¡Comparte ahora!

‘Roma’ es una de las películas más emocionalmente intensas del director mexicano

Luis Pablo Beauregard 

Alfonso Cuarón ha vuelto al origen. A lo largo de su obra ha explorado mundos y géneros muy variados. De la fantasía de Harry Potter, la ciencia ficción de Hijos del hombre, el thriller extraterrestre de Gravity y comedias de la clase media mexicana como Solo con tu pareja e Y tu mamá también.

Roma parece ser el resultado obligado del tránsito por esa filmografía. Y por ello ocupa uno de sus lugares más nobles dentro de esta. Es una de sus películas más intensas emocionalmente y técnicamente más compleja.

Cuarón volvió a México para rodar una película en blanco y negro y sin actores conocidos. Lo hizo después de haber ganado dos premios Oscar y cuando muchos preguntaron qué dirección tomaría. Y apuntó adonde le señaló la memoria. El director admite que buena parte de lo que está en pantalla en Roma proviene de sus recuerdos de infancia en el México de principios de los 70: la calle donde creció, el cine al que acudía e incluso una hacienda que visitó junto a su familia a las afueras de la capital.

El retrato del derrumbe del matrimonio de Sofía (Marina de Tavira) y su esposo, un médico, pasa a un segundo plano para centrarse en la historia de Cleo (Yalitzia Aparicio), una mujer indígena que se dedica al servicio junto con Adela (Nancy García) y quienes son las principales responsables de los cuatro niños de la casa.

Cleo es la primera en levantarse por las mañanas para despertar a los niños para ir a la escuela y la última en irse a la cama después de lavar los platos mientras sus patrones desgastan su relación con discusiones a puerta cerrada.

Esto permite hacer a Cuarón un comparativo de lo que ha cambiado. La Ciudad de México que conoció ya no existe, fue transformada por la voracidad inmobiliaria y los terremotos. Pero lo que permanece intacto a lo largo de todos estos años son las relaciones de poder entre los mexicanos blancos y morenos. Estos abusos de clase y raza se han normalizado de tanto repetirse.

Este racismo está presente en la escena donde la familia visita una hacienda para despedir el año 1970. Mientras los patrones bailan y beben en la sala, la servidumbre lo hace en el piso subterráneo. Hay whisky y licores importados en el primer nivel. Mezcal y pulque abajo, en la parranda popular.

En otra escena, Cleo va a buscar a su ex-amante a un pueblo del Estado de México. Al bajar del camión encuentra en aquel muladar lleno de charcos y lodo un mitin político donde los candidatos a presidente y gobernador prometen a los pobladores que conocerán pronto el progreso siempre y cuando voten por ellos.

En México suele preguntarse qué pasaría si los exitosos directores de cine que han triunfado en el extranjero volvieran a su país a hacer cine. Alfonso Cuarón ha respondido con contundencia a esa pregunta con Roma. En una película que tiene una sencilla apariencia indie hay detrás la complejidad de una superproducción.

El set más grande de la carrera de Cuarón fue este y la mezcla de sonido de esta película urbana fue más difícil que la de Gravity. Si Roma ha sido llamada una obra maestra en el Festival de Venecia, donde se estrenó, es porque es una producción realizada en la etapa de madurez de un artista que tiene un extraordinario dominio de las herramientas para contar una historia. Cuarón ha hecho su Amarcord. Para ello fue necesario que volviera a casa.

Vía El País

¡Comparte ahora!