¡Justicia para María Fernanda! Del silencio policial a los gritos en las calles

Marchistas con un cartel en la movilización por justicia en el caso de María Fernanda Paucara. Foto: Esther Mamani

«¡No fue suicidio, fue feminicidio! ¡La Policía no nos cuida, nos viola y asesina!», fueron los gritos que quebraron el vergonzoso silencio de las autoridades frente a la muerte, bajo custodia policial, de María Fernanda Paucara.

A casi dos semanas del hecho, Esther Mamani se acerca a la historia a través de la familia y un acompañamiento a las movilizaciones exigiendo justicia en La Paz.

María Fernanda Paucara Mamani veía un programa de televisión junto con Jaime y Thiago, sus hijos de dos y cinco años. Era martes y, ese 5 de octubre, ya había terminado con la tarea más pesada: lavar ropa.

Su hermana, Laura, conocía la rutina y cuando podía enviaba a su hija para sumarse a tardes de parque, películas o juegos. Esas escenas familiares no se repetirán nunca más.

María Fernanda, que iba a cumplir 24 años el 13 de octubre, está en un ataúd mientras que sus niños aún preguntan por ella. Sobre todo el más pequeño, quien todavía tomaba leche de pecho.

Su familia no entiende qué pasó y por qué la Policía no detalla quiénes estuvieron a cargo del arresto de la joven.

La búsqueda

El cuerpo de María Fernanda fue «encontrado» en una celda policial de la zona de Chasquipampa. Allí la llevó un grupo de policías la noche de aquel martes.

María Fernanda celebraba un cumpleaños junto a sus amigos. Todos fueron arrestados por beber en vía pública.

“Se alistó y dijo que iba a volver a las 10 de la noche, pero a esa hora su celular ya estaba apagado”, recuerda la hermana de la joven fallecida.

La mamá de ambas, Nelly, llamó con insistencia. El último mensaje que le envió a su WhatsApp no tenía la notificación de recibido.

La angustia crecía mientras el reloj avanzaba hacia el amanecer.

Aun así su mamá guardaba esperanzas de ver de nuevo a su hija. “Siempre me avisaba por donde estaba, hasta me pasaba por teléfono con la mamá de su amiga para que yo esté tranquila”.

Doña Nelly, como le dicen sus vecinas, tiene los ojos secos de tanto llorar por su hija. El miércoles por la mañana recibió la llamada de la expareja de María Fernanda. Entonces supo que algo andaba mal.

“Me llamó diciendo que averigüe si era ella de quien hablaban en la televisión. ¿No es la María Fernanda ese cuerpo que han encontrado?”.

El silencio

En cuestión de instantes, doña Nelly ya estaba corriendo hacia la Estación Policial de Chasquipampa. Los uniformados no querían hablar. Silencio.

En la calle 8 de Calacoto, en otro recinto policial, lo mismo, todos callados. Silencio.

Laura Paucara también observa el silencio de los tres amigos con los que su hermana fue arrestada.

“Se han perdido y han llegado a decir que no la conocían (a María Fernanda). ¿Cómo (van a negarse)? Si han salido con ella. Ni se han dignado en avisarnos que ella estaba muerta”.

Ese silencio sistemático denunciaba a gritos que María Fernanda no estaba bien y, aunque fue difícil asumirlo, doña Nelly sabía a dónde ir.

“Con mi hermano hemos llegado a la morgue en la tarde”.

La morgue, los informes, las sospechas

Llegaron a la morgue con una foto impresa de María Fernanda. Apenas mostraron la imagen, los encargados dejaron que Nelly entrará a ver a su hija.

“Su cuerpo tenía muchos moretones y eso no está en el informe. Como he podido le he revisado, pero ya le habían hecho la autopsia, sin mi autorización”.

Según el informe del Instituto de Investigaciones Forenses, dependiente de la Fiscalía, en el cuerpo de María Fernanda no se encontraron signos de violencia.

El documento tampoco advierte sobre ningún detalle de la supuesta muerte por suicidio. Sí hace referencia a un ahorcamiento.

El jueves, dos días después del arresto de María Fernanda, los efectivos que se habían acogido al silencio unificaron su relato: la joven se quitó la vida con el cordel de su propia blusa.

Esa versión, por sus graves inconsistencias, despertó la indignación de los vecinos de la zona de Chasquipampa y de distintas organizaciones de mujeres.

“Pensaba tener una hija más. La veía a mi wawa y decía que quería mujercita”, comenta la hermana de María Fernanda.

Ni su familia ni colectivos feministas aceptan el descargo policial en el caso de María Fernanda. Así empezaron las protestas, en redes sociales y en las calles, exigiendo justicia.

La marcha

El 14 de octubre varios grupos de mujeres, vecinos, amigos y familiares marcharon en el centro paceño. Pasando incluso por los edificios del Ministerio Público y el Ministerio de Justicia. “La Policía no me cuida, me viola y me asesina”, gritaban las manifestantes que acompañaron a la familia doliente.

A casi dos semanas del crimen, aún no se conocen los exámenes complementarios de este deceso. La abogada de la familia de María Fernanda, Jhoana López, dice que entre los ocho estudios de laboratorio que aguardan, también está el que descartará o confirmará una posible violación.

López explica que la familia seguirá todos los procesos que se necesiten para tener una respuesta clara sobre qué le pasó a María Fernanda en celdas policiales.

De estos resultados también depende el inicio de un proceso por feminicidio en contra de los policías implicados. Por el momento, los nombres de los involucrados en la muerte de María Fernanda son un secreto guardado bajo siete llaves.

Frente a ese silencio, en las calles se oye el grito de indignación y rabia, mas no de resignación, de familiares, amigos y colectivos feministas.

“No fue suicidio, fue feminicidio”, repetían, con la voz encendida, las decenas de mujeres que se movilizaron para exigir que el caso se esclarezca y que los responsables sean juzgados como corresponde.

La movilización tuvo una gran participación de las vecinas de María Fernanda. Jhenny Quenta, vecina del Pedregal, fue una de las primeras en asistir a la concentración.

“Que la Justicia haga su trabajo. Es imposible que nuestras hijas estén inseguras. Acaso una chica se puede morir así, con un huato. Eso, pues, es mentira”, reclama.

Otra vez el silencio

El comandante de la Policía boliviana, Jhonny Aguilera, también se mantuvo en silencio tanto tiempo como pudo. Lo mismo sucedió con el ministro de Gobierno, Eduardo del Castillo.

Hasta que llegó el incómodo Día de la Mujer Boliviana. El 11 de octubre, ambos difundieron salutaciones pomposas y protocolares, pero ninguno hizo referencia a la muerte de María Fernanda bajo custodia policial.

Mucho menos hablaron de la recurrencia de los crímenes de uniformados en contra de mujeres.

Nelly ha dejado de llorar, espera que el apoyo de tantos sectores le dé el alivio de justicia que su hija merece.

Ese apoyo, traducido en marchas, pancartas y publicaciones en redes sociales, acorraló a las autoridades de Gobierno.

A casi 10 días del hecho, en una ignominiosa conferencia de prensa y solo luego de minimizar la muerte de María Fernanda, el ministro Del Castillo anunció una “investigación penal y disciplinaria”.

Los hijos de María Fernanda todavía preguntan por su mamá. El más pequeño, cuenta Laura, parece enfermo. “Camina de un lado a otro diciendo ‘mami’”.

Por ahora es ella quien se encarga de los cuidados de sus sobrinos.

Ni Jaime ni Thiago comprenden qué pasa, pero sí sienten el ajetreo de todos los días: la lucha de una familia en contra de la impunidad policial.

Salir de la versión móvil