Carmen y sus títeres contra la trata de personas y la violencia

El poder de las chicas contra la trata de personas: desde la creatividad y las artes escénicas, Carmen Rosa trabaja en obras para promover, entre los niños de su municipio, la prevención de los casos de trata de personas.

En el centro del salón hay por lo menos una docena de títeres. Carmen Rosa camina entre los muñecos y los mira con complicidad. Son los ambientes del Rincón Juvenil de Camargo, una pequeña ciudad al sur de Chuquisaca.

De un momento a otro, Carmen acomoda a una de las títeres que más quiere: Lucrecia.

Durante 2021, Carmen Rosa y otros jóvenes montaron dos obras de teatro de títeres para niñas y niños de dos comunidades rurales cercanas a su ciudad.

A través de las artes escénicas, buscaban sensibilizar a los niños sobre la trata de personas. Prevenir este delito es uno de los objetivos del proyecto Camino a Casa II, implementado por Plan International Bolivia.

Carmen Rosa participa de este proyecto que trabaja con más de 26 mil niñas, niños y adolescentes entre los seis y los 21 años en varios departamentos del país.

Plan International funciona en Bolivia desde hace más de 50 años y actualmente tiene presencia en más de 700 comunidades.

Carmen, la joven lideresa, tiene 20 años y pronto se trasladará a una capital cercana para estudiar Trabajo Social. Por eso, deja una mirada de nostalgia sobre Lucrecia, Juanito y Juanita; sus títeres.

Foto: Dino Garzoni

El rincón juvenil

Carmen Rosa conoció el Rincón Juvenil hace unos cuatro años, cuando era, simplemente, un rinconcito dentro de una escuela local.

Ahora el Rincón Juvenil funciona en un ambiente luminoso, con una veintena de sillas dispuestas en círculo, esperando la llegada de las y los integrantes de la Red de Jóvenes Unidos por la Igualdad de Género (JUPIG).

El espacio cuenta con instrumentos musicales, material de escritorio de todo tipo y un gran televisor para ver cortometrajes educativos.

El Rincón Juvenil es administrado por la Unidad de Juventudes del municipio de Camargo, gracias a la promulgación de la Ley Municipal de Juventudes. El propósito sigue siendo el mismo: un espacio donde se puedan reunir niñas, niños, adolescentes y jóvenes para aprender, crear y proponer.

Ideas sin miedo, un ejemplo para otras niñas

Desde su primer día en el Rincón Juvenil, Carmen Rosa se lanzó a proponer ideas sin miedo. Se sentía segura, en un espacio junto a jóvenes propositivos y transformadores.

Carmen Rosa dice que “el liderazgo no solamente se forma cuando eres parte de estos proyectos. Viene desde mucho más allá, creo que mi liderazgo comenzó cuando ya estaba en el colegio”.

Disfrutaba participando de las mesas directivas, representando a su curso en presentaciones de danza, poesía u otras manifestaciones artísticas.

Carmen Rosa también solía compartir sus ideas para recaudar fondos para las actividades escolares. “Creo que desde ahí nace mi liderazgo”, comenta.

La principal característica de Carmen Rosa es estar siempre activa. Este entusiasmo y compromiso con proyectos transformadores inspira a otras jóvenes y niñas lideresas.

En una ocasión, en un encuentro juvenil, preguntaron a las asistentes si conocían a alguien que sea un ejemplo a seguir.

Muchas niñas y jóvenes lideresas señalaron a Carmen.

Ahí, abrazada por ese sentimiento, reafirmó sus convicciones en esos espacios, fundamentales dentro su trayectoria de vida.

Foto: Dino Garzoni

La cuarentena

Las estrictas medidas de cuarentena impuestas en 2020 trastocaron algunos de los planes de Carmen Rosa.

Cuando la pandemia llegó a Bolivia, Carmen Rosa vivía en La Paz y estudiaba Ingeniería de Sistemas. Además de una carrera técnica en Belleza Integral.

La crisis sanitaria y el confinamiento motivaron a Carmen Rosa a repensar y replantearse muchas cosas. Entre ellas, su proyecto de vida.

Los embates de la pandemia a la economía provocaron el retorno de Carmen Rosa a su ciudad natal. Allí tomó la decisión de estudiar Trabajo Social.

Al volver a Camargo, Carmen Rosa se reencontró con la Red JUPIG poco muy activa y sintió la necesidad de cerrar bien el ciclo. Además, la Red le ofrecía ese espacio de socialización que tanto había echado de menos durante el aislamiento.

Lucha contra la trata de personas

De esta manera se unió a la segunda versión del proyecto Camino a Casa. Antes habían hecho cortometrajes pero en esta oportunidad, como parte de las actividades, aprendieron a construir títeres.

El trabajo fue integral y altamente creativo. Los caracterizaron, les dieron distintas personalidades y hasta tonos de voz particulares. Cada uno de los títeres llevaba algo de las y los jóvenes artistas.

Asimismo, piensa Carmen Rosa, la magia de los títeres les ayudó a sentirse más libres y a expresar sus inquietudes a través de sus personajes.

Así nació Lucrecia, la títere de Carmen Rosa.

Foto: Dino Garzoni

Desde el proyecto Camino a casa II, Carmen Rosa y el equipo de la Red JUPIG recibieron una estructura de guion. Sin embargo, ellas y ellos manifestaron la necesidad de situar la historia en la realidad de su propio municipio.

Para las y los jóvenes era importante develar cómo opera y se naturaliza la trata de personas en las zonas rurales de su municipio.

“Es algo muy normal, se conocía como algo muy normal. Y algunos de nuestros líderes lo pasaron, lo vivieron. Nos dimos cuenta que era algo muy triste”, cuenta Carmen Rosa. Pero esto también les dio impulso.

A lo largo del 2021 y parte del 2022 presentaron las obras creadas a niñas y niños de comunidades rurales situadas a 18 y 24 kilómetros de la localidad de Camargo.

Con personajes bien logrados, como Juanito el Chillón, las niñas y niños podían fácilmente identificar las situaciones de peligro que se presentan con la trata de personas.

En especial, la manipulación, las asimetrías de poder y otras situaciones de vulnerabilidad.

La historia de Juanito

Por ejemplo, Juanito, el títere, vive una situación de explotación laboral que parece de otros tiempos, pero que sigue siendo una práctica común.

Juanito es llevado por su padre hasta la hacienda de un “patrón”. Trabaja de sol a sol. Pasteando ovejas, limpiando la casa y buscando agua.

Sin poder ver a sus padres ni asistir a la escuela, la historia de Juanito refleja un tipo de explotación infantil naturalizada a través de la figura del “padrinazgo”.

“Quiero que me ayude, mi papá me dejó en una casa grande donde el señor me obliga a decirle patrón. Decía que me iba a pagar por el trabajo y no me dio nada. Por eso no venía a la escuela”, dice Juanito casi al final de la obra.

La información es clave a la hora de visibilizar este tipo de situaciones, así como las medidas a tomar cuando se identifica la trata: denunciar ante la Defensoría de la Niñez y Adolescencia, a un familiar, al profesor o profesora e incluso a la FELCC.

En los primeros 100 días de 2022, en Bolivia se registraron más de 400 casos de trata de personas. Según las autoridades y especialistas, este delito se da en el círculo de confianza de las víctimas. Principalmente, aprovechando la situación de vulnerabilidad económica de las personas más jóvenes.

Algunas captadas a través de anuncios de empleo falsos (en espacios físicos o virtuales), pero muchas otras todavía sometidas a prácticas de patronazgo.

No siempre es fácil

La participación activa en eventos y campañas demanda una gran cantidad de tiempo.

Carmen, además de generar sus propios ingresos con su emprendimiento de belleza integral, también ayuda a su mamá en la venta de alimentos.

Organizar con precisión sus horarios es una necesidad para Carmen Rosa. Sin ese orden no podría cumplir con las responsabilidades en casa, la universidad y la red JUPIG.

A veces los compromisos se sobreponen y se hace necesario decidir entre una u otra cosa, confiesa Carmen Rosa. El trabajo como lideresa no siempre es fácil.

Compartir y compartir

Además de socializar, Carmen Rosa ama viajar y aprender.

Pero lo que más disfruta es compartir la información que recibe. La información es entendida por ella como una forma de reciprocidad, compromiso y responsabilidad con su comunidad.

Carmen Rosa es consciente de cómo los liderazgos se van renovando continuamente. Ella misma vivió ese proceso, participando de los proyectos Armonía y Saberes, Camino a Casa I y, ahora, Camino a Casa II.

Cuando Carmen Rosa inició su proceso de liderazgo, la Red JUPIG solo contaba con siete  jóvenes. Ahora son 60 y ese número la hace sentir feliz, satisfecha, tranquila.

La Red JUPIG es el lugar donde Carmen Rosa creció, donde obtuvo guía, consejo y amistad con las y los coordinadores. Allí comprendió los alcances del trabajo social. Esa carrera que ahora se prepara para seguir de manera presencial.

En su nueva ciudad, Carmen Rosa no comenzará desde cero. En uno de sus viajes de intercambio de conocimientos, conoció a un grupo de jóvenes con los cuales piensa trabajar en el fortalecimiento del ejercicio de derechos de las y los jóvenes.

Carmen Rosa promete que volverá constantemente a Camargo, para seguir articulando los liderazgos jóvenes. Para que se siga construyendo el camino que ella ayudó a abrir.

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