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Efecto Ronaldo: los costos sanitarios de la Coca Cola y un impuesto pendiente

Los costos sociales y sanitarios del excesivo consumo de bebidas como la Coca Cola son altísimos. Estos refrescos no solo están relacionados con múltiples enfermedades de alto riesgo, también influyen en la pérdida de miles de millones de dólares por la baja productividad derivada de problemas de salud.

Bastaron solo 20 segundos para que el mundo se pusiera a discutir el lugar de la Coca Cola en el mundo. El futbolista portugués Cristiano Ronaldo, desairando a uno de los principales patrocinadores de un torneo continental, decidió remplazar dos botellas de la bebida ultrazucarada por una de agua durante una conferencia de prensa.

El gesto es simple, pero tuvo tal repercusión que el valor Coca Cola en los mercados internacionales cayó en casi 4 mil millones de dólares. Según lxs analistas, este desliz no representa ningún riesgo para la compañía en el largo plazo.

Sin embargo, la escena es un buen pretexto para comenzar a discutir los impactos de los productos de Coca Cola y otras corporaciones de bebidas azucaradas en la salud y economía de las familias alrededor del mundo.

¿Cómo afectan a nuestra salud las bebidas azucaradas como la Coca Cola?

Carissa Etienne, directora de la Organización Panamericana de la Salud, dice que estos refrescos “contribuyen en gran medida al sobrepeso y la obesidad, y se sabe que estas condiciones, a su vez, causan enfermedades cardíacas, diabetes y otras enfermedades graves relacionadas”.

Según el informe La tributación de las bebidas azucaradas en la región de las Américas, en los últimos 20 años esta parte del mundo sufrió un alza considerable en los índices de sobrepeso y obesidad.

Para 2016, dos de cada tres habitantes de las Américas vivían con estas condiciones.

En Bolivia, durante los últimos 20 años se ha duplicado la tasa de sobrepeso y obesidad. En 2017, este indicador alcanzó un 42.7%. Es decir, en una familia de cinco personas, dos sufren estos problemas de malnutrición.

Un reporte publicado por la Unicef en 2020, detalla que uno de cada tres niñxs y jóvenes (entre los 5 y 18 años) sufre sobrepeso u obesidad. Debido a estas cifras, el Ministerio de Salud declaró una “epidemia nacional por sobrepeso y obesidad”.

¿Y qué onda con la Coca Cola en Bolivia?

Las alzas en la prevalencia de sobrepeso y obesidad en Bolivia coinciden con un incremento sostenido en el consumo de Coca Cola (y otros productos de la multinacional).

En una entrevista de 2014, un ejecutivo regional de la compañía explicaba que nuestro país “se ha convertido en un país importante para el negocio global de Coca Cola por el volumen de ventas. En los últimos siete años, el negocio viene creciendo entre el 7% y el 9%”.

Para ese año, se estimaba que una persona en Bolivia consumía 53 litros de Coca Cola por año. Esto equivale a 15 gramos de azúcar cada día, más de la mitad de azúcares añadidos que recomienda la Organización Mundial de la Salud (OMS) para cada jornada.

En nuestro país, el 87% del portafolio de la compañía ofrece bebidas ultrazucaradas. El resto de su oferta se divide en bebidas sin azúcar o “bajas en calorías”.

Coca Cola presume de tener 113 mil puntos de venta en todo el país. Esto significa que en Bolivia hay 10 sitios donde se vende la bebida por cada mil habitantes. En la misma proporción, hay solo 1.28 camas hospitalarias por cada mil bolivianxs.

Ok, ¿pero cómo puede afectar eso a la economía de un país?

Uno de los pocos estudios de referencia para Bolivia fue realizado en México.

En cuanto a los costos de productividad atribuibles al consumo de bebidas azucaradas, esta investigación calcula una pérdida de productividad total de 1.400 millones de dólares.

Un 56,9% de estos costos (a pérdida) obedecen a la mortalidad prematura y 41,1% al “presentismo” (bajo rendimiento laboral a causa de enfermedades).

La diabetes es la principal causa de esa pérdida de productividad como consecuencia del consumo de bebidas azucaradas (92,1% de pérdida de productividad por muerte prematura y 99,8% por presentismo).

Otro ejemplo. En 2005 se calculó que los costos anuales de atención médica por enfermedades relacionadas con la obesidad en adultos estadounidenses le costaba a su país más de 209 mil millones de dólares.

Además, un mayor peso corporal en los niños se vinculó con un gasto adicional de hasta 14 mil millones de dólares anuales por medicamentos de venta con receta, salas de urgencias y consultas ambulatorias.

¿Cómo ayudan a disminuir estos impactos los impuestos sobre estas bebidas?

Aunque más de una veintena de países de las Américas aplican impuestos sobre estos productos, no siempre son medidas efectivas ni están orientadas como una política de salud pública. Tiene un alcance meramente impositivo.

Según la OPS, los impuestos sobre las bebidas azucaradas representan una triple ganancia para los gobiernos: mejoran la salud de la población, generan ingresos y, a largo plazo, ayudan a reducir los costos de atención de salud y pérdidas de productividad asociados a enfermedades no transmisibles.

En el contexto actual, Etienne también apunta otro tipo de ventajas.

“Los impuestos a las bebidas azucaradas podrían usarse como una fuente inmediata de ingresos fiscales para responder a la pandemia por COVID-19, financiar planes de recuperación económica y apoyar a los países en su avance hacia la cobertura de salud universal».

Un impuesto selectivo del 20% sobre las bebidas azucaradas, presumiblemente, podría reducir la demanda de esas bebidas hasta un 24%. Esta caída también tendría un impacto favorable en la economía de las familias y su calidad de vida.

En Bolivia, con datos de 2015, el aporte a la recaudación tributaria hecho por Coca Cola no supera el 1% del total. La carga impositiva sobre este sector en el país es aún muy tímida.

La tributación de las bebidas azucaradas se ha implantado en más de 73 países de todo el mundo. La evidencia indica que dichos impuestos no tienen ninguna incidencia adversa comprobada sobre el empleo.

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