Andreína, la lideresa que defiende los derechos de la niñez en equipo

Foto: Dino Garzoni

El poder de las chicas en la lucha contra la violencia: la vida de Andreína se transformó cuando aprendió sobre sus derechos. Ella tiene 12 años y vive en Tomina, Chuquisaca. En su escuela, su equipo de futsal y su hogar desafía las imposiciones de género y generacionales. Desde esos espacios busca erradicar la violencia contra las niñas.

Andreína es jugadora de fútsal. Tiene solo 12 años y se ha convertido en una lideresa que quiere erradicar la violencia contra las niñas. Todas las enseñanzas que comparte están atravesadas por sus propias vivencias. Su meta es difundir el respeto a sus derechos, incluso más allá de su tierra natal.

Su pedido es contundente: “no más maltratos” contra las niñas y niños.

Un monitoreo realizado entre 2020 y 2021, advierte que siete de cada diez menores víctimas de violencia en Bolivia son mujeres.

Cuando Andreína habla, la acompaña todo su cuerpo. Mueve las manos, la cabeza y sus pupilas. Cuando dice que las niñas no deben ser violentadas, lo hace con firmeza. Para ella no se trata solo de una opinión o punto de vista, es una regla inquebrantable.

Entre 2010 y 2020, se reportaron casi seis mil casos de violencia física y sexual contra menores de 10 años en servicios de salud. Más de la mitad de las víctimas son niñas.

Esta información fue reportada por el observatorio La realidad de las niñas, un repositorio de datos impulsado por Plan International.

Foto: Dino Garzoni

Aprendiendo a nadar

Andreína vive en Tomina ubicado a unos 150 kilómetros de Sucre, a unas tres horas de la capital. Una región con un clima predispuesto para la agricultura con cultivos como el amaranto, la papa y el maíz.

Muy cerca su pueblo hay un río. Como suele suceder en estos casos, ella sabe nadar desde muy joven.

Aprendió a hacerlo cuando era muy pequeña. Recuerda que sus amigas la animaron a meterse al agua. “Solo tienes que mover tus pies para que no te ahogues”, explica con sencillez Andreína.

“Es un ejemplo de resiliencia”, dicen sobre Andreína las facilitadoras de Plan International Bolivia. La organización trabaja por los derechos de la niñez y la igualdad para las niñas.

Andreína es eso y mucho más. No solo aprendió a no ahogarse en las dificultades que tuvo que afrontar a su corta edad. También enseña a otras niñas y niños a mover los pies para salir de entornos peligrosos y violentos.

Una lideresa para todas las edades

Foto: Dino Garzoni

Andreína participa del proyecto Arriba de Plan International Bolivia y es parte de la directiva de la Red de Adolescentes de su municipio.

Desde ese espacio empezó a capacitar a otras niñas, niños y adolescentes sobre los derechos sexuales y derechos reproductivos. Además, a Andreína le interesa la prevención de la violencia y el alcoholismo.

A sus ocho años, Andreína tuvo que afrontar la separación de sus padres. Desde pequeña estuvo principalmente bajo el cuidado de sus hermanos mayores.

Luego, perdió a su hermano de 20 años por una insuficiencia renal y, actualmente, vive con su padre, su hermana de 22 años de edad, su hermano mellizo y una sobrina que recién aprende a caminar.

“Es importante resaltar la labor que hace ella, desde la vivencia propia (…) le ha tocado atravesar muchas situaciones y ha salido adelante a pesar de todas las dificultades”, comenta la técnica operativa del proyecto Arriba, Mariela Fernández.

El proyecto Arriba trabaja, fundamentalmente, con unas 18 mil adolescentes, mujeres eembarazadas y mujeres en edad fértil de La Paz, Cochabamba, Chuquisaca y Tarija. El principal enfoque del proyecto Arriba es el de la promoción de la salud y derechos sexuales y reproductivos, con una perspectiva transformadora de género.

El proyecto Arriba se desarrolla con el apoyo del Gobierno de Canadá.

Andreína comparte lo que sabe con niñas de su edad. Pero también con adolescentes mayores que ella. Incluso comparte sus conocimientos con madres y padres de familia.

La joven lideresa reflexiona, generalmente, sobre cómo las acciones de las madres y los padres tienen consecuencias en los comportamientos de niñas y niños.

Migración, ITS y embarazos adolescentes

A partir de los 12 años de edad, las adolescentes del municipio de Tomina suelen ser obligadas a migrar a ciudades como Santa Cruz . Por lo general, acaban convirtiéndose en trabajadoras del hogar, según explica Mariela Fernández.

“Si en algún momento llegan a migrar, queremos que vayan con la información adecuada sobre métodos anticonceptivos, infecciones de transmisión sexual (ITS), etc. Y que no estén expuestas a situaciones que interrumpan sus proyectos de vida”, dice Mariela.

En lo que va del 2022, Chuquisaca reportó al Servicio Nacional de Información en Salud (SNIS) casi dos mil casos de ITS. El 97.4% de las afectadas son mujeres y la tercera población con más registros es la que tiene entre 15 y 19 años.

En este último grupo etario, todos los reportes corresponden a mujeres.

En el caso de embarazos adolescentes, hasta febrero de 2022 el SNIS registró 229 nuevos casos en menores de 19 años. Es decir, uno cada seis horas.

“Queremos que niñas y niños sean líderes y estén empoderados para que puedan hacer su ejercicio de derechos y tengan igualdad de género. En especial en espacios que generalmente son de los niños. Por ejemplo, en muchas familias los niños van a estudiar, pero las niñas no”, lamenta.

“Le voy a enseñar todo”

Cuando Andreína visita algunas escuelas para hablar sobre sus derechos y compartir lo que ha aprendido, hay algunos niños que se ríen. Ella les resta importancia.

“Las niñas escuchan”, comenta con orgullo. De hecho, en el grupo de su municipio participan solo tres niños, uno de ellos es su hermano mellizo.

Plan International se convirtió en un espacio de transformación para ambos. Ella se hizo una lideresa y él aprendió a dialogar más en su escuela y su hogar.

Andreína quiere compartir todo lo que aprendió para defenderse con su hermano, su sobrina y todas las niñas y niños que quieran escucharla.

“Especialmente quiero que ya no haya maltratos, que ya no haya violencias, abusos psicológicos. Nada de eso. Quiero que todos aprendan”, dice.

Foto: Dino Garzoni

Enseñar, su vocación

Andreína no solo quiere enseñar sobre derechos para que otras niñas “puedan defenderse”, también quiere convertirse en profesora de educación física.

Sus dotes atléticos parecen ser un atributo familiar. A ella le encanta jugar futsal, al igual que a su hermana y hermano mayores.

El futsal es un juego rápido, de equipo, en el que fácilmente se puede cambiar el marcador o ampliar la diferencia. Como en la vida misma, Andreína tiene un team de compañeras que la acompañan en su camino para ganar en la cancha y fuera de ella.

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