Preguntas, lecturas y más preguntas para (re)pensar la relación arte-pandemia

A diario escuchamos la muletilla de que el mundo, a partir de la crisis sanitaria global, será distinto. ¿Cuán cierta es esta especulación? ¿Qué le depararía al arte, a los artistas, a la gestión cultural, este nuevo escenario? ¿Estamos listxs? ¿Qué carajos pasará? No tenemos respuestas, solo más preguntas.

Rolando Aparicio V./ Alejandra Sanchez

La mejor memoria que tiene la humanidad de las grandes pestes que sufrió en la historia está en el arte. Desde la pintura grotesca de El triunfo de la Muerte de Pieter Brueghel, hasta la literatura del Viejo Testamento.

Hoy, más allá del notable desafío que tendrán los artistas para plasmar la actual pandemia hacia el futuro, existe otro reto igual de urgente e importante: ¿qué plantea el arte para seguir siendo esencial en la nueva sociedad que deberíamos estar buscando? No solo ser esencial como método de expresión, sino, como parte de la solución: ¿cómo encontrar nuevas formas de ser?

Es una pregunta sincera, por eso, además de indagar en internet, se la transmitimos a algunos artistas, gestores culturales y personas que manejan centros culturales o museos. Siempre con el ánimo de terminar más confundidos y cuestionados.

“El arte es esencial porque, a través de él, podemos ponernos en otro lugar y ver lo que el/la otrx ve, siente o entiende. Por eso el arte es importante, pues crea diálogos internos para poder cuestionarse”, opina Ivanna Terrazas, artista visual.

Mary Monje, otra artista, tiene una respuesta similar. “(El arte) nos permite reflexionar sobre nosotros y nuestro entorno. El tiempo que nos toca vivir nos obliga a replantearnos las formas de hacer y ver el arte. Se presenta cada vez más la necesidad de comunidad para poder continuar”.

“El arte que me interesa es el que me permite acercarme a otras formas de ver el mundo, de estar en el mundo y de entenderlo. Formas que no son racionales, porque –el arte- es una expresión que se puede permitir ser muy subjetiva, enfocarse en algo diminuto o en el todo y decirte las cosas de otra manera”, responde Isabel Collazos, gestora cultural.

En esta visión del arte como lugar de encuentro con el otro y de lugar de cuestionamiento coinciden varios realizadores, quienes resaltan que, bajo este contexto pandémico, eso se hace más necesario que nunca.

¿Aparte del cuestionamiento, el arte puede ser algún tipo de solución?

“La situación es bifronte. Pesimismo paranoico o utopismo maniaco”, dice Paul Preciado, filósofo y escritor español.

Y continúa: “Solo el arte puede salvarnos. Por arte entiendo una praxis creativa colectiva que reinvente instituciones sociales y modos de reproducción de la vida sobre el planeta. Implosión o revolución”.

Harry Montec, muralista y artista visual, plantea que “el arte es una terapia para nosotros. Es esencial para generar una mentalidad y a partir de la mente se hace lo concreto. (El arte debe/puede) proyectar cosas que nos hagan dar cuenta qué sucede en la comunidad”.

“Para ser parte de la solución, el arte es una herramienta de búsqueda y puede ser una herramienta indispensable”, piensa Eduardo Suarez, curador y museógrafo.

En su artículo «El rol del arte en tiempos de pandemia», María Victoria Guzmán, investigadora especializada en memoria cultural, identidad y representación, escribe:

“Sin duda el arte puede colaborar en muchas áreas del quehacer humano. Pero su principal valor es su capacidad de humanizarnos. El arte no puede forzosamente cambiar comportamientos. No es una pastilla o una clase. La empatía no se produce con tan solo mirar un cuadro: implica un trabajo, trabajo para el cual el arte entrega lúcidos materiales”.

“En esta nueva sociedad -como la que plantea la pregunta-, lo que se necesita es justamente eso: ir más allá de este sistema económico y social, de esta manera de hacer las cosas, de esta manera de imaginar el progreso, las normas, los objetos. ¿Por qué hacemos las cosas de una misma manera? Una obra –de arte- puede evidenciar eso, las diferentes formas que puede haber y que no tomamos en cuenta porque tenemos a las mismas de siempre naturalizadas”, agrega Collazos.

¿El arte es por sí mismo una solución, una respuesta? ¿El arte siempre cambia y nos cambia?

“¿De que maneras entendíamos sentirnos frente a una obra –de arte- sea cual fuere? Y ¿De que manera vamos a sentirnos ahora si volvemos a una situación similar? Se van generando nuevas formas y nuevos formatos para piezas artísticas, traducción de las necesidades de una sociedad”, escribe Ales Abruzzese, artista plástica, en su ensayo «Rito de Paso«.

“El mundo y la realidad son un proceso, nosotros hacemos parte de ese proceso al cual llamamos Realidad. No podemos pretender tener una capacidad mental que no esté ligada o inscrita corporalmente y que no esté ligada a un cuerpo que es activo, que interactúa con los otros, con sus contextos y entornos”, continúa Abruzzese.

Jacobo Zanella, editor y ensayista mexicano, en su texto «El mejor año para iniciar una editorial», se cuestiona qué leerá la gente a partir de esta crisis, e intenta una predicción:

“Textos que muestren lo real, no el mundo maquillado en donde parece que todos te están contando (vendiendo) lo mismo; que muestre también la irrealidad del momento, pero no la irrealidad de la ficción o el misterio, sino la perplejidad que resulta de nuestra incapacidad de entender el tiempo presente en su dimensión personal y política: ¿de qué soy capaz?, ¿qué pienso ante esto?, ¿por qué pienso así?, ¿puedo pensar distinto?, ¿qué implica eso y cómo actúo en consecuencia? No sé si la literatura pueda explorar estas interrogantes. O claro que puede, ¿pero cómo? Ésa es la lectura que me gustaría encontrar en el futuro”.

Diego Mondaca, director de cine y fundador del Cineclubcito Boliviano, dice que “cuando alguien sale de una sala de cine con más preguntas o cuestionamientos significa que la película ha tocado los nervios fundamentales y, de ésta manera, sale del cine para participar del cotidiano, incorporándose en las reflexiones diarias, esas pequeñitas que son las necesarias y fundamentales, que son las que logran mayor incidencia”.

“Los espacios culturales deben acoger propuestas de artistas que nos cuestionen como seres individuales y como sociedad. Los centros culturales deberán ser espacios de acción y pensamiento donde la sociedad se organice y se reúna, no solamente para contemplar o disfrutar del arte expuesto, sino para la acción”, lanza Irene Mairemi, directora del Museo Arte Campo: Arte Originario y Popular.

Ozzo Ukumari, artista audiovisual y sonoro, foguea: “Siempre habrá un arte oficial y un no oficial. Esto solo va a depender de que lado estés y desde qué vereda lo veas. El arte siempre va ser esencial para darte cuenta desde dónde lo habitas. No sé si el arte te presente una solución pero sí creo que el arte tiene una capacidad de transformación y no es solo una hipnosis contemplativa de su estética”.

Desde la practicidad de quien vive haciendo, Jaime Terada, escultor, afirma sin dudar que se trata de “hacer lo que nos toca y en la circunstancias que sea. Hacer siendo coherentes con nosotros porque ahí esta el arte: en el continuo hacer cosas que se saben que se puede hacer. En kung fu dicen: ‘Disciplina de una acción bien realizada’”.

En el otro extremo, desde una reflexión filosófica, Sergio Pérez, sacude:

“La pregunta nos mete al plano filosófico, al punto de cuestionar la palabra arte como concepto: ¿El arte es una habilidad? ¿Una habilidad universal? ¿Un buen zapatero es un artista de su trabajo? Deconstruir el estereotipo del artista ‘modernizado’ tal vez nos responda que nada tiene un propósito y nada es esencial, solo una acción espontánea y desinteresada de una persona o comunidad con una habilidad en particular”.

Para ser justos hay que aclarar que este texto es el resultado de solo un envío de una pregunta a varios artistas, sin posibilidad de repregunta (donde muchas veces aparece la verdadera reflexión). Pero la consigna era crear más incógnitas y quizá entender que todos deberíamos estar cuestionando nuestra “cotidianidad” hacia el futuro inmediato.

Para terminar, un nuevo inicio:

¿Podrá ser el arte el que nos explique cómo pasó la pandemia de ser “algo en lo que estamos todos juntos”, “que venceremos todos unidos” a normalizar las diferencias sociales hasta el punto de decidir quién puede protegerse y quien deberá exponerse a la enfermedad para subsistir? ¿Cabe darle esa responsabilidad a los artistas? ¿O es responsabilidad de todos (individual y colectiva)?

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