Una protesta en favor de la legalización del aborto en Seul en 2018. | Foto: AFP
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Con escasa repercusión mediática en Bolivia, esta noticia grafica la transformación social de todo un país gracias al esfuerzo y la constancia de sus movimientos feministas. En 1994 una gran mayoría de los surcoreanos creía que el aborto era un asesinato, esa cifra ahora ronda por debajo del 50%.

El tribunal constitucional de Corea del Sur puso fin hoy a la prohibición legal que regía en el país contra el aborto desde hace 66 años, dictaminando que esa norma es contraria a la ley suprema del país y exigió que se legisle para permitir la terminación del embarazo en su primera fase antes de finales del año 2020.

Según la resolución de los jueces, la presente ley limitaba «el derecho de la mujer embarazada a elegir libremente, lo que va en contra del principio que dice que la vulneración de los derechos de una persona deben mantenerse al mínimo».

Los jueces también consideraron que la protección del feto no debe tener más peso que los derechos de la mujer. «Los embriones dependen completamente para su supervivencia y desarrollo del cuerpo de la madre, por lo cual no se puede concluir que sean seres vivos separados e independientes, con derecho a la vida», indicó el texto del tribunal.

Esa normativa sólo se modificó en parte en 1973 para admitir la interrupción del embarazo sólo en casos excepcionales como la violación, el incesto o si existía riesgo para la vida de la madre. Según un sondeo conocido el mismo miércoles, un 58 por ciento de los consultados apoyan el cambio de la legislación.

La decisión del Tribunal Constitucional refleja la profunda transformación de un país donde un 78 por ciento de sus ciudadanos todavía consideraba que el aborto era un asesinato en 1994, una cifra que bajó al 53 por ciento en 2016 y que pasa ser una minoría en los últimos años.

Las estadísticas indican que el número de abortos que se registra en esta nación ronda los 50.000 al año, muy lejos ya de los cerca de 169.000 que se calculó que se realizaron en el año 2010, algo que también refleja un uso más extendido de los métodos anticonceptivos.

La victoria de los grupos que apoyaban esta iniciativa se inscribe dentro del amplio movimiento feminista que se registra en Corea del Sur desde el acceso al poder del presidente Moon Jae In, que ha llevado a la movilización de decenas de miles de mujeres contra el acoso y las prácticas de espionaje que ha sufrido su sexo durante décadas.

Los principales opositores a esta liberalización de la normativa local han sido siempre los influyentes grupos vinculados a las iglesias evangélicas.

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