«El último vuelo del cóndor», a un año de la partida de Felipe Quispe

A un año de su partida, este artículo rememora el legado de El Mallku en los movimientos sociales y la historia política de Bolivia. Su liderazgo fue esencial durante los alzamientos populares más importantes de las últimas décadas.

Anoche (19.01.22) se realizó un conversatorio para recordar a Felipe Quispe. Puedes revivir la transmisión aquí o a través de la fanpage de Jichha en Facebook

El 19 de enero de 2021, a las 18:00, un hermano indianista de Achacachi me escribía: “Jilata Wilmer, hemos perdido al Mallku. Se fue nuestro líder, no pudo más frente a esa pandemia del virus, es oficial jila”.

Estupefacto, no podía asimilar la noticia y buscaba su confirmación; minuto a minuto, persona a persona, la encontré. A las 20:53 la familia Quispe oficializó la noticia por medio de la página de Facebook de su padre y dio la versión de su muerte. Sollocé con rabia y mucho dolor, trataba de entender: nuestro mallku Felipe Quispe alzaba vuelo al pachakuti.

Felipe a sus 78 años había emprendido el último reto de su vida política, ser candidato a la gobernación, desafío que ya había realizado el 2015 con el partido Movimiento por la Soberanía MPS, de Lino Villca, con el que consiguió el cuarto lugar.

Sin embargo, en las recientes elecciones subnacionales del 2021, Felipe era el candidato favorito (hasta antes de su fallecimiento). Así lo percibía la gente en las calles y lo confirmaba la encuestadora CIESMORI, que lo situaba en el primer lugar con un 25,1% de la preferencia electoral, 10 puntos por encima de su más cercano seguidor.

¿Qué había cambiado entre el 2015 y el 2021 para que esto fuese posible? Para entender esto, lo primero y fundamental es establecer la dimensión política de su persona.

A través de un panorama histórico de las facetas de Felipe Quispe, su trayectoria y una revisión de su rol en la resistencia frente al gobierno fascista de Jeanine Áñez, se podrá entender la significación de Felipe Quispe, “el Mallku”, en la historia.

Las facetas de El Mallku

Felipe Quispe nació en la comunidad aymara de Chijilaya, cantón de Ajllata Grande, en el municipio de Achacachi, un 22 de agosto de 1942. Se convirtió en uno de los referentes más importantes de la lucha indígena desde el Altiplano.

Abiertamente contrario al colonialismo, fue un luchador incansable que no desestimó ningún ámbito de lucha, mostrando distintas facetas en su trayectoria: guerrillero, político, dirigente sindical, escritor e intelectual, profesor universitario y hasta dirigente deportivo.

Indianista

Para el IV congreso de la CSUTCB en Potosí en 1971, Felipe Quispe ya era dirigente de su comunidad. En este congreso participaron personalidades del indianismo como Constantino Lima, Fausto Reynaga y Raymundo Tambo.

En 1975, influenciado por una radionovela emitida por Radio San Gabriel que trataba sobre la vida de Tupak Katari, se vinculó con Jaime Apaza, quien lo incorporó en un grupo que formaría más tarde el  Movimiento Indio Tupak Katari (MITKA), del cual fue uno de los fundadores en 1978.

Ese mismo año, el MITKA postuló al primer candidato indio a la presidencia, Luciano Tapia, con el que Felipe trabajó como secretario.

Internacionalista

En 1980 y tras el golpe de García Meza, Felipe fue obligado a salir de Bolivia. Con el apoyo de su organización viajó a Perú, México, Guatemala, El Salvador y Cuba, donde se vinculó con organizaciones de izquierda y experiencias guerrilleras de esas regiones.

En este periodo también recibió instrucción militar en Cuba y fue después de esta experiencia que consideró que las tendencias de izquierda no le daban importancia a la situación indígena.

Guerrillero

Felipe Quispe volvió a Bolivia en 1983 y en 1984, con una ya notable experiencia política, fue elegido dirigente campesino. Desde entonces se propuso la preparación para la lucha armada.

Cuando llegó la crisis del MITKA y el movimiento se fracturó, Felipe, junto con Tomás Apaza Choque, Agustín Hachakollo Vargas, Juan Carlos Quisbert, Zenobio Alavi Patzi y Fernando Surco Calle, creó en 1986 la “Ofensiva Roja de Ayllus Tupajkataristas”, denominados también los “Ayllus Rojos”, como una forma de superación al estancamiento del MITKA.

En 1989, los “Ayllus Rojos” se convirtieron en el “Ejército Guerrillero Tupak Katari”, EGTK, una guerrilla en Bolivia que tuvo en el indianismo su principal fuente ideológica, pero también la incorporación de elementos marxistas, desde la presencia de los hermanos Álvaro y Raúl Linera.

A raíz de eso, Felipe sería atrapado por la Policía en 1992 y encerrado en la cárcel durante cinco años. En el momento de su aprehensión, se inmortalizó una de sus frases más históricas y profundas. Cuando la periodista Amalia Pando le preguntó por qué luchaba, Felipe Quispe le respondió mirándola a los ojos: “Yo lucho para que mi hija no sea su sirvienta”.

Intelectual y escritor

Desde la cárcel, Felipe se dedicó a estudiar la carrera de Historia en la Universidad Mayor de San Andrés. En este periodo escribió los siguientes libros: Tupak Katari vive y vuelve… carajo, El Indio en escena y Mi captura.

Posteriormente ejerció la docencia en la Universidad Pública de El Alto, de la cual fue uno de sus fundadores. En 2013 presentó el libro La caída de Goni y en 2017, Mi militancia: MITKA, Movimiento Indio Tupaj Katari.

Otros dos libros que concluyó aunque no fueron presentados públicamente son: Viva Pachamama y El primer congreso indigenal de 1945. Felipe fue columnista en varias revistas o periódicos como Collasuyu, Pukara, Presencia y también productor de distintos boletines como Ofensiva Roja Tupakatarista o Wñaymarka.

También fue conferencista nacional e internacional, sobre todo en la última etapa de su vida.

Para conocer más, puedes revisar esta nota: La vida de «El Mallku»: dos libros y tres entrevistas para conocerlo y entenderlo

Político

Si bien Felipe ya había militado antes en el MITKA, tras su trascendental participación al frente de la Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia (CSUTCB) el año 2000 fundó el Movimiento Indígena Pachakuti (MIP).

En 2002 obtuvo la personería jurídica para su partido, lo que le permitió participar en las elecciones nacionales de ese año con Esther Balboa y el 2005, con Sabina Choquetijlla.

Tras conseguir el 6.09 % de los votos en 2002, logró seis escaños en la Cámara de Diputados, uno de ellos ocupado por él, aunque renunció en 2004.

Para los comicios de 2005 obtuvo solamente el 2,1% de los votos, con lo que el MIP perdió su personería jurídica. En 2015 participó de las elecciones subnacionales con la sigla del MPS por la Gobernación de La Paz.

Alcanzó un apoyo del 5%, por debajo de Félix Patzi (candidato de Sol.bo), Felipa Huanca (MAS) y Elizabeth Reyes (UN). En 2021 intentó nuevamente ser gobernador de La Paz y lanzó su candidatura en alianza con la agrupación Jallalla, al no tener aún personería jurídica con su nuevo partido Adelante Pueblo Unido (APU).

Dirigente deportivo

Cuando Felipe manifestaba: «Quiero ver jugar en la Liga a los Quispe, Mamani, Condori, Yujra, a los despreciados. Gente que no es tomada en cuenta para los partidos que se juegan en los equipos profesionales”, no lo hacía de manera demagógica.

En 2004 fundó Pachakuti FC. El equipo se formalizó con su inscripción a la Asociación de Fútbol de La Paz (AFLP) el 2 de agosto de 2005.

Tenían como directorio a Felipe Quispe, Ramiro Torrez, Rosario Quispe y Armando Poma y, como entrenador, Mario Callisaya. El sueño que había nacido el año 2000 no solo se concretó, sino que incluso llegó a la Primera B, a un paso de la Liga Profesional.

El 2015 trató de vender el equipo por falta de recursos para continuar y el 2018, descendió de categoría.

Dirigente Sindical

Después de que el EGTK se desarticuló en 1998, Felipe fue elegido como secretario ejecutivo de la CSUTCB. Fue en esos años que empezó a ser conocido como El Mallku.

Entre 2000 y 2001, a la cabeza de la CSUTCB, Felipe se transformó en una de las figuras más trascendentales, opacando a Evo Morales y Alejo Veliz. Su aceptación e impacto marcaron el inicio del ciclo político que hoy se vive.

Felipe no había logrado durante su periodo de lucha armada ni como político, la trascendencia e impacto que tenía a la cabeza de la CSUTCB. Fue en esta etapa que protagonizó los levantamientos indios más grandes de nuestra historia contemporánea, solo comparables con los de Tupak Katari en 1871.

Felipe también fue un protagonista fundamental en la Guerra del Gas de 2003, que concluiría con la renuncia de Goni y consolidaría la Agenda de Octubre: Nacionalización del Gas y Asamblea Constituyente. En 2017, Felipe reapareció en el conflicto por la renuncia del alcalde de Achacachi; fue nombrado representante del comité de bloqueo y se enfrentó al gobierno del MAS.

El 2020 sería el líder que se enfrentaría al gobierno de Áñez, exigiendo que se cumpla la convocatoria a elecciones.

El factor Mallku- El Retorno

Bolivia venía arrastrando una larga crisis social y política, marcada por una alta polarización y ocho procesos electorales en los últimos nueve años, cuando llega al proceso electoral de octubre de 2019.

Los comicios fueron anulados por acusaciones de fraude que desencadenaron en una movilización que terminó con los 14 años continuos de gobierno de Evo Morales y el MAS.

El grupo que se había hecho del gobierno, a la cabeza de Jeanine Áñez y Arturo Murillo, ejecutó las masacres de Senkata y Sacaba que dejaron más de una veintena de muertos.

La represión fue una forma clara de sentar un precedente para quienes cuestionasen la legitimidad de su mandato. Áñez y su gobierno desarrollaron una campaña de estigmatización de algunos sectores movilizados, calificándolos de salvajes, terroristas y hordas. La mayoría de estos grupos pertenecían a organizaciones campesinas, indígenas y de la ciudad de El Alto.

Esta campaña desarrollada por el gobierno, en complicidad con varios medios de comunicación, desató fuertes manifestaciones de racismo en las redes sociales.

En este escenario se desarrolla el conflicto por la no postergación de las elecciones. Felipe Quispe aparece para encabezar la movilización en una atmósfera ideal para él, pues su discurso está sostenido principalmente en una interpelación al racismo.

Tras la huida de quienes ocupaban los primeros mandos del gobierno del MAS, muchas de las dirigencias de las organizaciones sociales afines a ese partido quedaron huérfanas.

La figura de Felipe ayudó a rearticular a estos sectores en una movilización no homogénea y que veía en él una posición más radical: pedía la renuncia de Áñez. En respuesta, el Gobierno intentó deslegitimar las protestas y asociarlas con el MAS.

Felipe le dio a la movilización un aura de independencia, pues había sido crítico al gobierno del MAS y no militaba en ese partido. He ahí la fuerza de su liderazgo.

El MAS no dudó un minuto en potenciar el nombre de El Mallku. Todo el aparato comunicacional con el que contaba, principalmente en las redes sociales, refrescaba y mitificaba la figura del líder histórico.

Felipe sabía muy bien esto y les siguió el juego. Por la falta de recursos, nunca había tenido un aparato comunicacional y un escenario tan favorable para posicionarse, no como figura política, sino más bien para impulsar su discurso indianista y antiracista.

El Mallku había sido una figura descollante del movimiento indígena campesino entre 2000 y 2003, esa es la generación que lo conocía y se había forjado de su interpelación al carácter colonial del estado: la generación Mallku.

Ante la ausencia de liderazgo en 2019, Felipe entra nuevamente en escena para llenar ese espacio y ser referente de una nueva generación de jóvenes que no tuvieron la oportunidad de conocer su trayectoria.

Con una larga y hasta legendaria historia de lucha, se enfrentaba al fascismo de un gobierno que pretendía retroceder en derechos y conquistas de los pueblos indígenas.

Felipe Quispe tenía clara la figura: había que forjar una unidad en torno y contra el fascismo, más allá de las diferencias que él tenía con la cúpula del MAS y, principalmente, con Evo Morales.

Después del conflicto y con una fecha para las elecciones, Felipe, en alianza con David Choquehuanca, recorrió el Altiplano y los Yungas comunidad por comunidad, incluso en otros departamentos, con el fin de forjar nuevos liderazgos y unificar el voto. Es así que también se construyó en parte de ese 55% con el que el MAS ganó las elecciones del 2020.

A modo de finalizar

Muchos sectores sociales jóvenes, principalmente, e incluso bases del MAS pretendían que Felipe sea candidato por el MAS a la Gobernación de La Paz, lo cual no se dio. Él sabía que tenía un escenario favorable en las elecciones para ser gobernador; en gran medida, el trabajo de formación política que realizó en provincias estuvo orientado a ese fin.

Para algunos era la oportunidad de que Felipe ganase la Gobernación incluso como una forma de homenaje a su trayectoria. Otros sentían que la política no era el mejor escenario para él y, peor aún, a su edad.

Una gestión que siempre tiende al desgaste no hubiera sido la mejor imagen para concluir su vida política: Felipe era un guerrero, no un burócrata.

Así se fue Felipe, de manera imprevista, en pleno proceso electoral. Quedó incólume en su forma de pensar y para muchos fue un líder que siempre trató de ser coherente entre lo que pensaba y hacía.

No se puede comprender la historia contemporánea del país sin Felipe Quispe. Es El Mallku quien abrió la rienda del actual proceso político y la significación que le dio al sujeto histórico de este proceso, el indígena.

Sin la irrupción de su discurso que levantó el orgullo para reconocer nuestra raíz indígena y denominarnos como indios, no se hubiera registrado ese 61% de personas pertenecientes a un pueblo y nación indígena en el Censo 2001.

No se puede entender el país sin la Agenda de Octubre, la nacionalización del gas ni la Asamblea Constituyente, donde Felipe fue un actor central. Ningún gobierno podría negar que estos temas fueron fruto de una lucha social.

No se puede entender la recuperación de la democracia en el 2020 sin la participación de Felipe, quien a sus casi 80 años dio el cuerpo y el rostro ante un gobierno que pretendía instaurar un nuevo ciclo político y fascista en el país.

Finalmente, no se puede pensar el país, sin comprender lo que representó Felipe Quispe, El Mallku, para el mundo campesino, aymara e indígena de la región andina.

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