• Inicio
  • Temas
    • Mujeres y diversidades
    • Acción climática
    • Salud y cuidados
    • Culturas
    • Digitalidades
    • Tribuna Libre
  • Quiénes somos
  • ¡Nuestros libros!
  • ¡Apóyanos!
Muy Waso, periodismo del futuro
No hay resultado
Mira todas las opciones
Muy Waso, periodismo del futuro
  • Inicio
  • Temas
    • Mujeres y diversidades
    • Acción climática
    • Salud y cuidados
    • Culturas
    • Digitalidades
    • Tribuna Libre
  • Quiénes somos
  • ¡Nuestros libros!
  • ¡Apóyanos!
No hay resultado
Mira todas las opciones
No hay resultado
Mira todas las opciones
Muy Waso, periodismo del futuro
Inicio Portada

Carlos Velázquez y una chela con Nacho Vegas

Redacción Muy WasoEscrito porRedacción Muy Waso
07/08/2018
guardado en Portada
Tiempo de lectura: 9 mins.
Envía por WhatsAppCompartir en FacebookCompartir en Twitter

No sabemos cómo sucedió, pero tenemos a Carlos Velázquez y Nacho Vegas en un solo post. El primero, un brutal escritor mexicano que recordarás por éxitos como La marrana negra de la literatura rosa, publica por primera vez en Bolivia de mano de la editorial alteña Sobras Selectas. Te compartimos una crónica del libro Aprende a amar el plástico, un compilado de crónicas que se presenta el viernes en la FIL de La Paz. *

Carlos Velázquez

Después de perder un vuelo y que el siguiente se retrasara cuatro horas por fin aterricé en Monterrey. Había extraviado mi maleta y vestía la misma ropa desde hacía tres días. Apestaba, a cruda, a sudor, a mal sexo. Tengo problemas con mi manera de beber. Tras blackoutear en el Vive Latino me había prometido tomarme un break con el alcohol. Pero antes de largarme a casa cumpliría mi última asignación: entrevistar a Nacho Vegas.

Arribé temprano al backstage del Escena. Un regimiento de tellas de tinto, cerveza y whisky me hacían guiños. Reconsideraba seriamente mi relación con el trago, así que me amarré un güevo y, bocadillo en mano, aguardé a que apareciera Nacho. No demoró ni diez minutos. A diferencia de mí, que traía todo el look de poeta maldito, su apariencia era impecable. Ya no era el Nacho que lucía hinchado. Era evidente que se estaba tomando unas vacaciones de la heroína. Pareciera que nada le causa estragos por este tiempo. Al observarlo me vinieron a la mente estas palabras de Leonard Cohen: «Intenté usar jeans, pero nunca me sentí cómodo en ellos». Nacho portaba un traje. Creo que nunca lo he visto vestir de otra forma. Por ahí circula un video en el que aparece con pantalón de mezclilla (Nacho en la azotea de un edificio tocando una versión en español de «A Simple Twist of Faith» de Bob Dylan). Una excentricidad.

Antes de sentarnos, me ofreció una cerveza. Enseguida se encendieron los focos rojos y la sirena de alarma comenzó a sonar. El asunto no era una cerveza. El pedo era que en cuanto me diera un primer trago no podría detenerme. Pero cómo decirle que no a Nacho Vegas. Qué importa que hubiera blackouteado. Que hubiera perdido un vuelo por quedarme ahogado. Que tuviera el hígado hinchado. Que otra mujer me hubiera abandonado. Que a esa primera chela le sigan 20 más. No se departe una cerveza con Nacho Vegas todos los días. Me destapé una birra y nos deseamos salud.

Aquella noche Nacho decidió no conceder entrevistas. Qué lo motivo a último minuto a recibir a un güey desastrado y chamagoso, me es incomprensible. La única conclusión posible es que Nacho, además de ser un poeta maldito, un cantautor superdotado, un yonqui (o ex yonqui), es un tipo generoso. No suelo pedir autógrafos. No casa con la imagen de chico duro. Pero Nacho me inspiró una confianza inusual. Me firmó un disco para la madre de mi hija, que es su fan. La sencillez de Nacho estaba bastante allegada de la pose del rockstar. Debajo de su lucidez, ocultas por la rigurosidad de su saco, por la caricia de su camisa de vestir, podía adivinar sus venas perforadas. Nunca se ha visto a Nacho en camiseta.

No acudí como un grupi, pero fui sincero cuando le confesé a Nacho que jamás esperé que un disco de él (Resituación) lo conectara más con el público que El manifiesto desastre. Menos con un álbum con cierto contenido de denuncia. «Hombre, pues muchas gracias», me respondió con asombro. Y es que apuesto a que más de uno, puede que hasta el mismo Nacho, pensamos que El manifiesto desastre era un conjunto de canciones que ocuparían un lugar insustituible en la piel de sus seguidores. Uno de los tracks de Resituación, «Ciudad vampira», es una libre adaptación de «Devil Town» de Daniel Johnston. Nacho me confesó cómo comenzó su carrera. La primera canción que él tocó en un escenario fue «True Love will Find You in the End», una rola que han covereado tanto Beck como Wilco.

La banda se disponía a salir al escenario. Nacho me obsequió un apretón de manos. Y me invitó a quedarme tras el cortinaje del Escena. Pero, pese a lo glamoroso que supone ver un concierto desde ese sitio, siempre he preferido medirle la temperatura a las presentaciones desde el público. Ya valió madre, me dije. No es día para regenerarme. Fui a comprarme una chela con la conciencia de que no sería la única. Armado con un litro me interné entre la raza. A los 2 minutos se detuvo junto a mí Andrés Vela (esta será una noche larga, calculé, pero no sabía qué tanto). Había asistido solo. Con un boleto que le había regalado su ex novia. Quien también estaba en el recinto.

Puedo presumir que fue una noche especial. Nacho tocó «El hombre que casi conoció a Michi Panero», una canción que ya no interpreta en vivo. Fue desgarradoramente emotivo. Como cuando Radiohead toca «Creep». El concierto terminó y, aunque estuve tentado a volver al backstage, acepté la invitación de Andrés al Beto’s Bar. Uno de los lugares más cutres e insalubres del centro de Monterrey. Como me gustan, pues. Chaka pero rocker. Entramos y, oh, sorpresa, quién estaba ahí. La ex de Andrés. Por qué no nos fuimos al Chac Mool, me lamenté. No nos quedó más opción que unirnos a la mesa. Y durante cuarenta y cinco minutos, mientras todos se deshacían en elogios acerca del concer de Nacho, se respiraba una atmósfera de tensión sexual combinada con encono y resentimiento. Me dediqué a ignorar la situación embarazando a la rockola de monedas.

De repente Andrés y su ex estaban besándose. Ah, otro final feliz, aventuré con ingenuidad. La noche transcurrió con tranquilidad. Pero a las 3 de la mañana los muchachos ya no pudieron más con la calentura. Con el plus de que era ofensivo que tomara un taxi, me darían un raite y luego se marcharían a coger. Idiota, ignorando las palabras de Nacho que dicen «en la práctica las cosas nunca salen como uno querría», acepté. Me incrusté en el asiento trasero del auto de la ex con una chela en la mano. Había blackouteado, perdido un vuelo, dormido mal en una semana, pero en unos minutos estaría acostado en una cama. La promesa de reposo me adormiló.

Me despertó un sacudidón del carro. Andrés estaba aferrado al volante y, aunque modorro, supe que no lo soltaría. Se gritaban no sé qué mierda. El pie de la ex se hundía más y más en el acelerador. Puta madre, qué hago, gemí. Nos volamos un rojo. Entonces el peso del brazo de Andrés hizo que el coche girara y entramos por una calle en sentido contrario. Las luces de los coches me hicieron pensar en que no había pagado el internet. Un nuevo giro nos sacó hacia un bulevar. Subimos el paso a desnivel y pensé que volaríamos como en una escena de película de acción. Pero yo no soy doble, gimoteé. Pinche Nacho Vegas, maldije. Yo ni siquiera iba a tomar. Por fortuna no caímos, pero invadíamos carril tras carril hasta que casi chocamos con un tráiler. Entonces la divina providencia dejó de friendzonearme. No sé qué ocurrió, pero el carro se mató. Aproveché para abrir la puerta y bajarme. Me alejé hacia la banqueta mientras oía que alguien estaba tratando de arrancarlo.

No reconocí el rumbo. Me parecía que estaba cerca del aeropuerto. ¿Nos alejamos tanto? No circulaba ni un puto taxi. Resignado, comencé a caminar. Dos horas después me topé con el periférico. Y continué mi andanza. Llegué a casa de Óscar David López (donde dormía) cuando estaba amaneciendo. Casi morí por culpa de Nacho Vegas. Me desmayé sobre la cama y dormí 24 horas. No recuerdo que soñé, pero sí que amanecí miado.

https://www.facebook.com/sobrasselectas/photos/a.426085944268862.1073741828.422096948001095/832384593638993/?type=3

* La presentación se realizará el próximo 10 de agosto, a las 21:00, en la sala Néstor Taboada Terán de la Feria Internacional del Libro de La Paz. El libro puede comprarse en el stand de la editorial El Cuervo a 80 bolivianos (precio promocional). 

Cortesía de Sobras Selectas

EnviarCompartirCompartir4Tweet3Compartir1
Redacción Muy Waso

Redacción Muy Waso

Otras publicaciones wasas

Caricatura ilustrativa para el análisis del tercer debate presidencial en Bolivia. Imagen generada por IA.

Análisis del tercer debate presidencial: el síndrome del Chicharito

05/08/2025
Elecciones presidenciales 2025: análisis completo al debate en Unitel

Elecciones presidenciales 2025: análisis completo al debate en Unitel

24/07/2025
portada_revista_enclave_salvaje_debates_disidentes_bolivia

En/clave salvaje: una cartografía crítica y disidente para repensar Bolivia

20/02/2025
Ángel Castro con su libro Santa Cruz la mayor inversión boliviana 1825-2000 que desafía la narrativa del desarrollo cruceño

Ángel Castro: El hombre que desafió el “milagro cruceño”

14/02/2025

Todos nuestros contenidos originales son compartidos bajo una Licencia de Producción de Pares (PPL). Para más información puedes escribirnos a [email protected]

Muy Waso
Respetamos tu privacidad

Para ofrecerte una mejor experiencia, utilizamos tecnologías como las cookies. No consentir o retirar el consentimiento, puede afectar negativamente ciertas características y funciones.

Funcional Siempre activo
El almacenamiento o acceso técnico es estrictamente necesario para el propósito legítimo de permitir el uso de un servicio específico explícitamente solicitado por el abonado o usuario, o con el único propósito de llevar a cabo la transmisión de una comunicación a través de una red de comunicaciones electrónicas.
Preferencias
El almacenamiento o acceso técnico es necesario para la finalidad legítima de almacenar preferencias no solicitadas por el abonado o usuario.
Estadísticas
El almacenamiento o acceso técnico que es utilizado exclusivamente con fines estadísticos. El almacenamiento o acceso técnico que se utiliza exclusivamente con fines estadísticos anónimos. Sin un requerimiento, el cumplimiento voluntario por parte de tu proveedor de servicios de Internet, o los registros adicionales de un tercero, la información almacenada o recuperada sólo para este propósito no se puede utilizar para identificarte.
Marketing
El almacenamiento o acceso técnico es necesario para crear perfiles de usuario para enviar publicidad, o para rastrear al usuario en una web o en varias web con fines de marketing similares.
  • Administrar opciones
  • Gestionar los servicios
  • Gestionar {vendor_count} proveedores
  • Leer más sobre estos propósitos
Ver preferencias
  • {title}
  • {title}
  • {title}
No hay resultado
Mira todas las opciones
  • Inicio
  • Temas
    • Mujeres y diversidades
    • Acción climática
    • Salud y cuidados
    • Culturas
    • Digitalidades
    • Tribuna Libre
  • Quiénes somos
  • ¡Nuestros libros!
  • ¡Apóyanos!

Todos nuestros contenidos originales son compartidos bajo una Licencia de Producción de Pares (PPL). Para más información puedes escribirnos a [email protected]