Imagen de archivo de la modelo boliviana Stephanie Herela. | INSTAGRAM @STEPHANIEHERELA
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¿La ideología en el «concurso para pobres» de Stephanie Herela es un caso aislado o es el reflejo de la sociedad cruceña (y global)? ¿Qué condiciones son las que generan este tipo de pensamiento en una sociedad? Compartimos una reflexión que intenta salir de lo obvio.

Rolando Aparicio V. 

Me dan like en mis redes sociales y me mandan videos de su pobreza para que yo decida quien merece que le comparta un poco de la bondad que Dios me entrega en demasía. No fueron esas sus palabras, pero ese es el mensaje que la modelo (¿?) Stephanie Herela Limpias, dejó en su video de 1,58 minutos y que “indignó” al microuniverso de las redes sociales.

Tomemos la oportunidad para ir más allá de lo obvio y utilicémosla para hacernos preguntas fundamentales: ¿La ideología en este video es un caso aislado o es el reflejo de la sociedad cruceña (y global)? ¿Qué condiciones son las que generan este tipo de pensamiento en una sociedad?

Solidaridad y Caridad

“A diferencia de la solidaridad, que es horizontal y se ejerce de igual a igual, la caridad se practica de arriba-abajo, humilla a quien la recibe y jamás altera ni un poquito las relaciones de poder“, sintetiza Eduardo Galeano en un párrafo de su libro El mundo patas arriba.

Lo que desnuda el video de Herela, es que vivimos en una sociedad que endiosa la caridad y olvida lo que es la solidaridad: la búsqueda de la justicia y la equidad.

Hace unos meses, medios de comunicación, políticos y opinión pública, alabaron a los voluntarios que fueron al rescate de la Chiquitania cuando estuvo de moda (caridad), pero si estos generaron grupos contra el avance de los monocultivos, los transgénicos, el desmonte de la industria ganadera o el uso de agrotóxicos (solidaridad verdadera con el medio ambiente), entonces fueron olvidados, abiertamente ignorados o incluso tachados de antisociales y contrarios al desarrollo regional.

De igual modo, todos aplauden cuando una modelo -devenida a pseudo figura política- organiza una maratón en nombre de la violencia de género y monta un show donde ella es la principal estrella (caridad). Pero cuando una institución cuestiona el rol de los medios, la política y las tradiciones como causas de la objetivación, sumisión y maltrato de la mujer, entonces es tachada de extremista. Cuando una señora con media cabeza rapada pone en duda los estándares de belleza y ataca la arremetida del rol represivo del Estado, es de inmediato desacreditada a pesar de llevar décadas de capacitaciones, ayudas legales y el más importante trabajo social con mujeres en toda Bolivia (solidaridad).

Herela sonríe y se la ve muy cómoda mientras ofrece 300 Bolivianos a quien le demuestre su pobreza. La caridad le gusta a la clase dominante porque justifica su situación de dominio, pone a quien recibe en sumisión y agradecimiento obligatorio, mientras naturaliza y perpetúa la situación.

Religión y Estado

Separar el Estado y la religión no es capricho infundado, y por supuesto que no es un ataque a la religión. Es una defensa de todas las espiritualidades y de la igualdad de derechos para todos. Esta separación es la base de la libertad de religiones y cultos. Es el fundamento para una sociedad donde el bien y el mal se juzguen con una misma vara, equitativa para todos y sin superponer las creencias divinas personales a los hechos y consecuencias de los actos del hombre.

Herela nombra a Dios tres veces en su video, y da a entender que ella es una elegida a quien la divinidad da incluso más de lo que ella necesita. Entonces Herela, como un ser bondadoso, entregará esas sobras a quien, primero la siga en sus redes sociales, y segundo que le demuestre que de verdad Dios no tiene la misma gracia con su situación.

Esto es lo mismo que hace cada político que actúa como si fuera un elegido para proteger, cuidar y decidir quien está bien y quien está mal. El personalismo y caudillismo, heredado desde hace décadas, e intacto en este momento, crea en las autoridades la idea de que pueden actuar a su parecer, en actos heroicos y de misericordia, entregando bonos y llenando las calles de policías para “salvaguardar”, para “ayudar”, siempre con el concepto de que su generosidad es la llave de todo y que la sociedad debe besarles el anillo de la mano con gratitud.

Lo contrario es tener instituciones que regulan el accionar sin importar quien esté a cargo. O verdaderos líderes que empoderen a la sociedad a poder tomar mejores decisiones para crear sus propias revoluciones a escala familiar, barrial o ciudadana. Fomentando la fuerza de la unidad de los ciudadanos para construir y decidir. No instaurando imágenes mesiánicas a quienes casi se atribuyen poderes divinos. Generar consciencia en el poder que tiene cada uno para generar un cambio, no reforzando la idea de que “en Bolivia no se puede”, de “los bolivianos no entienden, no obedecen”, entonces claro, tiene que venir la figura divina de turno a dar con inmensa bondad y ese ciudadano indefenso y bobo debe sentarse a esperar y no estorbar.

Conciencia y Clase

Podría parecer un detalle, pero el video de Herela no solo es una convocatoria al concurso de pobreza por autopostulación. El video exige una doble humillación porque ni siquiera es el afectado el que se presenta como necesitado, es un tercero (valga llamarlo un tercero bien) que desde su lugar y estatus bien, valida aquel que merece postularse. Una defensa a ultranza de la idea de que existen quienes, desde sus privilegios, definen quién vale y quién no.

Ahora todos se suben al carro de la crítica, pero casi nadie dijo algo cuando la chica del video salió en la prensa argumentando que debido a la ignorancia de los bolivianos, se debía militarizar el país (El Deber, 28 de marzo). Todos parecían de acuerdo con la lógica de que la a pobreza se la combate con palo y violencia. Claro, siempre y cuando el ignorante sea el otro. El del barrio pobre, el inmigrante, el narcoterrorista. Esa horda de otros que no dejan construir a los buenos, los que entienden, los que siguen los mandatos sociales para mantener los privilegios en su lugar de siempre.

“El problema de la sociedad es un problema de educación. De educación de la clase dominante. Son ellos quienes son pocos y tienen los recursos para generar cambios de verdad”, explica Raúl Zibechi, periodista y filósofo uruguayo, que continúa: “Hay que dejar de educar a los ricos para solo mantener su riqueza y juzgar a quienes tienen menos. Hay que enseñarles a actuar para generar justicia y equidad”.

¿Herela se preguntará por qué Dios le da tanto a ella y tan poco a la gran mayoría? Si lo hace, seguro que ese pensamiento la abruma. Lo mismo le pasará al hijo de un prestigioso profesional a quien la sociedad –a través de la posición de su familia- le da todo: seguridad,
bienestar, alimentación, educación, amor, oportunidades. El problema es que la respuesta mayoritaria es: bueno, así siempre fue y así será. Son muy pocos los casos en los que la conclusión es: hay que reparar un poco esto aunque signifique que yo deba tener un poco menos para que otro llegue a tener lo mínimo.

Creer que a la ignorancia se la resuelve con violencia y represión no está muy lejos de creer que hay una raza superior cuyo rol y deber en la historia es el de exterminar a los inferiores que hacen peligrar el progreso.

Los cuerpos débiles en el sistema capitalista son fundamentales para que el aparato se sostenga, tanto en la práctica (campesinos, enfermeros, transportistas, equipos de limpieza) como en la miseria de un aparato colapsado que los utiliza como recurso para el empoderamiento de las élites.

La pornomiseria -y ahora la pornocaridad-.: el cuerpo en situación de vulnerabilidad que debe cumplir sus labores –para las cuales los privilegiados se creen inaptos, no nacidos para el esfuerzo- mientras acepta la ayuda en silencio, nunca cuestionando la perpetuidad del modelo y con agradecimiento a la presencia de esos de más arriba que –si quieren- salvan a los que son obedientes.

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