Julia Urquidi junto a Mario Vargas Llosa. | Foto: Dominio Público
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En estos días se celebra la Bienal Vargas Llosa, un bastión del conservadurismo en la literatura hispanohablante. Aprovechando la ocasión, compartimos un texto en el que Liliana Colanzi recupera una lectura que nos pinta mejor al «totemizado» premio Nobel y reivindica la necesidad de dinamitar el patriarcado.

Liliana Colanzi 

La ausencia de escritoras en la Bienal Vargas Llosa me ha hecho volver a leer Lo que Varguitas no dijo, el libro escrito por Julia Urquidi, tía de Mario Vargas Llosa y su primera esposa (a quien Mario después abandona por Patricia Llosa, su prima hermana adolescente y sobrina de Julia, a quien, a su vez. abandona años después por Isabel Preysler).

Este testimonio biográfico es un documento interesantísimo que logra infiltrar la coraza del «gran escritor» para mostrar al niño caprichoso y berrinchudo y al joven melodramático, soñador, manipulador y por momentos ridículo: el que acusa a Julia repetidamente de «violenta» cuando esta le reprocha las infidelidades que él niega hasta el final, el que escribe con pasmoso egoísmo «es violencia, la peor de todas, el haberme obligado a continuar contigo con el arma desleal del suicidio», el Varguitas mimado y venerado por las primas y tías que siempre están cocinando o levantando la mesa a su alrededor mientras él se dedica a las conversaciones brillantes o a seducir a la prima menor de edad.

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El libro irritó tremendamente a Vargas Llosa, que utilizó el adjetivo que se ha usado desde siempre para devaluar la palabra de las mujeres: «chismográfico». Le molestó tanto este recuento personal de una mujer que no tenía ni una fracción de su poder que la castigó quitándole las regalías de La ciudad y los perros, novela que escribió mientras estuvieron casados.

Lo que Varguitas no dijo pone en evidencia el lado incómodo del nacimiento del escritor: la mujer que le mecanografía los manuscritos, lo alienta, lo cuida, le prepara las comidas, le regala libros, la mujer traicionada y olvidada que muchos años después intenta recuperar su autonomía contando su propio relato.

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Si el patriarcado exigía de Julia Urquidi un digno silencio y replegarse discretamente en la habitación de atrás, yo aplaudo este dinamitar las formas y el buen gusto para que los demás veamos cómo opera el campo literario en el espacio de aquello que se considera «doméstico» y, por lo tanto, fuera de todo posible cuestionamiento o discusión.

Es en ese espacio doméstico y silencioso que las mujeres siguen haciendo trabajos no remunerados ni reconocidos por el Estado; más que nunca, urge discutir una economía de los cuidados, y más que nunca sirve el testimonio de Julia Urquidi para entender cómo se hace un escritor.

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One thought on “Julia Urquidi, la boliviana que dinamitó el machismo de Vargas Llosa”

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