Fotografía de AFP intervenida.
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¿Por qué los medios inflan el perfil de un candidato que en otras circunstancias no merecería ni medio minuto al aire? ¿Hambre de likes? ¿Falta de rigor y gusto por el escándalo? ¿Misoginia, homofobia y negligencia camufladas? ¿Todo esto junto? Lo que queda claro es que el discurso de odio del «candidato» del Partido Demócrata Cristiano y su resonancia son un peligro que no debemos pasar por alto.

Picante de Lengua

No supera el 1% en intención del voto en ninguna de las encuestas realizadas hasta hoy y el Tribunal Supremo Electoral aún no ha corroborado que su candidatura sea legal. Sin embargo, los medios acomodan a Chi Hyun Chung en zonas privilegiadas de sus portales, le otorgan notas destacadas, le ofrecen entrevistas en horarios estelares; replican cada uno de sus comentarios desde una actitud que, de tan pasiva, pasa a ser cómplice.

Darle eco a la propagación de discursos de odio sin ningún tipo de filtros normativos, históricos o periodísticos es una forma de alentar la reproducción y reafirmación de prejuicios cavernarios que, posteriormente, desembocan en violencias de distinto tipo.

Como apunta un informe de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), las agresiones de este tipo deben entenderse como “una violencia social contextualizada en la que la motivación del perpetrador debe ser comprendida como un fenómeno complejo y multifacético, y no sólo como un acto individual”. Ahí el riesgo en la viralización irresponsable de este tipo de pensamientos y el grado de irresponsabilidad de la prensa boliviana.

Pese a las denuncias en su contra, hechas por su excandidata a la vicepresidencia, por supuestas extorsiones de Chi a sus propios correligionarios (o los antecedentes judiciales por un caso de negligencia médica -extinguido de manera abrupta y misteriosa-, o las reiteradas quejas por sus conductas violentas y acoso laboral en distintos escenarios donde ejerce como jefe), los medios insisten en darle palestra solo a sus comentarios homofóbicos, transfóbicos y misóginos, sin siquiera cuestionarlo o ponerlo bajo algún tipo de escrutinio. Una suerte de impunidad mediática.

Cuando Chi afirmó que las personas de los colectivos LGBTI debían someterse a tratamientos psiquiátricos para “curar” una patología imaginada por él mismo, algunos vetustos medios de comunicación incluso se atrevieron a realizar encuestas preguntando a la población si estaba de acuerdo o no con este tipo de ideas. El resultado es desastroso y, como decíamos antes, refuerza discursos de odio que son el cimiento de actitudes violentas en contra de las disidencias sexuales, corporales y de género.

¿Usted está de acuerdo con el candidato presidencial del Partido Demócrata Cristiano (PDC), Chi Hyun Chung, quien dijo…

Gepostet von Opinión Bolivia am Montag, 2. September 2019

Los medios tradicionales de (des)información nunca se enteraron -o no quisieron hacerlo- que otro informe de la CIDH sobre la violencia contra personas LGBTI detalla que la “Organización Panamericana de la Salud (OPS), expertos y expertas de derechos humanos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) han afirmado que estos tratamientos (como los propuestos por Chi) no tienen base médica y representan una amenaza grave a la salud y los derechos humanos de las personas afectadas”. Por no decir que el tenebroso libro base de la psiquitría moderna, el Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders (DSM), desde su quinta edición, tampoco considera la homosexualidad como una enfermedad.

La falta de tino del periodismo local no considera que la distancia entre la avalancha de comentarios agresivos en contra de comunidades LGBTI (que ensalzan sin control desde sus plataformas digitales) y el sistemático acoso físico al que son sometidas estas poblaciones es mínima. Habría que informarles que en varios casos documentados por la CIDH “los cuerpos sin vida de personas LGBT demuestran que han sido torturados, sus genitales mutilados, sus cuerpos descuartizados y marcados con símbolos que denotan altos niveles de prejuicio”. Prejuicios que se alimentan gracias a la desinformación y la negligencia, gracias a la falta de rigor y compromiso en la construcción de una sociedad menos injusta.

A los reporteros, editores y directores les recordamos que el artículo 13.5 de la Convención Americana sobre Derechos humanos prohíbe la apología del odio que constituya una “incitación a la violencia o cualquier otra acción ilegal similar contra cualquier persona o grupo de personas”, por el motivo que sea, incluyendo su orientación sexual, identidad de género y diversidad corporal.

Ahora que Chi alienta el uso de la violencia machista como instrumento de disciplinamiento de las mujeres, nos preguntamos si a alguien se le ocurrirá lanzar un sondeo preguntando si estamos de acuerdo con que las mujeres sean golpeadas para salvar la «familia natural», el «diseño original». ¿Seguirán haciéndole el juego al machismo? ¿Seguirán haciendo apología de la violencia patriarcal? No nos sorprenderían.

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