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La cantante de 17 años estrenó ‘Tijeras’, una crítica al machismo en Perú, pero también un homenaje trapero a las culturas indígenas andinas.

La artista peruana Renata Flores no ha dejado nunca de hacerse esta pregunta. ¿Quién soy? ¿Quién es? Y la pregunta siempre se la formula en quechua, su lengua natal. En torno a esto gira toda su obra artística que propone una actualización pop del folclore y la lengua andina. Palabras, imágenes y ropas que, poco a poco, están cayendo en el olvido y desuso más absoluto. Sobre todo entre la gente joven.

Flores es una anomalía. Una bellísima excepción en Perú y en Latinoamérica. Con 17 años, su propuesta musical mezcla todos los universos que coexisten en ella. Aros y crop tops y jeans con arpas y túnicas y plumas incas. Alicia Keys y Michael Jackson y los edificios en ruinas de Wari de la época precolombina. Trap y música tradicional. Un pasado y futuro que exhibe con acierto en la canción y el vídeo “Mirando la misma luna” (Qawachkanchik chay Killallata).

Su tema más reciente y trapero, Tijeras, es un alegato claro contra las violencias machistas y los feminicidios en un país en el que solo entre enero y abril de este 2018 se registraron más de 40 asesinatos, según el Ministerio de Mujer y Poblaciones Vulnerables (Mimp). Y la cifra va en aumento.

Creadoras tan politizadas y jóvenes como Flores son el síntoma de ese pulso que ya parece imparable. Flores canta así, y no podemos hacer más que venerarla:

No tengas miedo de hablar

Mírame

Ahora soy más fuerte

Ya no tengo miedo

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