Museo Alcide d’Orbigny: ¿se puede trasladar un hábitat?

Una rana en el Museo Alcide d'Orbigny

Una de las ranas del Centro K'ayra del Museo Alcide d'Orbigny. Foto: D. Alarcón/D. Grunbaum

El traslado del Museo Alcide d’Orbigny atenta contra la continuidad de una labor científica e histórica invaluable. Además, representaría un retroceso en la conservación de especies vulnerables o en riesgo de desaparecer. O de especies que juegan un rol importante en el equilibrio del ecosistema cochabambino.

En diciembre de 2021 la Alcaldía de Cochabamba anunció que planea trasladar el Museo de Historia Natural Alcide d’Orbigny a instalaciones dentro del Jardín Botánico Martín Cárdenas.

Esta decisión provocó la reacción y el pronunciamiento de organizaciones, instituciones y colectivos medioambientales y académicos.


En su intención, el municipio no considera que dentro los nueve mil metros cuadrados donde funciona actualmente el Museo Alcide d’Orbigny también viven alrededor de 40 especies de aves, tres de murciélagos y dos de anfibios.

Todas ellas en riesgo por la inminente construcción de un gigantesco centro municipal de convenciones en lugar del Museo Alcide d’Orbigny.

Batiamigos en peligro

Entre los principales afectados están los murciélagos. Son al menos tres especies distintas: histiotus montanus (murciélago orejón pequeño), myotis oxyotus (murciélago montano) y tadarida brasiliensis (murciélago de cola libre).

Romeo Rojas, jefe del área de Mastozoología del Museo Alcide d’Orbigny, explica que “la función que cumplen (los murciélagos) dentro la ciudad es importante. Son grandes controladores de plagas que pueden afectar a cultivos, como también a plantas ornamentales”.

“Estas tres especies siempre se las ve presentes acá, en los alrededores del museo. Siempre están comiendo, forrajeando”, dice Rojas.

Áreas verdes en el ingreso al Museo Alcide d’Orbigny. Foto: Teresa Camacho

Además, recuerda que “el museo cumple una función de área verde importante dentro de esa zona (de la ciudad de Cochabamba)”.

Si el plan de la Alcaldía se concretara, estos murciélagos podrían enfrentar serias dificultades para encontrar un nuevo hogar.

“Lo más probable es que traten de buscar otras zonas aledañas donde vivir, pero no hay una vegetación constante como la del museo. Lo más cercano es la parte del (Centro Simón I.) Patiño, pero no tiene tanta vegetación (…). No se me ocurriría dónde más podrían ir”, lamenta Rojas.

Contenedor para la conservación de las ranas de Sehuencas. Foto: Museo Alcide d’Orbigny

Aún hay más

El Museo Alcide d’Orbigny resguarda a estas especies locales en sus predios y también contribuye a la conservación de otros animales a través de constantes proyectos de investigación científica.

Este conocimiento, acumulado durante más de 20 años, sirvió para el desarrollo de planes de conservación de especies como el bufeo, el jucumari, la paraba roja y el jaguar. Sus aportes también fueron fundamentales para elaborar el Libro Rojo de Vertebrados de Bolivia.

Además, es la única institución científica del país con autorización del Ministerio de Medio Ambiente para la conservación de especies ex situ o fuera de su estado natural.

Romeo y Julieta

El Centro K’ayra, encargado de la conservación de anfibios amenazados en Bolivia, es uno de los espacios de investigación y conservación animal más importantes de América Latina.

Entre 2018 y 2019 se hicieron mundialmente conocidos por protagonizar la lucha por la preservación de la rana de Sehuencas (telmatobius yuracare). En ese entonces iniciaron una peculiar campaña para recaudar fondos con el fin de organizar expediciones para buscar una pareja para Romeo, “el último de su especie”.

Con esas donaciones y el apoyo de Global Wildlife Conservation (actualmente re:wild), el equipo de científicos del Museo Alcide d’Orbigny logró encontrar otros cinco especímenes de rana de Sehuencas. Hallaron dos machos y tres hembras, entre ellas Julieta.

Actualmente, la mediática pareja y otras 450 ranas viven en los acuarios y contenedores especiales del Centro K’ayra. Trasladarlas a otros ambientes sin una planificación rigurosa significa un alto riesgo para su supervivencia.

Contenedor especial de la rana del Lago Titicaca. Foto: Museo Alcide d’Orbigny

¿Cómo se trasladaría el Centro K’ayra?

Teresa Camacho, jefa del departamento de Herpetología del Museo Alcide d’Orbigny y encargada del Centro K’ayra, aclara que además se deben “cumplir con los protocolos de transporte, bioseguridad y bienestar animal». Estos planes deben ser aprobados por el Ministerio de Medio Ambiente y Agua.

Según explica Camacho, estas labores deben ser ejecutadas “por profesionales como veterinarios, biólogos, que tengan experiencia específica con este tipo de animales”.

“Sin duda, un traslado de animales tan amenazados e importantes implicaría un trabajo y apoyo de instituciones nacionales, internacionales y autoridades ambientales. Todo esto seguramente debió ser evaluado al momento de pensar en un traslado. No es algo que se pueda improvisar”, sentencia Camacho.

Una rana de Sehuencas, la especie de Romeo y Julieta. Foto: Stephane Knoll

Entre el equipamiento que el centro debería trasladar se cuentan contenedores con control de temperatura, acuarios, filtros de agua, oxigenadores, sistemas de tubos, cañerías, un vivero, un bioterio (instalación especial para el estudio de animales ex situ) y camas de lombrices para alimentar a las ranas.

Otro de los problemas del traslado es que genera estrés en las ranas lo que dificulta su reproducción. Es decir, la misión de salvar la especie de Romeo y Julieta podría afectarse o prolongarse.

“Es un proceso largo, las ranas del (Lago) Titicaca, desde su rescate en el 2015, se reprodujeron (recién) cuatro años después”, comenta Camacho.

Y… ¿qué onda con el Jardín Botánico?

El plan de la Alcaldía cochabambina es trasladar el Museo Alcide d’Orbigny al Jardín Botánico Martín Cárdenas. Este espacio, fundado en 1962, acarrea una serie de cuestionamientos a su capacidad de conservación.

En  2009, la Contraloría General del Estado, luego de una acción de supervisión en las instalaciones, declaró que la institución había dejado de ser científica.

Casi una década después, el entonces presidente de la Sociedad Boliviana de Historia Natural, Mario Rodríguez, denunció el descuido y ausencia de las especies nativas que debían estar en conservación en el jardín.

El año pasado se anunció que el 50% de los árboles estaban enfermos por el descuido de anteriores gestiones ediles.

Camacho aclara que no participó de las inspecciones al Jardín Botánico. “No puedo afirmar nada sobre su funcionamiento”, dice.

Sin embargo, sí advierte que, ante un eventual traslado, existen varios requerimientos que deben ser contemplados. “Los anfibios son muy sensibles a la contaminación. No se deben usar pesticidas ni agroquímicos cerca de las ranas o de la comida que se cultiva para su alimentación”, explica.


“Por la cercanía al Río Rocha, es de conocimiento público su alto nivel de contaminación, deben tomarse medidas para que no se contamine el agua que sería utilizada (para los anfibios)”, insiste la experta.

Hasta el momento, más allá del intempestivo anuncio del cambio de locación, el municipio no hizo público ningún plan o protocolo para el traslado del Museo Alcide d’Orbigny.

Salir de la versión móvil