

Entonces la niña comienza una narración detallada del asesinato de su madre. La escena, transmitida en directo, con el féretro de la víctima de fondo, se extiende por dos minutos.

No es suficiente con que la niña haya tenido que presenciar un violento crimen, sino que fue inducida a recordar el momento para un reporte en “exclusiva” transmitido a nivel nacional.

Según el Código Nacional de Ética Periodística de Bolivia, los medios de comunicación tienen la obligación de “respetar la dignidad, el honor, la intimidad y la vida privada de todas las personas públicas y privadas”.

“La niña todavía debe estar en shock. Por eso lo cuenta de esa forma”, atina a decir el presentador desde estudios para justificar el vergonzoso episodio.

El morbo y la revictimización son la norma

Según un estudio sobre la cobertura mediática de feminicidios de la periodista Patricia Cusicanqui, nueve de cada diez reportes televisivos “explotan” el morbo y la espectacularización de los crímenes contra mujeres.

Una cifra similar apunta a que las televisoras contribuyen con la revictimización de las mujeres que sufren violencia y sus familias.

En la mayoría de los casos siguiendo el “modus operandi” de Bolivisión en Trinidad: publican fotografías no autorizadas por los familiares, realizan filmaciones desde los salones velatorios o sus viviendas, revelando su ubicación.

El  Código Nacional de Ética Periodística indica que los medios de comunicación y todos los trabajadores de la información nunca deben “acudir al sensacionalismo ni exhibir en ningún medio periodístico imágenes de cadáveres, de heridos graves o de personas en situaciones extremas». Menos aún desde una perspectiva «morbosa y reiterativa”.

Bolivisión es uno de los medios con peores indicadores en el diagnóstico elaborado por Cusicanqui.

El 92.9% de las 14 notas analizadas durante abril de 2021 promovía la revictimización, brindaba detalles innecesarios que alentaban el morbo y utilizaba una musicalización innecesariamente dramática.

Además, el 85.7% de estos contenidos tenía un titular sensacionalista y usaba imágenes sin respetar la intimidad de las víctimas.

Los otros reportes

Lamentablemente, Bolivisión no fue el único medio que entrevistó, en una transmisión en vivo, a las hijas de la víctima de feminicidio (todas menores de edad).

El portal digital “El termómetro noticias” de Beni también fue hasta la casa para conseguir una “exclusiva”. En este caso, el periodista se atreve a mostrar todas las habitaciones, incluido el baño donde encontraron a la víctima, y las condiciones en las que vivía.

Además, este reportero brinda e indaga en detalles innecesarios sobre la intimidad de la mujer asesinada y su familia.

Todos los protocolos de cobertura de casos de violencia contra la mujer, advierten sobre la importancia de evitar este tipo de coberturas. Entre otras cosas, recomiendan recordar que “los crímenes pasionales no existen”, no emplear estereotipos machistas en la narración del hecho y “respetar la identidad y el dolor de la víctima” o sus familiares.

Este es solo uno de varios ejemplos en este y otros casos.

El artículo 23 de la Ley Integral para Garantizar a las Mujeres una Vida Libre de Violencia (348) dice que los medios, respecto a los informes sobre violencia contra las mujeres, tienen la obligación de precautelar la “(…) dignidad, privacidad y derechos, de sus hijas e hijos”.

Asimismo, esta norma dice que la prensa está obligada a restringir “toda exposición gráfica que constituya humillación, exposición pública y/o degradante”.

La cobertura de los medios sobre hechos de violencia contra las mujeres y feminicidios atenta contra la ética periodística o los protocolos establecidos para estos casos. Además, infringe normas nacionales y convenciones internacionales por los derechos de mujeres y niñes.


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