Una de las Pussy Riot en el escenario de Niceto Club en Buenos Aires, Argentina. | Foto: Andrea Monasterios
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¡Las luchas y las buenas experiencias siempre se comparten! Por eso te pasamos esta crónica del concierto de las Pussy Riot en Buenos Aires, Argentina, firmada por una compa boliviana.

Andrea Monasterios

“Cuando nos apresaron, más que la pérdida de nuestra libertad, temimos por la pérdida de nuestro anonimato” declara Nadya Tolokonnikova en el conversatorio organizado por el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) en cooperación con el International Network of Civil Liberties Organizations (INCLO). Esta es la previa al concierto de las Pussy Riot en Buenos Aires, Argentina.

En una charla con el docente villero Daniel Sandoval y Paula Litvachky del CELS, moderado por la periodista de LatFem, Florencia Alcaraz, diferentes miradas sobre la «protesta amenazada» se cruzan. Lo que queda claro es que en todo el mundo, con mayor o menor intensidad, hay poderes que quieren infundir miedo, que dicen que eres una mala madre si no eres sumisa, que siguen definiendo a las armas de represión como no letales, cuando sí matan. Por eso, ahora es el tiempo para decir, bien fuerte, que hay que seguir protestando y que organizarse es una solución.

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Son las 18:30 de la tarde, un bollo de mujeres se encuentra reunido en la puerta de Niceto Club. Un vendedor de pañuelos verdes los ofrece a las chicas por 50 pesos (8 bolivianos). Algunas los compran, la mayoría ya lo tiene en el cuerpo. Desde la Campaña Nacional por el Aborto Seguro y Gratuito pidieron que los llevemos.

Minutos antes de que empiece el recital, se abre el telón negro y salen tres mujeres y se dirigen al público que llena el lugar: nos piden que levantemos la insignia feminista y cantemos la conocida:

Ahora que estamos juntas, ahora que sí nos ven, ¡abajo el patriarcado se va a caer, se va a caer! ¡Arriba el feminismo que va vencer, que va vencer!

Transitar por Buenos Aires en el último año fue escuchar constantemente, en cualquier manifestación, concierto, o lo que sea que reúna gente, este estribillo de lucha. Este día no podía ser diferente. Solo que esta vez, al finalizar el cántico, las Pussy Riot entraron al escenario.

No, no es solo un recital: es una sala de protesta que se desborda también por las calles.

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Naomi Preizler es la telonera, con un discurso antitransfóbico, con letras que cuentan su propia historia en su transición desde el modelaje hasta alzar el puño por las disidencias sexuales. “Ya no soy la chica de 15 años”, dice, mientras Sailor Moon se pasea en el fondo de pantalla, y canta Fama de puta. Dos chicas, que podríamos ser vos y yo, bailan al ritmo, medio electrónico, medio rock, medio pop, de sus canciones. Finalmente, confiesa que ella también quiere apurarse para ver a esas chicas a quienes conocemos más por sus movidas políticas y su look característico, que por su música.

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El pasamontañas lo llevan porque era muy común en el mundo de donde provienen, el punk under antifascista en Rusia. Gracias a él también fueron invitadas por el movimiento zapatista en México, pues, una de sus consignas va en contra del culto a la personalidad: no hay “la” Pussy Riot, cualquiera puede serlo.

Nadya nos recuerda que “hay gente que disfruta del anonimato”. En un mundo de sobreexposición, puede sonar a un bicho raro, pero no hay que olvidar que ellas vienen de un lugar en el que existen políticas por las cuales te apresan si le das un me gusta a un meme que no esté dentro de cierto sistema de valores.

Probablemente vayan a la cárcel, porque según esas mismas leyes, ninguna canción del nuevo disco que sacan este año queda aprobada.

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Más de una hora de punk electrónico, con algo de pop, gente coreando las pocas canciones que se pueden aprender en inglés y en ruso. Nada de eso importa, la gente baila, salta, grita, hay pogo. Gente con máscaras, chicas, chicos, chiques, acá nadie te va a criticar por nada, sos libre de ser lo que quieras, hay un movimiento azuzado por el ritmo de ruidos, sintetizadores, cantos por aborto legal y la increíblemente dulce voz de Nadya. Unas Pussy Riot bailan hacia el fondo del escenario, el público les tira regalos, dibujos, carteles, pañuelos. Euforia, euforia y esperanza.

En medio de todo, sale una de ellas a gritar un manifiesto que dice “Yo soy…” y nos recuerda nuestras consignas, las de la genealogía feminista de América Latina, nos recuerda a nuestras muertas, a nuestros desaparecidos. Le habla a Mauricio Macri y a Patricia Bullrich (1), les dice “yo soy la no sumisa, la del carácter fuerte, yo soy Lucía Pérez (2)”. El público aplaude, grita absolución para Higui (3), la química de los cuerpos sudados hace reacción con la furia que llevamos adentro, Niceto Club explota, Palermo tiembla, el agujero negro, ese que fotografiaron, nos está viendo. En seis minutos, las Pussy Riot nos recuerdan que SE VA A CAER.

"Yo soy la no sumisa, la de carácter fuerte" #Manifiesto Yo Soy de PussyRiot en #BuenosAires #Argentina recordándonos que ellas se inspiran en nosotras, en nuestras luchas, en nuestras fuerzas. Recordandonos lo que importa, lo que hay que decir, lo que no hay que dejar de decir.

Gepostet von Lila Andrea am Montag, 15. April 2019

Más temprano, Nadya dijo que se sentía inspirada por el movimiento nacido en Argentina, que el grito global llegó a lugares inesperados, que el mundo nos observa. A ratos, entre las canciones, miraba al público sorprendida por la energía. Y entre todo lo malo que hay, Pussy Riot llegó a recordarnos que no estamos solas, que si necesitamos ser disruptivas lo seamos para gritar fuerte que ¡ni una menos, vivas nos queremos!

1. Ministra de seguridad de Argentina, fuertemente criticada por sus políticas de criminalización a la protesta y a la pobreza. 2. El feminicidio de Lucia Perez avivó al movimiento de Ni Una Menos en Argentina, expandiéndola por Latinoamérica. 3. Higui de Jesús, está procesada por haberse defendido de una violación correctiva por ser lesbiana.

Sigue a Andrea en Twitter: @lilaandrea86

También en Instagram: @deelilastar

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