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Un choquito decapitado y con la cara hecha puts. Es 1993 y aparece ‘Matando Güeros’, el LP grind narco satánico que marcaría brutalmente el extreme metal en español.

Uno no ve cabezas decapitadas todos los días. Y sin embargo ahí estaba, colgando contra una tela blanca, sostenida por una mano anónima para la inolvidable portada del álbum debut de 1993 de Brujeria, Matando Güeros. Los responsables de este acto profano parecían ser los miembros de una pandilla mexicana de narcotráfico que practicaban el satanismo, y que además tocaban metal del más extremo.

Por supuesto, nada de eso fue cierto, pero como explicó uno de sus fundadores, el exguitarrista Dino Cazares, se trataba de más que un engaño. “No era una caricatura de Cannibal Corpse en una portada”, dijo. “Había realismo; temas reales, historias reales, fotos reales”.

Escuchar Matando Güeros en 1993 y empaparse de todo lo que representaba su portada se sentía como si uno se encontrara con algo verdaderamente ilegal, como descubrir la existencia de una secta que le hace culto a la muerte operando en el sur —e incluso hasta en el norte— de la frontera que separa a México de Estados Unidos.

El periódico ¡Alarma! proveyó a Brujería con imágenes perturbadoras para hacer de Matando Güeros un álbum inolvidable. El desafortunado caballero con rostro desfigurado que sale en la portada, muerte al parecer, por un negocio de drogas que no salió como debía. “Amarraron a este tipo, lo tiraron a las vías del tren, fue arrollado, decapitado y sus piernas fueron cortadas”, explicó Cazares. La brutalidad de la fotografía hizo que él tuviese que contactar al tabloide, que respondió diciendo que mandaría las imágenes por 250 dólares.

Invocando a los brujos

Los orígenes de Brujería fueron, más bien, una mezcla razonable de convenciones con un toque macabro. Entre mediados y finales  de los 80, antes de su proyecto más exitoso, Fear Factory, Cazares no era más que otro músico de Los Ángeles. Gracias a Jim Martin, guitarrista de Faith No More, conoció al bajista de la banda, Billy Gould, quien a su vez le presentó al vocalista John Lepe.

 En una temporada navideña, mientras pasaban el rato en los estudios de KXLU con Pat Hoed, Cazares y sus amigos se encontraron con un periódico mexicano que decía en su titular BRUJERíA. El artículo, escrito todo en español, contaba la historia del narcotraficante Adolfo Constanzo y su cartel de devoción satánica, que con sacrificios humanos al ángel caído protegían sus operativos ilegales de los federales.

“Cuando [Constanzo] era niño, su madre practicaba santería: magia blanca”, explicó Cazares. “A medida que fue creciendo e involucrándose con las personas equivocadas dijo, a la mierda eso, hagamos brujería“.

Con fascinación y una influencia inmediata de ese terrible relato, Cazares (Asesino), Gould (Güero Sin Fe), Hoed (Fantasma), y Lepe (Juan Brujo) decidieron formar Brujería en esa coyuntura.

Todos los elementos espeluznantes y abominables de una banda de extreme metal estaban ahí: drogas, secuestro, asesinatos rituales y, sobre todo, satanismo. Sin embargo, la agenda del grupo creció a algo más grande, como dijo Cazares, que la simple explotación de temas controversiales.

“La mejor manera de describirlo era como políticas de fronteras”, dijo. “Sé que todo es brutal y siniestro y hardcore, pero con el tiempo se convirtió un poco en un mensaje positivo”. Brujería no solo tomó temas prestados del crimen de Constanzo, sino de temas contemporáneos de sentimientos antimexicanos y racismo, particularmente en el estado en el que vivía.

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