Foto: www.lesvosnews.net
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Compartimos esta encendida, emotiva y urgente protesta de una boliviana feminista en España sobre la violencia machista y racista que se ensaña contra los cuerpos de las mujeres migrantes en Europa. ¡El feminismo como escudo, por la dignidad y la vida!

Valeria Canelas

Mientras la «Europa fortaleza» endurece sus fronteras, ataca a familias con niñas que huyen de la guerra, viola a temporeras migrantes en los campos andaluces, asesina a las porteadoras en Ceuta y Melilla, expulsa a personas que intentan salvar sus vidas y las manda a los países de los que huyen, suspende el derecho al asilo, nosotras las feministas ponemos la vida en el centro, defendemos los cuerpos de todas las personas que migran, denunciamos las fronteras asesinas de una Europa que nos avergüenza.

Mientras Europa le dice a Grecia que gracias por hacer de escudo, nosotras les decimos a nuestras hermanas griegas que gracias por mostrar lo que es el feminismo: cuidado y defensa de todas las vidas. Nuestra sororidad es el escudo contra el racismo de Europa.

Si tocan a una, nos tocan a todas.
Por eso decimos que:
La ley de extranjería es violencia machista.
La no ratificación del convenio 189 de la OIT es violencia machista.
Las devoluciones en caliente son violencia machista.
Los vuelos de deportación son violencia machista.
Las redadas racistas son violencia machista.
Los CIEs son violencia machista.

Los discursos racistas de la extrema derecha son violencia machista porque además buscan fragmentar nuestras luchas repitiendo datos falsos que asocian violencia sexual con población migrante.

Están utilizando nuestras demandas para alimentar el racismo y no lo vamos a permitir.

Las violaciones en manada no son el resultado del origen de los violadores, son una de las expresiones más extremas de una masculinidad tóxica, violenta y asesina que desprecia a las mujeres.

Las violaciones en manada las cometen hombres contra mujeres.

Y si además éstas son extranjeras y se encuentran en situación irregular se arriesgan a ser deportadas si denuncian.

Por lo tanto, el racismo es uno más de los violadores.

Los partidos políticos que agitan discursos racistas participan activamente en aquello que dicen rechazar pero que, en realidad, están utilizando para fomentar las ideas de odio hacia los migrantes porque piensan que así obtienen votos.

Las violaciones en manada no se van a acabar fortaleciendo las fronteras asesinas que violentan de formas inimaginables los cuerpos de las mujeres que migran.

Para acabar con las violaciones en manada tenemos que acabar con esa masculinidad tóxica y violenta que no conoce de fronteras, salvo si esas fronteras se convierten en una herramienta más de sus violencias.

Para acabar con las violaciones en manada, además de leyes que penalicen estos crímenes y jueces y juezas con perspectiva de género que las apliquen, necesitamos una educación feminista que erradique la masculinidad tóxica en los niños y adolescentes que son los hombres del mañana. Necesitamos una educación afectivo-sexual feminista que ponga en el centro los cuidados y el respeto.

Necesitamos una educación emocional que dote de herramientas efectivas a los niños y adolescentes para no reproducir la violencia hacia las mujeres que a día de hoy, lamentablemente, forma parte de nuestras sociedades.

Necesitamos esa educación feminista y antirracista a la que la extrema derecha está atacando mediante el veto parental que quieren imponer. Si realmente les interesara acabar con las violaciones en manada en lugar de utilizarlas como excusa para vomitar su discurso racista, apoyarían una educación que combata urgentemente la causa de esas agresiones, que no es la nacionalidad de los atacantes, sino una masculinidad tóxica que se reproduce de generación en generación y que sólo podrá eliminarse definitivamente a través de la educación feminista que están atacando.

Por eso, mientras la extrema derecha quiere que las demandas feministas sirvan de excusa para su racismo, nosotras decimos alto y claro que el feminismo es antirracista y que en nuestros patios de vecinas no existen las fronteras.

Nosotras queremos, nosotras soñamos, nosotras demandamos, nosotras exigimos, un continente feminista, un país feminista, un territorio feminista, un planeta feminista y eso sólo será posible cuando no existan las fronteras asesinas que hacen que la vida de las mujeres que migran esté constantemente en peligro de muerte.

Los estados europeos cometen constantemente violencia machista contra las mujeres que migran.

Las agreden cuando les piden los papeles en las calles, cuando sus leyes de extranjería colaboran con los violadores y los maltratadores que se saben impunes en sus violencias hacia las mujeres en situación irregular, cuando las esclavizan mediante mecanismos tramposos como la contratación en origen.

Como bien dijeron nuestras hermanas chilenas, el estado opresor es un macho violador.

Mientras el estado español y la Europa fortaleza continúen fortaleciendo esos mecanismos de muerte que son las fronteras, no tendremos ni un continente ni un país feminista.

Mientras exista una ley de extranjería que decida qué cuerpos deben protegerse y cuáles pueden ser violados y asesinados de forma impune, no podremos hablar de un país feminista.

Nosotras tenemos claro que el horizonte feminista hacia el que nos dirigimos sólo podrá realizarse cuando no existan fronteras asesinas, cuando las imágenes cotidianas que veamos sean más como la de esas tres mujeres mayores griegas sosteniendo a un bebé mientras su madre, una mujer migrante recién llegada, se cambia de ropa, y no como las imágenes que estamos viendo estos días: niñas y niños hacinados en el barro, con los ojos rojos por los gases lacrimógenos, madres presenciando cómo los policías europeos atacan las embarcaciones en las que van con sus hijos, bebés rodeadas de material antidisturbios, alambradas y policías preparados para la guerra contra sus cuerpos, contra sus vidas.

Frente a sus muros, nuestros patios de vecinas.

Frente a sus concertinas, nuestras peinetas.

Frente a sus fronteras y su racismo, el feminismo como escudo.

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