Uno de los pasillos del Cementerio General de La Paz. | Wikimedia/Caleidoscopic
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¿Qué está sucediendo con las «cifras oficiales» que maneja el Gobierno boliviano sobre el coronavirus? ¿Por qué tantas inconsistencias? Necesitamos información seria y confiable, «para mañana, no para la próxima semana».

Esther Mamani

A medida que los casos de coronavirus subieron en Bolivia, empezamos también a contabilizar el número de fallecidxs. Pero, las cuentas no calzan. Lastimosamente, en cuanto a las cifras oficiales, se han encontrado inconsistencias en los datos que se brindan desde el Gobierno.

Según el reporte del Ministerio de Salud, el 5 de mayo el departamento de La Paz registraba 16 personas fallecidas por esta enfermedad. ¿Realmente son 16? Al parecer, no.

En el Cementerio General de la sede de Gobierno, el administrador Ariel Conitzer informó sobre 15 cuerpos cremados. A las cinco de la tarde, cuando pudimos ingresar al patio del camposanto municipal, todavía se escuchaban los motores del horno crematorio.

En la ciudad de La Paz existen cuatro hornos crematorios, dos públicos. La Alcaldía cobra 627 bolivianos, antes el costo era de 2224 bolivianos. Los otros dos hornos están en funerarias privadas: el consorcio Kantutani y la Funeraria Valdivia.

Esta última no realiza cremaciones a fallecidos por COVID-19, porque, según explica vía telefónica Adolfo Valdivia, “ya tiene más de 70 años” y no se puede arriesgar.

Gabriel Suárez, administrador de la Funeraria Santa María, del consorcio Kantutani, parte del Cementerio Jardín, cuenta que sí ofrecen este servicio. Cuatro cremaciones hasta el 5 de mayo, que sumadas a las otras 15, hechas en el Cementerio General, hacen 19. El Ministerio de Salud y el Servicio Departamental de Salud (SEDES) anotan solo 16.

¿Hay más? Muy a pesar nuestro, debemos contarles que sí. El 10 de abril, una comitiva del Gobierno fue a Patacamaya para visitar a Elizabeth Ch. Su padre, fotógrafo de 71 años, murió por coronavirus y por ahora es el único deceso conocido en una provincia de La Paz. El anciano trabajó en la fiesta patronal del pueblo, el 14 de marzo, en aquella «famosa» celebración que duró tres días.

El papá de Elizabeth no pudo ser enterrado en el cementerio de Patacamaya. Los pobladores pidieron “que se lo lleven donde sea”. Con esta pérdida, en nuestra indagación, sumamos 20 fallecidos por coronavirus al 5 de mayo. Las autoridades reportaron solo 16.

¿Por qué algo tan sencillo como «llevar la cuenta» no se hace bien? Ya sabemos que no centralizan ni sitematizan los datos. SEDES, Alcaldía, laboratorios privados, funerarias privadas, hospital del Norte, Obrero, cada uno tiene sus propios reportes y estadísticas.

No se pueden tomar decisiones correctas sin conocer la dimensión del problema y sus características. Quizás por eso la improvisación se impone. Desde que todo inició hemos escuchado ofertas de algunas instituciones estatales. Nos prometen bases de datos serías y confiables. Como diría Óscar Urenda (directamente al Gobierno central): es para mañana, no para la siguiente semana.

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