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Luego de que un escalofriante informe del gran jurado de Pensilvania revelara más de mil abusos a niños por parte de sacerdotes de la Iglesia Católica durante siete décadas, El Vaticano decidió guardar silencio, una vez más. Después de dos días sin respuestas, el Papa publicó una carta en la que condena la pedofilia dentro su institución, sin embargo, la última investigación en Estado Unidos demuestra que pese a conocer muchos de estos casos, siempre se mostraron tolerantes.

La investigación de Pensilvania, que relata los abusos sexuales a más de 1.000 menores por más de 300 religiosos durante siete décadas, revela que desde al menos 1963 el Vaticano conocía algunos de esos casos y que se mostró tolerante, aunque es imposible saber si estaba al tanto de todos los detalles. Tras dos días de silencio, la Santa Sede mostró el jueves “su vergüenza” por los abusos “criminales” en Estados Unidos y señaló que “deberían asumirse responsabilidades”.

El documento, de más de 1.300 páginas, identifica a más de 1.000 menores que fueron abusados o violados por parte de 300 supuestos “sacerdotes depredadores” desde 1940, si bien se cree que el número real de víctimas puede ser mucho mayor. El informe detalla cómo la iglesia “encubrió sistemáticamente” lo ocurrido durante más de 70 años. Muchos de los casos ya han prescrito.

La palabra Vaticano aparece 45 veces en el escalofriante informe del gran jurado de Pensilvania, que destapa una maquinaria de silencio y encubrimiento ante los excesos de los curas. La Congregación para la Doctrina de la Fe, el órgano encargado de salvaguardar la correcta doctrina de la Iglesia católica, es mencionada 14 veces, y la Santa Sede, 11. Según se desprende del documento de 1.356 páginas, Roma fue informada en repetidas ocasiones tanto de las agresiones sexuales como del hecho de que la Iglesia estadounidense estaba encubriendo a curas pederastas.

El Papa con el cardenal Wuerl, acusado de encubrir casos de pedofilia en Estados Unidos. Foto: David Goldman/AP

Dos días después de su publicación, la Santa Sede aseguró que el papa Francisco estaba del lado de las víctimas y este lunes el Vaticano publicó la carta del pontífice en su página web. Pese a la firmeza de la misiva de Francisco, el Papa no especifica las medidas que la iglesia está emprendiendo o emprenderá para erradicar el problema, si bien insta a apoyar “todas las mediaciones judiciales” que sean necesarias.

En la carta, el Papa insta a todos los miembros de la iglesia a “denunciar todo aquello que ponga en peligro la integridad de cualquier persona”, les invita a la “oración y el ayuno” y pide “solidaridad”.

“Solidaridad que reclama luchar contra todo tipo de corrupción, especialmente la espiritual, «porque se trata de una ceguera cómoda y autosuficiente donde todo termina pareciendo lícito: el engaño, la calumnia, el egoísmo y tantas formas sutiles de autorreferencialidad, ya que “el mismo Satanás se disfraza de ángel de luz (2 Co 11,14)”» (Exhort. ap. Gaudete et exsultate, 165)”, escribe en la misiva.

Al desvelar el martes los hallazgos de la investigación, el fiscal general de Pensilvania, Josh Shapiro, advirtió de que los patrones de encubrimiento “se alargan en algunos casos hasta el Vaticano”. La primera vez que aparece mencionado el Vaticano en el informe es en 1963 y la última en 2015, cuando el papa Francisco ya estaba al frente de la máxima institución del catolicismo y se habían prometido reformas contra los abusos.

En el caso de 2015, el Vaticano dio luz verde a una petición de apartar a un cura acusado de un delito de pornografía infantil. Un año antes, sin embargo, no puso en apariencia reparos a la decisión de la diócesis de Allentown de no apartar del sacerdocio a un religioso que, en los años ochenta, había tocado los genitales de un chico de 13 años.

El primer caso que conoció el Vaticano hace más de medio siglo concierne al cura Raymond Lukac, de la diócesis de Greensburg. En 1963, Lukac acumulaba al menos tres quejas conocidas de abusos sexuales y varias sobre trato inapropiado a menores en poblaciones distintas pese a haber prometido mejorar su conducta. Había tenido una relación con un organista de 18 años, se había casado siendo cura y había tenido un hijo con una chica que conoció cuando ella tenía 17, además de abusar de otra niña de 11 años.

Las técnicas usadas por los obispos de Pensilvania para acallar las voces críticas y las denuncias de afectados y familiares incluían el alejamiento de los curas pedófilos, su “secularización”, excedencias y tratamientos en centros de salud mental, entre otras cosas. Según el gran jurado, el Vaticano estuvo en contacto con varios obispos de Pensilvania y recibió información sobre los casos de abusos, pero el informe no siempre detalla qué repercusiones tuvieron estas comunicaciones. En 1988, por ejemplo, una mujer envió una carta a la diócesis de Pittsburgh y al Vaticano para pedir ayuda ante el abusador de su hijo, y nunca recibió respuesta.

El caso de Estados Unidos se produce después del escándalo destapado este mismo año en Chile, por el caso del obispo chileno Juan Barros, acusado de encubrir abusos sexuales.

Con información de El País y BBC

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