“Nadie nos enseñó a hablar de esto”: ¿cómo se construyen hogares para la diversidad?

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En Bolivia, solo 3 de cada 10 personas apoyan que las personas LGBTQI+ sean abiertas sobre su identidad. Eso significa que para muchos jóvenes, el primer lugar donde enfrentan el rechazo no es la calle, sino su propia casa. Pero también hay familias que eligen otro camino. Este reportaje cuenta cómo lo hacen.


Nota de transparencia: Este contenido es fruto de una alianza de colaboración interinstitucional sin fines de lucro y bajo criterios de cooperación. No responde, necesariamente, a los lineamientos editoriales de Muy Waso.


*Los testimonios de este reportaje fueron anonimizados a pedido de las fuentes y sus familiares.

Cuando alguien en una familia revela que es gay, lesbiana, bisexual o trans, todo cambia. Ese momento marca un antes y un después, no solo para esa persona, sino para quienes la rodean.

En Bolivia, ese proceso no ocurre en un ambiente neutral. La sociedad todavía presenta mucha resistencia. 

Según la última encuesta global de Ipsos sobre orgullo LGBT+ (2025), Bolivia tiene uno de los niveles de apoyo más bajos de la región: solo el 30% de los bolivianos está de acuerdo con que las personas LGBTQI+ sean abiertas sobre su identidad.

Desorientación y la búsqueda de alternativas

La confusión inicial es algo que casi todas las familias tienen en común.

 Como las escuelas rara vez abordan estos temas, el 95% de las personas acude a internet para informarse, según la investigación “Los hombres no lloran” (2022), realizada por la Unión Transmasculina Andina (UTA). Sin embargo, no todo lo que se encuentra allí es confiable o se adapta al contexto boliviano.

El mismo documento, elaborado en Bolivia, Colombia, Ecuador y Perú, muestra que solo el 1,6% logra acceder a información en espacios educativos formales.

Muchos familiares reconocen ese vacío cuando ya es tarde. Una tía de una joven bisexual de la región central del país reflexiona:

“Si pudiera regresar en el tiempo, me habría gustado que en mi escuela me hubieran enseñado que existen diferentes formas de ser, y que es normal nacer con gustos distintos. Que no todos somos iguales y que eso es algo bueno, que se debe aceptar a todos sin juzgar.”

Aun así, hay familias que logran romper ese ciclo a través del diálogo:

“La conversación fue directa, pero también muy amorosa. En casa se dio de manera natural, sin drama, porque siempre hubo espacio para hablar. Sentí mucha responsabilidad, pero sobre todo un compromiso profundo de acompañar y proteger.” 

— Una madre cuya hija trans vive en la región andina.

“La primera vez que se tocó ese tema, yo lo tomé con normalidad. Todas las personas somos diferentes y no tenemos por qué ser ni pensar igual para poder vivir juntos en el mundo.” 

— Una tía de una joven bisexual de la región central de Bolivia.

Diseño: Madeleine Cardozo

Lo que pasa en la calle

Fuera del hogar, la realidad puede ser mucho más dura. 

En junio de 2025, en Santa Cruz de la Sierra, un grupo de personas atacó y destruyó una obra de arte callejera que el colectivo La Pesada Subversiva había pintado en un paso de cebra frente al Museo de Arte Contemporáneo, como parte de una acción por los derechos LGBTQI+. 

El ataque incluyó muestras de odio, regionalismo y fundamentalismo religioso. 

La Defensoría del Pueblo condenó el hecho, en un contexto nacional en el que, por ejemplo, el 56% de la población reconoce que las personas trans enfrentan “mucha discriminación”.

En 2022, otro grupo extremista atacó otra muestra artística de La Pesada Subversiva en el Museo del Altillo Beni, destruyendo algunas obras y amenazando con quemar banderas de arcoíris.

Diseño: Madeleine Cardozo

Las redes de apoyo y la familia que uno elige

Ante un Estado que todavía no garantiza suficiente protección, colectivos como Fameli, ADESPROC, ManoDiversa, DSG Cochabamba o La Pesada Subversiva cumplen un rol clave.

Estos espacios, permiten construir redes de apoyo que de otra forma no serían viables.

El estudio de la UTA señala que solo el 10% de los jóvenes confía primero en su madre al momento de revelar su identidad, y apenas el 2% lo hace con su padre. La mayoría busca apoyo en su pareja (31%) o en amistades cercanas (30%). 

De ahí nace lo que se conoce como la “familia elegida”, es decir, las personas que uno decide tener cerca, aunque no sean parientes de sangre:

“El mensaje es que busquen espacios donde sentirse cómodos. Hay mucha gente, no estamos solos. Lo importante es encontrar personas que te apoyen y te acompañen. Y quien te rechace, simplemente no ha encontrado el camino del amor para hacerlo.” 

— Una mujer parte de la comunidad LGBTQI+ de origen español que ha vivido en Latinoamérica.

Diseño: Madeleine Cardozo

Para las familias biológicas que deciden acompañar a sus hijos e hijas en este camino, el consejo es escuchar antes que hablar:

“A otros padres y madres les recomendaría escuchar más de lo que hablan, creer en lo que sus hijos expresan y atreverse a revisar sus propios miedos y prejuicios. También ayuda mucho informarse, buscar redes de apoyo y entender que acompañar no significa tener todas las respuestas, sino estar presente.”

— Una madre cuya hija trans vive en la región andina.

El arte como espejo

La música, el cine y la cultura popular también juegan un papel importante. Para muchos jóvenes, ver a artistas que forman parte de la comunidad LGBTQI+ funciona como un respiro, como encontrar un reflejo de sí mismos en el mundo:

“Me he sentido representado por muchos artistas que son parte de la comunidad. Creo que son una puerta de entrada para iniciar conversaciones que de otra manera no ocurrirían, ya que una canción, una película o una declaración pública pueden abrir diálogos que llegan muy lejos, no solo para las personas LGBT.”

— Un joven gay de la región oriental de Bolivia.

Diseño: Madeleine Cardozo

El amor como punto de partida

El aprendizaje dentro de una familia no sigue un camino recto, pero puede ser profundamente transformador cuando se basa en el apoyo mutuo. Como resume una de las madres entrevistadas:

“Me hubiera gustado saber antes que no estábamos solos, que hay muchas familias viviendo experiencias parecidas y que pedir ayuda no es una debilidad, sino una fortaleza. Y sobre todo, me hubiera gustado saber que cuando el amor guía las decisiones, el camino, aunque no siempre sea fácil, se vuelve mucho más claro.”


Este contenido fue elaborado en el proceso de capacitación y mentoría “Narrativas Diversas 2.0”, orientado a promover la igualdad de género y la inclusión a través del periodismo constructivo, con el apoyo de la Deutsche Gesellschaft für Internationale Zusammenarbeit (GIZ) GmbH, en articulación con la DW Akademie y en el contexto del proyecto ProIgualdad.

Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad de su autora o autor y no reflejan necesariamente la posición institucional de la Cooperación Alemana, implementada por la GIZ, ni de la DW Akademie.

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